Música en el 2012

Las mil cuerdas de una Isla

Abel Sánchez • La Habana, Cuba

Parece fácil. Cualquiera pensaría que hablar de música en una Isla como esta —donde uno la escucha lo mismo en un parque, que en una esquina o dentro de una guagua— es pan comido. Pero yo no estaría tan seguro pues, precisamente por eso, uno ni siquiera sabe por dónde empezar. Tomemos en cuenta que en el año que recién acaba hubo un Grammy Latino, un Festival de Música de Cámara; vinieron Fito Páez, Julieta Venegas, Zucchero, y, por si fuera poco, Cuba se convirtió en la Isla de las mil cuerdas.

Imagen: La Jiribilla
Concierto de Fito Páez en el Teatro Karl Marx

 

Por eso, si tuviese que mencionar un protagonista en este 2012, no pudiera ser otro que la guitarra. Veamos a Eliades Ochoa, por ejemplo, quien con una de esas ganó el segundo Grammy de su carrera. Aunque ya había sostenido un gramófono en otra ocasión, como integrante del Buena Vista Social Club, este fue su primer reconocimiento en la edición latina. Al conocer la noticia Ochoa dijo que, más que todo, el premio era un estímulo para la música cubana y el son tradicional.

El disco Un bolero para ti —premiado en la categoría de Mejor álbum de música tradicional tropical— fue grabado en Santiago de Cuba dentro de los Estudios Siboney del sello EGREM. Las sesiones estuvieron a cargo del propio Ochoa, quien, entre los 15 temas que contiene el fonograma, incluyó cuatro compuestos por él.

Además de Eliades, fueron cinco los cubanos nominados a la décimo tercera edición de los Grammy Latinos: el maestro Leo Brouwer, los Van Van, el Quinteto Criollo de Villa Clara, el guitarrista Manuel Galbán y el joven músico Elaín Morales.

Precisamente uno de ellos, el maestro Leo Brouwer —ahí tienen, otro guitarrista—, organizó en el mes de octubre el Festival que lleva su nombre. El IV Festival de Música de Cámara Leo Brouwer, cuya divisa fue “Un maridaje perfecto de músicas inteligentes”, fue exactamente eso. Y la perfección de ese maridaje radicó en que supieron acoplarse todas esas sonoridades de cuello alto, sin caer en los lugares comunes que suelen asociarse a esa música.

Imagen: La Jiribilla
IV Festival de Música de Cámara Leo Brouwer

 

Los conciertos fueron —y no creo que haya un calificativo más exacto— espectaculares. Allí, sobre el escenario, pudimos ver a las hermanas Labèque golpeando sus pianos frenéticamente, al bosnio Edin Karamazov haciendo cantar al laúd y la guitarra o al italiano Marco Lo Russo convirtiendo su acordeón en un show muy parecido al de una guitarra de rock n’ roll. También se escucharon las cuerdas del bandurrista español Pedro Chamorro y el guitarrista flamenco, nacido en Cuba, Josué Tacoronte.

Sin embargo, el elenco de lujo no solo vino de fuera, también pudimos escuchar a Ernán López-Nussa, Enrique Pla, Javier Zalba, Jorge Reyes, Niurka González, Gastón Joya o las guitarras de Sonantas Habaneras, dirigidas por el maestro Jesús Ortega. O sea, que en el Festival hubo de todo, menos aburrimiento.

Pero si de guitarras y cuerdas se trata, sería imprescindible mencionar la XVI Feria Internacional Cubadisco 2012, dedicada a ese instrumento, cuyo sonido limpio y agudo es la misma esencia de la música cubana. En esta última edición se intentó rescatar, particularmente, el concepto de guitarra acompañante, a través de encuentros como el Concurso Nacional de Guitarra Acompañante de la Voz o el Simposio Internacional “La guitarra en la Isla de las mil cuerdas”. Además, se rindió homenaje a Francisco Repilado (Compay Segundo), inventor del armónico —cruce entre la guitarra y el tres—; y a dos grandes de la guitarra clásica y popular: Ñico Rojas y Vicente González-Rubiera (Guyún).

Por su parte, la 28 edición del Festival Internacional Jazz Plaza, celebrado casi al terminar el año, tuvo por lema —faltaría más—: “El jazz en todas las cuerdas”. El concierto inaugural estuvo a cargo del maestro Chucho Valdés, quien invitó a Roberta Gambarini y Roy Hargrove. A lo largo de los cuatro días que duró el Festival, también pudieron escucharse las florituras e improvisaciones de reconocidos jazzistas como Arturo O’Farrill, Jimmy Sommers, Tumediso Kagiso Loeto, Will Campa, Lázaro Valdés, Harold López-Nussa o Miguelito Núñez.

Esto ocurrió en las noches, porque el jazz solo puede tocarse a esa hora y a media luz, pero durante el día tuvo lugar el VIII Coloquio Internacional de Jazz, con conferencias teóricas, presentaciones de discos y clases magistrales, impartidas por conferencistas de lujo como Jorge Reyes, Bobby Carcassés o Pancho Amat.

También armado con una guitarra —no sé ustedes, pero estoy por pensar que es la misma— y una armónica, asaltó Santiago Feliú la Casa de las Américas. Poco importó la lluvia, apenas fueron rasgados los primeros acordes en la mítica Sala Che Guevara y el espacio Casa Trovada a punto estuvo de dejar de serlo, pues ya no quedaba sitio. Esa noche, Santi celebró sus 50 años con un concierto que, más que concierto, fue descarga, encuentro entre amigos —muy parecido al que había tenido lugar en el mismo sitio tiempo atrás, cuando tocaron Carlos Varela y Gerardo Alfonso, y fue presentado el libro Trovadores de la herejía, de Bladimir Zamora y Fidel Díaz, en el contexto de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Justo un encuentro entre amigos, varios meses más tarde, volvería a colocar a Santiago Feliú en un escenario. Aunque esta vez no llevaba guitarra —simplemente su voz rasposa de dientes hacia afuera— y lo acompañaba un piano, sobre este, las manos del mismísimo Fito Páez.

Fito vino a La Habana, coincidiendo con el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, para lanzar su DVD El amor después del amor, 20 años. El mismo recoge un concierto de más de una hora realizado en Buenos Aires para celebrar las dos décadas de su disco El amor después del amor, el más vendido en la historia del rock argentino. Tras la presentación del audiovisual, Fito tocó para su Habana y allí, ante esa luna de los pobres siempre abierta, ofreció su corazón. Además de Santiago, junto con él tocaron el pianista Robertico Carcassés y el cantautor italiano Zucchero.

Este último ya hacía un tiempo que estaba en Cuba, había venido a presentar su disco La sesión cubana. Un álbum grabado en la Isla en julio pasado con músicos italianos y cubanos, entre los que valdría la pena mencionar a Elmer Ferrer, Pucho López, Horacio (El Negro) Hernández, José Luis Quintana (Changuito) y Jorge Reyes.

Luego, Zucchero ofrecería un concierto, a terreno lleno, en las áreas que rodean el Instituto Superior de Arte (ISA). Los más de 20 mil espectadores pudieron escuchar varios temas incluidos en La sesión cubana, como: “Nena”, “Baila (Sexy Thing)”, “Cuba Libre” y una versión en italiano de la “Guantanamera”. También subieron al escenario Buena Fe, Pedrito Calvo, Laritza Bacallao, David Blanco y el maestro Frank Fernández, quien tocó una versión del “Ave María” al piano.

Imagen: La Jiribilla
Zucchero en concierto en el ISA

 

Otros que llenaron espacios —guitarras en mano igualmente— fueron los integrantes de Habana Abierta, quienes tras una larga temporada sin tocar aquí se reencontraron con su público de siempre, el de la Isla, en el mítico Salón Rosado de la Tropical. Vanito Brown, Alejandro Gutiérrez, José Luis Medina y Luis Alberto Barbería, interpretaron los mismos temas de hace nueve años, junto con otros de su última producción: Uno, dos, tres, cuatro (2011). Durante el concierto grabaron oficialmente “Habana a todo color”, una canción incluida en una maqueta que nunca llegó a grabarse y que, sin embargo, la mayoría de los habaneros tararea.

Alguien que también volvió a conectarse con su público de La Habana, uno de los primeros en corear sus canciones, fue Julieta Venegas. La mexicana vino a finales de año a ofrecer un concierto en el Teatro Nacional como parte de la Jornada Cubana por la No Violencia contra las Mujeres y las Niñas. Venegas también es integrante de la Campaña Únete de las Naciones Unidas y forma parte de la iniciativa Mujeres Contracorriente, que lidera la cantante Rochy Ameneiro, para promover una cultura de paz desde las artes.

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Julieta Venegas en concierto en el Teatro Nacional

 

Pero si hablamos de paz, no pudiera dejar de mencionar la segunda edición del Festival Peace & Love, que tuvo lugar en San Carlos de la Cabaña. Durante dos noches X Alfonso y sus amigos de la Fábrica de Arte Cubano, así como numerosos músicos invitados, cubanos y extranjeros, convirtieron una fortaleza militar en un espacio para la paz y el amor, al más puro estilo de los festivales de Woodstock o Monterrey.

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Festival Peace & Love

 

Y como este es un trabajo sobre todo de cuerdas, especialmente de las de guitarra, no puedo dejar de mencionar la gira de Silvio Rodríguez por Argentina —con escalas en la ciudad de Santa Fe y en las capitales de Uruguay y Chile—. Silvio tocó en el Luna Park ante ocho mil personas, quienes corearon temas clásicos como “Rabo de nube”, “La gota de rocío”, “Me acosa el carapálida” y, por supuesto, “El Necio”; junto con canciones de su último disco: Segunda Cita.

Imagen: La Jiribilla
Silvio Rodríguez de gira por Argentina

 

También con las cuerdas tuvo que ver el homenaje que le rindieron el ICAIC y la Cinemateca de Cuba al Grupo de Experimentación Sonora. Allí, en la Cinemateca, inauguraron una exposición fotográfica con imágenes de aquellas interminables sesiones de trabajo, estrenaron el documental ¡Cuba va!, de Felix Greene, y propiciaron un conversatorio con varios de los integrantes del Grupo. De no habernos abandonado físicamente a principios de año, Sara González definitivamente hubiese estado entre ellos.

Además de Sara, también nos dejaron el clarinetista, saxofonista, guitarrista, tecladista, músico, Pucho López, y el rumbero Gregorio Hernández Ríos, o mejor, el Goyo.

Precisamente por él, aunque comencé hablando de las cuerdas, no voy a terminar con ellas. Pues, a pesar de que esta es una Isla surcada por cientos, miles de cuerdas, en su raíz musical también hay un género que solo necesita un cajón y un buen par de brazos, nada más. Y justo este año, tan lleno de acordes y arpegios, se acordaron de él y lo declararon patrimonio cultural. Obvio, se trata de la rumba, esa que es eterna, porque nació en un barracón, mezclada con sudor, tabaco y aguardiente de caña.

Esto ocurrió en las noches, porque el jazz solo puede tocarse a esa hora y a media luz, pero durante el día tuvo lugar el VIII Coloquio Internacional de Jazz, con conferencias teóricas, presentaciones de discos y clases magistrales, impartidas por conferencistas de lujo como Jorge Reyes, Bobby Carcassés o Pancho Amat.

Aunque comencé hablando de las cuerdas, en especial de aquellas seis que se tensan sobre el brazo de una guitarra; no voy a terminar con ellas. Pues, a pesar de que esta es una Isla surcada por cientos, miles de cuerdas, en su raíz musical también hay un género que solo necesita un cajón y un buen par de brazos, nada más. Y justo este año, tan lleno de acordes y arpegios, se acordaron de él y lo declararon patrimonio cultural. Obvio, se trata de la rumba, esa que es eterna, porque nació en un barracón, mezclada con sudor, tabaco y aguardiente de caña.

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