Las semanas de teatro

Zoila Sablón • La Habana, Cuba

Desde hace algunos años es costumbre celebrar semanas de teatro, como el ICAIC, por ejemplo, ha hecho siempre con el cine de un país. Ahora mismo está promocionando la Semana de cine rumano. Gracias a iniciativas como esas, que se complementan con un panorama en cada Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, nos ponemos al día con la producción cinematográfica internacional. Sin duda, refrescan la cartelera de la ciudad y la rutina cultural.

En cambio, las semanas de teatro dedicadas a otros países no son ciertamente como las enfocadas en el cine. A diferencia de este, de más facilidad para su proyección y transportación, el teatro requiere de la presencia de sus hacedores, de exigencias de producción, traslado de escenografía, etc., lo que vuelve todo más complejo y dificultoso. De manera que intentando vencer esos obstáculos ineludibles y revirtiendo la perspectiva y la naturaleza de esos encuentros, sus organizadores apelan a otras formas de interacción con el público. En la mayoría de los casos, y se hace evidente desde hace un tiempo para acá, esas acciones se han convertido en espacios creativos y seductores que marcan la diferencia con lo que habitualmente aparece en cartelera.

Organizadas por la Casa Editorial Tablas-Alarcos, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el liderazgo y empuje del dramaturgo Reinaldo Montero con la activa y decisiva participación de las Embajadas de esos países en Cuba, las semanas cambian el perfil, solo por unos días, y le dan una cierta coherencia a un segmento de la programación habanera, en ocasiones tan dispareja en sus propuestas. Esos acercamientos han traído a escena autores alemanes, polacos, españoles en menor medida, franceses y más recientemente noruegos. Sin dudas, la más sistemática en la cartelera teatral ha sido la alemana.

Durante esos días, se establece un diálogo escénico con el país de procedencia, se convocan a lecturas de la dramaturgia actual, antes y durante la celebración del encuentro, algunas de esas piezas son llevadas a las tablas por grupos emblemáticos cubanos, se publican autores de gran impacto y actualidad en el repertorio de esa nación, visitan la Isla con ese propósito notables directores, editores, críticos, gestores, dramaturgos, protagonistas de la escena nacional, y, por último, mueve e identifica a un sector de la audiencia.

Es imposible negar lo provechoso de estas acciones para el teatro cubano. Lo que no quiere decir, y esto ha quedado claro en el propio devenir de trabajo de los grupos, que la mirada de los directores habaneros implicados en estas jornadas apunten hacia ese único blanco. La cargadísima hoja de trabajo de esos colectivos sigue llevando el peso de una dramaturgia cruzada con textos actuales y canónicos, cubanos y de extranjeros, piezas de autor, creaciones colectivas o reescrituras y palimpsestos, como es, supongo, en la mayoría del mundo.

Además de proveer de nuevos textos, formas, historias y personajes al teatro cubano desde nuestra perspectiva, haciendo una lectura útil y funcional, estas semanas ponen en debate igualmente la vitalidad de un segmento imprescindible de la escena habanera. La provechosa confrontación con otras experiencias de vida, de producción y organización culturales, con diversas maneras de representación y estrategias del lenguaje, igualmente enriquece, confirma y abre la visión sobre nuestro propio teatro, su tradición —retroalimentada por obvia necesidad de esas influencias— y su presente.

Perros que nunca ladraron, el más reciente montaje de Rogelio Orizondo, visto en la última Semana de Teatro Alemán, pone al descubierto, aprehensiones y descartes en el toma y daca que ha sido su experiencia con la cultura y sociedad alemanas. Nada más distante hoy de nuestro país que la potencia europea. Su juego reside, justamente, en esa subversión y superposición de imágenes y sentidos.

No desestimemos el impacto que hacia el interior de nuestra escena han logrado las lecturas críticas y las nada pasivas interacciones con esos textos. En el ejercicio de escudriñar en la hondura de ellos, muchos de los montajes —unos más felices que otros— nos devuelven a nosotros mismos en nuestros conflictos, deseos, sueños y urgencias, como sucede, igualmente, con cualquier obra teatral no importa su origen. La vuelta a El dragón de oro, de Teatro de la Luna, nos ubica firmemente en la inmediatez cubana.

Llamo la atención, sin embargo, en el acento endogámico del público. Somos más o menos los mismos, venimos más o menos de los mismos lugares, casi todos nos conocemos. Por lo tanto, se convierte en una especie de face to facebook. Gozoso para una, pero a sabiendas que hay un público que también podría o/y debería estar ahí. ¿Qué pasa con él y dónde está? Lo desconozco. Quizá en la misma medida que se generan estas nuevas formas de “representar” el hecho teatral, también se deban conformar otras vías de promoción interesantes e igualmente seductoras.  

Hace apenas un mes concluyó la Semana de Teatro Alemán, una costumbre que toca a la puerta cada dos años y que ya es esperada por los habituales. Dentro de unos días, arranca Espacios Ibsen. Jornadas de Teatro Cubano-Noruego, del 20 al 25 de noviembre próximos.

Aunque la iniciativa no parte esta vez de organizadores cubanos, sino del Embajador del Reino de Noruega en Cuba, excelentísimo Señor John Petter Opdahl, sí entronca perfectamente con esta línea de trabajo. Por lo tanto, Espacios Ibsen, dedicados por entero a la monumental obra del dramaturgo nórdico, complementa los anteriores diálogos. Aunque vale decir que hace unos meses atrás otro noruego pero del siglo XXI, Jon Fosse, entró a las tablas habaneras de la mano de Orizondo, Juan Carlos Cremata, William Ruíz y Amarilys Pérez Vera.

En conferencia de prensa celebrada recientemente, encabezada por su coordinador general, el crítico y director William Ruíz, de la hornada de los novísimos, se recordó montajes de piezas del autor de Casa de muñecas en la Isla. El dramaturgo e investigador Norge Espinosa, a cargo del apartado Ibsen en Cuba, mencionó los acercamientos, por ejemplo, del grupo Los Doce, Estorino y René Fernández a textos ibsenianos, y Stockman, un enemigo del pueblo, el más reciente Ibsen en escena cubana por Carlos Celdrán y Argos Teatro. Adelantó, al final, sobre su futuro trabajo en torno a Peer Gynt con Teatro El Público.

Ruíz, ganador junto a Yohayna Hernández de las Becas Ibsen Internacionales 2012, detalló el programa de esta primera experiencia que tendrá tres zonas fundamentales: Universo Ibsen responde a una sección teórica con conferencias, conversatorios y paneles sobre la obra del noruego; Zona Ibsen mostrará acercamientos experimentales a la producción ibseniana desde una perspectiva de integración de las artes; y Escena Ibsen contentiva de un panorama de puestas en escena.

Sobre esto último, se incluye un montaje fruto de la experiencia del grupo Apropos Teater-Bergen Byspill y una actriz cubana. Podrá apreciarse también por la parte cubana, el acercamiento de Raúl Martín a La dama del mar y del joven colectivo pinareño Polizonte, a El pato salvaje. La versión coreográfica El mar por la compañía noruega Ingun Bjørnsgaard Prosjekt se suma a esta muestra.

La Zona Ibsen invita  a la Casona de Línea, desde el miércoles 21 a las 8:30 pm. a ejercicios teatrales. El jueves 22, a las siete, cuatro proyectos  convocan a relacionarnos con aproximaciones más experimentales que parten de Ibsen. El viernes 23 a las seis, la última estación de Zona Ibsen propone la lectura dramatizada de Solness, el constructor, a cargo de Ruíz junto a la presentación del video La defensa de Solness, de Léster Álvarez.

Otros espacios de interacción y conocimiento de la vasta obra de Ibsen se celebrarán durante esos días. Algunos de ellos con marcado énfasis en temas recurrentes de su producción como los tocantes directamente a lo social y al género, este último será discutido durante la mañana del miércoles 21 en la Raquel Revuelta.

La Casona de Línea y su sala Adolfo Llauradó, el Complejo Cultural Raquel Revuelta, el Teatro Trianón, puntos sucesivos que conforman Línea, serán las sedes de estas jornadas, abiertas desde el martes 20 a las seis de la tarde en la Casona. Bienvenido un poco de aire nórdico en este invierno tropical.

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