Lengua y béisbol en Cuba

Lydia Castro • La Habana, Cuba
Ilustración: Edel (El Mola)

El deporte es uno de los fenómenos culturales de mayor atracción social y con mayor protagonismo en la industria de la información. Numerosos periódicos especializados, páginas enteras y secciones dedicadas al deporte en la prensa general, cadenas de televisión deportiva y una programación en la radio y en la televisión en continuo incremento dan fe de su notable presencia mediática y su gran difusión social. Por la importancia que ha adquirido en las sociedades modernas y su influencia en las costumbres, comportamientos sociales y formas de expresión, se ha convertido en objeto de estudio científico de diversas áreas de conocimiento, tales como la sociología, las ciencias de la comunicación y la lingüística. Así, en los últimos años se ha generado una amplia bibliografía sobre las implicaciones culturales y sociales del deporte, las características de este género periodístico tan atractivo para la audiencia y su repercusión idiomática, por citar algunos de los ejes temáticos alrededor de los cuales se nuclean los diferentes estudios.

Imagen: La Jiribilla

En el campo de los estudios lingüísticos el interés por el deporte se ha centrado en particularidades de su vocabulario técnico, tales como la variación denominativa, la creatividad léxica, la presencia de extranjerismos, entre otras; y, también, en el fenómeno de propagación de esta terminología a otras áreas temáticas y al habla común, motivado en gran medida, por el papel de los medios. Así, algunos trabajos se dedican, precisamente, a estudiar la presencia de metáforas deportivas en áreas informativas de carácter político, cultural y social.

La democratización del saber que impone la actual sociedad de la información ha contribuido de manera notable a difundir la terminología de numerosas esferas científicas y actividades profesionales. Así vocablos propios de la informática, la medicina, la economía, por citar algunas áreas, que en un primer momento eran del conocimiento y comprensión de un reducido número de personas, los técnicos y los especialistas, gracias a la divulgación de los medios, han pasado a ser conocidos y usados por un gran número de hablantes. Una de las áreas que mayor divulgación experimenta es, sin duda, el deporte, que como fenómeno de masas, ha ganado un lugar protagónico en la industria de la comunicación, lo que se traduce en una amplia difusión y generalización de su terminología y en la aparición de nuevos sentidos y expresiones en el habla común.

Según el lingüista español Manuel Alvar Ezquerra —en su artículo “El deporte y los términos deportivos”—, este es uno de los motivos por los que el estudio del léxico del deporte resulta, a la vez, atractivo y complicado. “Es atractivo por la cantidad de voces que se utilizan, por la creatividad continua que se produce, especialmente en la prensa, por el afán de notoriedad, o, al menos, de originalidad de los periodistas. Por ello mismo, su estudio resulta complicado, ya que se encuentra en continuo cambio y actualización, por lo que son numerosas las alteraciones semánticas de todo tipo, las imágenes que producen, tanto más abundantes cuanto más popular es el deporte”1.

En Cuba, es el béisbol el deporte más popular, el que mayor cobertura tiene en los medios y, por tanto, el que mayor impronta idiomática ha tenido en la lengua que se habla en la Isla. A propósito de este rol protagónico el comentarista deportivo Modesto Agüero expresó en una entrevista televisiva en el año 2002: “El béisbol es el pan nuestro de cada día, es el arroz blanco en una comida cubana, es lo que la gente habla en la calle”. El arraigo popular del béisbol se verifica en la práctica y la afición al deporte nacional que existe de manera generalizada en todas las regiones del país, en el entusiasmo de los aficionados, en los debates que genera, en la referencia al juego de pelota en la literatura cubana y en letras de canciones populares, y también, en la presencia de buena parte de su terminología en el habla cotidiana. En efecto, el léxico propio de este deporte, como ningún otro, está en boca de una sociedad y es un elemento distintivo de su identidad.

Es casi imposible que exista un cubano que no haya pronunciado o al menos escuchado alguna vez en su vida expresiones como las siguientes: una bola y dos strikes, foul, doble play, strike cantado, tirándole lo ponchó, dar base por bolas. Su vocabulario técnico no solo se ha generalizado y es muy familiar a los oídos, tanto de aficionados como de no aficionados, sino que ha generado también un amplio repertorio de expresiones metafóricas que trascienden el ámbito beisbolero y nutren a la lengua general de manera enriquecedora. Frases como “coger fuera de base” (sorprender a alguien en algo indebido), “caer de flai” (aparecer de improviso en un lugar), “botar la bola” (acertar en algo o realizar algo inusual o sorprendente), “ser cuarto bate” (comer mucho o hacer algo muy bien), “dar curvas” (evadir un tema, decir mentiras), “complicarse el inning” (enredarse una situación), “esquina caliente”, entre otras, son utilizadas por los cubanos en diversas situaciones cotidianas, resumiendo modos de pensar, creencias y valores. Estas construcciones permean y enriquecen la variedad cubana del español y ponen en evidencia la impronta del deporte nacional en el desarrollo de la lengua.

Una prueba de la significativa dimensión lingüística que alcanza el juego de pelota en Cuba lo constituye el hecho de que su terminología y los fraseologismos derivados de ella estén presentes en diccionarios que dan cuenta del léxico propio de nuestra variedad del español, por ejemplo, el Diccionario del Español de Cuba (publicado en el año 2000)2 o el Diccionario de fraseología cubana (aún inédito). La generalización de la terminología beisbolera no podía pasar por alto a una institución dedicada al estudio de la lengua y la literatura cubanas, el Instituto de Literatura y Lingüística, a la hora de concebir este catálogo de cubanismos que supera en términos deportivos, sobre todo del léxico beisbolero, cualquier otro precedente. Entre los más de cien términos y significados que recoge del ámbito del béisbol se pueden citar average, apagafuegos, box, catcher, catchear, cargabates, carrera, carrera anotada, carrera limpia, carrera empujada, fildear, fly, hit, home, extrainning, deadball, montículo y monticulista, outfield y outfielder, pitcher y pitchear, receptor y receptoría, entre muchos otros. El diccionario registra, además, las expresiones derivadas de muchas de las voces beisboleras que se usan fuera del ámbito de la pelota. Además de las mencionadas anteriormente se pueden leer otras como: “estar en tres y dos”, “cuadrarse en home”, “ser out por regla”, “partir el bate”, “haber movimiento en el bullpen” y “botar la bola”.

Los motivos de esta significativa presencia en el Diccionario del español de Cuba los explica una de sus autoras, la lingüista y lexicógrafa, M. A. Tristá cuando plantea: “la frecuencia de uso, las derivaciones metafóricas de las voces beisboleras y su uso en la creación de fraseologismos han convencido a los autores del diccionario de la conveniencia de incluirlas como pertenecientes a la realidad cubana”3.

Una vez que la terminología beisbolera ha traspasado las fronteras del campo de especialidad en el que surge y se inserta en el habla general o común, participa, con mayor rapidez, de los mecanismos de cambio presentes en el desarrollo de cualquier lengua. Así, algunas expresiones pueden caer en desuso o generar nuevos significados. En una reciente investigación en la que se hicieron entrevistas a hablantes habaneros para indagar sobre el significado que tenían los fraseologismos recogidos en el Diccionario del español de Cuba se pudo observar que algunos mostraban matices significativos diferentes. Por ejemplo, para “partir el bate” que en el diccionario se define como ‘realizar algo inusual o sorprendente’, los entrevistados distinguieron dos matices contrapuestos, uno positivo y otro negativo, de manera que la expresión podía aludir a ‘hacer algo bueno fuera de lo corriente’ o ‘hacer algo malo que afecte a otras personas’. En el caso del verbo “ponchar”, el diccionario registra una única acepción, la de ‘suspender o reprobar a alguien en un examen’, mientras que las encuestas ofrecieron otros nuevos sentidos: ‘no llegar y dejar a alguien con quien se estaba citado esperando’ (significado equivalente al del cubanismo “embarcar”); ‘rechazar una persona a otra que la está enamorando’; ‘ser rechazado para un trabajo’ y ‘romper con alguien con quien se tiene una relación amorosa’. La construcción “ser cuarto bate” se registra en el diccionario con dos acepciones: ‘Destacarse en una disciplina o especialidad determinadas’, ‘Comer mucho o comer bien’; y las entrevistas, además de estas, mostraron estos nuevos sentidos: ‘ser la segunda en una relación amorosa’ y ‘ser un hombre mujeriego’.

Está claro que un diccionario en papel es un documento circunscrito a un espacio temporal determinado y, por tanto, es normal que se desactualice, ya que las lenguas cambian y evolucionan y es en el léxico donde más se notan estas transformaciones. Habría que comprobar si los usos que mostraron las entrevistas están suficientemente arraigados como para considerar su inclusión en un diccionario de cubanismos actual.

Contrariamente a la repercusión que tiene nuestro deporte nacional en la cultura y en uno de sus elementos, la lengua, muy pocos lingüistas se han propuesto su estudio sistemático. Se podrían mencionar, por ejemplo, dos trabajos de la investigadora Aurora Camacho, del Instituto de Literatura y Lingüística, “Algunos sufijos nominales en una muestra de vocabulario deportivo”4 y “Aproximación al léxico deportivo”5 en los que, aunque su objetivo es el análisis del léxico deportivo en general, se abordan algunas particularidades en la formación del vocabulario del beisbol. Cabe destacar de manera especial el trabajo de licenciatura “Estudio léxico-semántico de la jerga beisbolera”, de la estudiante Claudia Chávez Corzo, defendido en la Facultad de Artes y Letras el pasado año, en el que, a partir del marco teórico-conceptual proporcionado por la materia de lexicología y semántica, se emprende un análisis de los diversos mecanismos lingüísticos tanto de naturaleza formal como semántica que intervienen en la formación de vocablos beisboleros recopilados de las páginas deportivas de Granma y Juventud Rebelde y de entrevistas a varios periodistas especializados en la temática.

Esta falta de interés desde el marco de la ciencia del lenguaje se evidencia también hacia el deporte en general, en contraste con lo que sucede en España y otros países de Hispanoamérica. Desde que inicié esta línea de investigación, he podido recopilar una amplia bibliografía sobre la temática que incluye ponencias en diversos congresos de la lengua, artículos de revistas especializadas, tesis doctorales (la mayoría tienen como objeto de estudio el léxico del fútbol), centros de investigación o sitios de Internet dedicados exclusivamente a reflexionar, con rigor científico, sobre la arista idiomática del deporte. La ausencia de trabajos de carácter lingüístico sobre el mundo deportivo cubano y las posibilidades de análisis que ofrece, ha sido una motivación constante para continuar desarrollando esta línea de estudio.

En la bibliografía sobre la temática se documentan también debates y trabajos desarrollados en el marco de las Academias de la lengua o de otros organismos implicados en tareas de planificación lingüística para el mantenimiento de la unidad de la lengua. El foco de atención ha estado en los medios por ser los principales difusores de las tendencias más actuales de la lengua y por el papel que han adquirido como modelos de autoridad idiomática. Desde este marco académico, el lenguaje deportivo ha sido presentado como campo de urgente intervención y vigilancia, sobre todo en lo concerniente a su terminología, que precisa de una sistematización para evitar la propagación de préstamos innecesarios y la disparidad de formas en el proceso de adaptación de estos al español, fenómenos que atentan contra la unidad de la lengua. Por esta razón, la Asociación de Academias de la Lengua Española ha adoptado resoluciones específicas para la variante del deporte que promueven estudios descriptivos sobre los principales rasgos de la lengua en este campo, para, a partir de estos, establecer normativas que combatan la invasión excesiva e innecesaria de extranjerismos, adoptar criterios comunes en la adaptación ortográfica de los que ya están asentados en cada una de las disciplinas y garantizar la unificación de la terminología en el mundo hispanoamericano.

Sus diversas líneas de análisis han promovido la elaboración de repertorios léxicos; diccionarios multilingües, recopilaciones descriptivas de vocabulario técnico, jerga y terminología deportiva (en cada una de las modalidades deportivas), y la formación de libros de estilo u obras de consulta en las redacciones periodísticas y las agencias de prensa con el asesoramiento de la Asociación de Academias de la lengua. Uno de los resultados de esta cooperación entre la Academia y las industrias de la comunicación, es el organismo de vigilancia de uso del español, el Departamento de Español Urgente (DEU) de la Agencia EFE, que desde su fundación hace 11 años desempeña, con el apoyo de la RAE, una labor para dar solución a problemas idiomáticos que surgen en la práctica periodística. Fruto de este trabajo es la publicación del Manual de Español Urgente, libro que ya va por la decimoctava edición y que recoge las advertencias necesarias y convenciones gramaticales y ortográficas para los redactores, en especial, para los que se dedican a temas deportivos. Por ejemplo, predominan las recomendaciones sobre el uso de palabras equivalentes en español para frenar o regular la entrada de extranjerismos innecesarios, así, se recomienda dopaje y antidopaje, no doping o antidoping, entrenamiento y no training, escribir con la grafía correcta penalti, es decir, con i latina y no penalty (su forma en inglés), entre otras. El Departamento de Español Urgente ha publicado, además, glosarios de las diferentes disciplinas deportivas (incluido el béisbol) o guías prácticas de redacción, siempre antes o en el marco de celebración de los Juegos Olímpicos.

Esta labor normativa y descriptiva también ha tenido su reflejo en las últimas ediciones del Diccionario de la Real Academia Española (la de 1992 y la del año 2001, cuya versión en línea se actualiza constantemente) que han incorporado numerosos términos de diferentes disciplinas deportivas o han añadido las acepciones deportivas a vocablos de carácter general ya contemplados. Entre estas incorporaciones se cuentan 25 vocablos o significados relacionados con el béisbol. Por ejemplo se registran: abanicar, base, bateador, blanquear, carrera, diamante, doblete, entrada, episodio, machucón, pelotero, receptor. Aunque las marcas geográficas no se corresponden en todos los casos con la distribución geográfica que en realidad tienen las voces en América (por ejemplo, blanquear tiene marca de uso en Venezuela y Cuba solamente cuando se utilizan en otros países de la región como Honduras, Nicaragua y Puerto Rico; doblete está marcado como propio de Nicaragua y su uso se extiende a otros países caribeños) y se nota un desequilibrio en comparación con el número de vocablos que se recogen del fútbol o el tenis (deportes más populares en la península), esta incorporación constituye una muestra de la evolución institucional respecto al léxico de un deporte tan popular en muchos países americanos.

Las ausencias que se pueden encontrar en el Diccionario académico quedan salvadas en una obra lexicográfica publicada por la Asociación de Academias de la Lengua en 2010, el Diccionario de Americanismos, que como el propio título anuncia, cataloga vocablos y expresiones de uso exclusivo en los países de América. Como es de esperar, no podía faltar en este registro buena parte de la terminología beisbolera y los fraseologismos derivados de ella. Así pues, en su páginas podemos encontrar los términos fly de sacrificio, camarero, extrabase, empujador, hit, jonrón, campo corto, blanqueada, center field, base por bolas, doble play, short stop, dead ball, empujar, entrada, cañonazo, cepillazo, conectar, cuadro, irse en blanco, lechada, fletar, wind up, y expresiones que se usan en el habla cotidiana del cubano con nuevos significados como “bate emergente”, “esquina caliente”, “botar la bola”, “batear en las dos novenas o “batear para 500”. El beisbol y el fútbol son los deportes que mayor representación tienen en la obra. Según los datos expuestos por el filólogo Jesús Castañón en su artículo “El deporte en el Diccionario de Americanismos6 en el que realiza un desglose de los términos registrados por disciplinas deportivas, el número de voces del béisbol es de 452, ligeramente superior a las de fútbol que son 446. El repaso de los términos beisboleros recogidos pone en evidencia uno de los rasgos particulares de esta terminología: la sinonimia. Así, el diccionario registra jonrón y vuelacercas, incogible e inatrapable, base por bolas y boleto; cuadro y diamante, entrada y episodio; intermedista y camarero, jardinero y guardabosque, entre otras variantes sinonímicas. Además, la obra da cuenta de la convivencia de anglicismos con sus equivalentes en español, pitcher-lanzador, inning-entrada; cátcher-receptor, center field-jardín central; y de las variantes gráficas usadas en los diferentes países para algunos de los préstamos del inglés: dogaut, dogout, dougout dogao; fly, flai, flay; hit, jit, cátcher, cácher, quécher, estrái, strike; sior, siol), fenómenos lingüísticos reseñados en los estudios sobre esta terminología.

Por otro lado, no quisiera dejar de mencionar algo que he podido apreciar en la bibliografía sobre la temática, y es que cuando se habla de lenguaje deportivo, prevalece en muchas ocasiones el criterio de que empobrece el vocabulario, sistematiza la entrada de extranjerismos, y se aleja de la norma académica, entre otros señalamientos desfavorables. El filólogo español Jesús Castañón, acaso una de las figuras de mayor autoridad en el tema en el mundo hispanohablante, apunta sobre esto: “El lenguaje periodístico del deporte (…) se halla en una situación que para algunos plantea dudas sobre su responsabilidad especial en el fomento del uso correcto. Se le ha acusado de: difícil asepsia intelectual, excesiva subjetividad, tendencia a la opinión, un uso que se desvía de la norma común, la inflación de extranjerismos y tópicos, la proliferación de terminología bélica y la consideración de un ámbito de torpezas gramaticales e incorrecciones que da patadas a los diccionarios”7.

En efecto, es muy común escuchar hablar sobre las “barbaridades” o “disparates” que dicen los cronistas deportivos por radio o televisión. Una de estas posturas críticas las encabeza el escritor, periodista y director de la agencia de prensa EFE, Alex Grijelmo, quien aseguró que el periodismo deportivo es “el que peor usa el lenguaje dentro de los medios de comunicación”8. En diversos artículos sobre el uso de la lengua en la información deportiva se leen opiniones similares: “Por lo visto, la labor central de la mayoría de los comentaristas es pervertir el lenguaje”9; “¿Cuántas zancadillas recibe el idioma durante un partido de fútbol?10, “conviene aceptar que mucho de lo que a diario se escribe y se habla al respecto constituye un semillero de ofensas innecesarias a esa materia prima que nos da de comer a todos los que vivimos de escribir, y que es la lengua española.”11

La pelota no ha quedado fuera de estos comentarios negativos. El lenguaje utilizado por sus comentaristas ha sido calificado de “jerigonza extravagante” en un artículo publicado por Prensa Latina en el año 2006, en el que su autor, Lisandro Otero, afirma: “Las páginas deportivas rebosan de crónicas sobre las incidencias de los encuentros entre equipos. En muchas actividades humanas se ha desarrollado una jerga especial, una especie de lenguaje para iniciados pero en ninguna otra, como en esta, se ha consolidado una jerigonza ininteligible de tan alto calibre de confusión y complejidad (…) Pero en el caso de la jerga beisbolera existe una voluntad barroca de oscurecer el mensaje, de complicarlo innecesariamente con metáforas y tropos que nublan el entendimiento”.12

Estas opiniones carecen, en su mayoría, de un fundamento objetivo y se apoyan en ejemplos recopilados al azar con el propósito de señalar los usos no canónicos de carácter fónico, morfosintáctico y léxico que en un momento determinado aparecen o que son característicos de un solo hablante. Así se encuentran artículos que se centran en los errores más frecuentes que se dan en los textos periodísticos sobre determinados deportes y, especialmente, en las transmisiones en vivo de los partidos y competencia, se exponen en listas los barbarismos, anomalías, neologismos y extranjerismos encontrados, sin que se ofrezca una metodología objetiva que manifieste cuáles son los parámetros que se tienen en cuenta para esta evaluación, aunque es evidente la referencia a la norma prescriptiva del español. En relación con el comentario desfavorable sobre la jerga beisbolera, es evidente que se obvian los procesos naturales de cambio que tiene el léxico de una lengua. El autor comenta la supuesta falta de claridad en términos que han adquirido un nuevo significado en el vocabulario del béisbol “conectar”, “apagafuegos”, “carreras remolcadas”, entre otras denominaciones que representan el campo conceptual de este deporte. Esto equivale casi a afirmar que el vocablo “memoria” usado en informática para nombrar un dispositivo con una función particular sea poco claro pues no se corresponde con el significado primaria de ‘capacidad para recordar’.

Para valorar el comportamiento de la lengua en cualquier contexto el estudio lingüístico debe partir de un trabajo sistemático de rigor científico y de una metodología particular que pueda dar cuenta de caracterizaciones y generalizaciones más confiables.

He desarrollado buena parte de mi investigación sobre el comportamiento de la lengua del deporte en el marco teórico y metodológico del Proyecto Difusión Internacional del Español en los Medios (DIES-M), que coordina el lingüista mexicano Raúl Ávila desde El Colegio de México y cuenta con la participación de varios países de Hispanoamérica, entre ellos Cuba. Dicho proyecto promueve la realización de recopilaciones sistemáticas de materiales lingüísticos procedentes de programas particulares dentro de los medios (noticieros, telenovelas, programas culturales, transmisiones en directo de deportes, artículos de prensa) para llevar a cabo descripciones que se fundamentan en procedimientos de la lingüística de corpus y la léxico-estadística. Una de las motivaciones del DIES-M y sobre la que se establecen las variables de análisis es la comprobación de la veracidad de aspectos señalados como característicos en el uso de la lengua que los medios difunden, por ejemplo, el empleo de expresiones no reconocidas por la norma académica, la “pobreza” de vocabulario, la incorporación de extranjerismos innecesarios y el uso de formas que se alejan de las variantes más cultas o prestigiosas de las respectivas lenguas nacionales de cada país hispanohablante. Muchos de estos aspectos se concentran en la información deportiva, por lo que se consideró pertinente incorporar un análisis sobre esta área en particular al marco del proyecto.

Siguiendo la metodología y los parámetros de análisis propuestos en el Difusión del Español en los Medios (DIES-M) y, al mismo tiempo, tomando en consideración nuevos aspectos desde la perspectiva de teorías lingüísticas que se ocupan del estudio de los mecanismos presentes en la conformación y evolución de las lenguas, así como, de los vocabularios especializados, desarrollé una investigación que se propuso como objetivo fundamental la caracterización lingüística de los textos de temática deportiva difundidos en los medios. Consideré, en un primer momento, el género noticia en la televisión, para lo cual tomé como muestra el espacio informativo de mayor jerarquía en la televisión cubana: el Noticiero Nacional Deportivo, de Tele Rebelde. El estudio se centró en algunas características del nivel sintáctico, como la longitud y la complejidad de los enunciados, y del nivel lexical, por ejemplo, el índice de riqueza léxica de los textos, la pertenencia de los vocablos al léxico patrimonial, así como la descripción de algunos mecanismos de formación de vocablos específicos de los distintos deportes, principalmente, de aquellos no recogidos en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), tomado como fuente principal de cotejo.

Los resultados no corroboraron las diversas opiniones sobre el idioma del deporte, tales como el carácter empobrecedor del vocabulario deportivo, la incorporación de extranjerismos innecesarios y el empleo de un léxico no reconocido por la Real Academia, entre otras. Se comprobó, en cambio, un índice alto de variedad en las palabras utilizadas, que la mayoría de los vocablos son de uso general en el idioma y que el vocabulario no registrado en el DRAE se concentraba en la terminología deportiva que debe recogerse en su totalidad en un diccionario especializado en deportes y no en un diccionario general del español; entre otros fenómenos lingüísticos que se producen dentro de los mecanismos normales de la lengua, es decir, participaban en la conformación del vocabulario deportivo recursos neológicos como la derivación por prefijación o sufijación, la composición, el préstamo, la metáfora, entre otros.

Una buena parte de los vocablos recopilados en la investigación provenían del béisbol, lo que supuso un primer acercamiento a las particularidades lingüísticas de este deporte. El léxico beisbolero se compone de un sistema terminológico propio cuyo origen es el inglés, por lo que consecuentemente abundan los préstamos (llamados así porque son voces que toma prestada una lengua de otra). Para muchos de esos términos han surgido palabras españolas equivalentes, así convive con inning el sinónimo entrada, con pitcher, lanzador, con béisbol, pelota, aunque sobreviven las extranjeras inning, pitcher, doble play o out (para la cual no hay, por cierto, equivalente en español), con la forma ortográfica y la pronunciación más o menos cercana a su lengua de origen. Algunos préstamos han sufrido un proceso de hispanización a partir de la derivación, como es el caso de jonrón (proveniente de la forma inglesa home run) que ha dado lugar al verbo jonronear, field que ha dado fildear, o pitcher en el caso de pitchear.

A este sistema terminológico se añaden expresiones de uso general que adquieren un significado especial dentro de este ámbito, por ejemplo: camarero, capítulo, jardinero, guardabosques, conectar, remolcar. Y esto se explica porque el vocabulario beisbolero como otros léxicos especializados mantiene una relación con la lengua general de constante trasvase de unidades como consecuencia de la interacción entre los ámbitos especializados y la vida común, que como hemos referido anteriormente se ha potenciado con la democratización del saber que impone la actual sociedad de la información. Desde el punto de vista lingüístico, esta interacción da lugar a dos fenómenos contrapuestos en el léxico: 1) la terminologización (traslado del léxico general al especializado). Es lo que sucede en vocablos como almohadilla, cojín, conectar, jardinero, que tienen un significado en el contexto social no marcado temáticamente y que en el contexto del béisbol se han dotado de nuevos significados especializados; y 2) la banalización o desterminologización (traslado de términos especializados al ámbito general). Es lo que ocurre con las expresiones especializadas cuarto bate, meter curva, out por regla, tirarle a la bola mala, que se emplean con un sentido nuevo en la lengua común. De ahí que muchos tecnicismos deportivos sean familiares para cualquier hablante que desconozca de deporte.

Así pues, la premisa de que el léxico beisbolero tiene un carácter preponderantemente neológico y que los fenómenos de variación que presenta se manifiestan de acuerdo a las tipologías textuales en las que se materializa la comunicación especializada sobre béisbol (artículos en la prensa, noticias, narraciones televisivas y radiales, reseñas de juegos, etc.) y las propias condicionantes de la comunicación (interlocutores, su grado de especialización, intenciones o finalidad comunicativa del intercambio (informar, narrar o describir las incidencias de un partido, valorar, comentar) motivó a iniciar una segunda investigación, tomando como objeto de análisis los diferentes textos de temática beisbolera difundidos en los medios en el marco de un espacio profesional de comunicación: el periodismo.

El análisis, que partió de los presupuestos metodológicos del proyecto DIES-M en la recopilación de materiales, perfiló el objetivo de profundizar en importantes particularidades del léxico beisbolero como las relacionadas con los procedimientos lexicogenésicos, formales y semánticos, del vocabulario de la narración beisbolera. Hasta el momento los resultados confirman lo que de manera general se vio en la primera investigación y lo que otros estudios lingüísticos precedentes han evidenciado. La creatividad léxica se manifiesta con gran fuerza en la terminología beisbolera a través de los diferentes mecanismos de formación del léxico habituales en la lengua como la derivación, la sinonimia, el cambio de sentido, los préstamos. Se trata de recursos neológicos de que dispone el español para cubrir sus necesidades y generar nuevos términos que den respuesta a dichas necesidades expresivas y su presencia en los vocabularios especializados es normal, puesto que estos no constituyen sistemas ajenos a la gramática de la lengua. Los neologismos pueden ser internos, es decir, creaciones de palabras o de significados en la propia lengua, como ocurre en pelotero, serpentinero, monticulista, inicialista, extrabase, que se forman a partir de un proceso de derivación; o externos, o sea, voces foráneas que entran a nuestra lengua y que pueden adaptarse o no a la grafía y pronunciación española. Por lo general estas nuevas creaciones surgen para cubrir una necesidad, que puede ser crear un equivalente en la lengua para un término foráneo, utilizar una variante denominativa para evitar la repetición, o bien, dar nombre a un concepto nuevo.

Aunque he hecho ya algunas menciones, quisiera ampliar sobre varios de los recursos de mayor productividad en el vocabulario del béisbol, principalmente, la sinonimia y la metaforicidad:

La doble designación o sinonimia se encuentra en numerosos ejemplos. Así, para referirse al batazo que lanza la pelota fuera del campo y permite al bateador recorrer todas las bases hasta anotar una carrera no solo se utiliza jonrón, sino también vuelacercas y cuadrangular; para referirse a cada uno de los cuatro puntos de intersección que delimitan el campo de juego, están base, almohadilla, cojín, saco; para referirse al lugar elevado desde el cual el pitcher lanza la pelota se utilizan las variantes montículo, box, lomita, colina; para referirse al lugar del campo desde donde se batea y adonde debe llegar el jugador para anotar carrera están cajón de bateo, home, plato, goma; para referirse al jugador encargado de lanzarle la pelota al bateador, se emplean pítcher, lanzador, monticulista, serpentinero; para referirse a la acción de eliminar a un jugador por fallar en el bateo, se encuentran ponchar(se), estrucar(se) y abanicar la brisa.

Basta observar muchas de las variantes sinonímicas referidas para comprobar que la metáfora es el recurso predominante en su selección. En la terminología del beisbol se encuentran palabras ya existentes en la lengua que han ganado nuevas acepciones, a partir de un proceso de extensión metafórica. Así por ejemplo, a la acción de llegar con éxito a una base, se le denomina “anclar” (analogía con el mundo de la marinería), los potentes batazos se refieren como cañonazos, metrallazos, (expresiones del ámbito militar o belicista con que se asocian por su fuerza), al jugador que cuida las zonas del campo exterior (los jardines, de por sí, un término surgido de una metáfora por analogía de la apariencia de esta zona —el outfield— con un jardín) se le denomina “guardabosques”. Metáforas provenientes del mundo de la fauna están en los nombres con que se alude a los equipos, a los que se les atribuye un rasgo propio del animal elegido: los leones, los elefantes, las avispas.

Otro de los fenómenos que se hizo evidente en el estudio de la terminología beisbolera es la variación gráfica de algunos términos, sobre todo de los anglicismos que toma prestados. Su incorporación y en algunos casos adaptación al español supone la presencia de fluctuaciones en cuanto a su pronunciación y grafía, de esta manera conviven la forma fly (original del inglés) y las adaptaciones flay, flai, hit con jit, home con jom, jon; dogout con dougaut y dogao; cátcher con cácher y quécher, pitcher con pícher, entre otras. Algunas parecen seguir las convenciones ortográficas de la Academia respecto a la adaptación de extranjerismos, pero otras no.

Estos ejemplos ponen de manifiesto la necesidad de un proceso de regularización y normalización del léxico beisbolero. El arraigo de este deporte en la cultura popular y la difusión que experimenta su terminología, fundamentalmente gracias al papel de los medios, ameritan esta especial atención desde el punto de vista normativo. En este sentido, es de suma importancia la presencia de una obra lexicográfica especializada que con el respaldo académico pueda servir de referencia, especialmente a los profesionales de la comunicación. Ante el estado de cosas observado y haciendo patente la importancia de normativizar esta terminología, se realiza actualmente un estudio de los términos del béisbol con el objetivo de establecer las bases metodológicas para la elaboración futura de una obra de referencia orientada a la descripción y normalización de los términos del béisbol que sirva de herramienta para resolver las dudas lingüísticas y los problemas de comunicación de los periodistas especializados en la temática deportiva.

En esta línea de investigación, revisión y descripción de muestras, caracterización, normalización, elaboración de repertorios lexicográficos, etcétera, queda mucho por hacer a los lingüistas. Esfuerzos como estos contribuyen al cambio de visión respecto al lenguaje deportivo en general, a echar por tierra estereotipos y prejuicios subjetivos y a crear un clima favorable a su reconocimiento como fuente de aportaciones y patrimonio cultural del idioma español.

 

Texto leído como parte del programa del ciclo de conferencias "Se complica el inning: deporte y cultura en Cuba" desarrollado por la Fundación Alejo Carpentier.
 
 
 
1. En: Electronic Archive of Academic and Literary Texts. [Referencia en línea: www.ledonline.it/ledonline/429-hernan/429-0_12_Ezquerra.pdf]]
2. Cárdenas, Gisela, Werner, Reinhold y Tristá, M. Antonia: Diccionario del español de Cuba, Ediciones Gredos, Madrid., 2000
3. Tristá, M. Antonia: “El nuevo diccionario de cubanismos: un diccionario contrastivo”. En: Anuario de Estudios lingüísticos, No. 29/30. Instituto de Literatura y Lingüística, 1998-1999, La Habana, p. 120
4. En: Anuario de Estudios lingüísticos, No. 27/28. Instituto de Literatura y Lingüística, 1996-1997, La Habana, pp. 71-93.
5. En: Anuario de Estudios lingüísticos, No. 29/30. Instituto de Literatura y Lingüística, 1998-1999, La Habana, pp. 96-103.
6. En: Lecturas, Educación Física y deportes, Revista Digital. Buenos Aires, Año 15, Nº 154, marzo de 2011 [Referencia en línea: http://www.efdeportes.com/efd154/el-deporte-en-el-diccionario-de-americanismos.htm]
7. Castañón Rodríguez, Jesús: “El idioma español en la prensa deportiva” en: Jornada de la Fundación del Español Urgente sobre el idioma español en la prensa deportiva, Salón de Actos del BBVA de Valladolid, España, 15 de febrero de 2006. [Referencia en línea: www.fundeu.es]
8. Grijelmo, Alex: Intervención en San Millán de la Cogolla, reseñado en  periódico digital de Santiago de Chile noticiasdot.com, marzo, 2002.  Referencia en línea: http://www2.noticiasdot.com/publicaciones/2002/0302/2003/noticias2003/noticias2003-5.htm
9. Martínez Aceves, Germán: “¡Aficionados que viven con intensidad la destrucción del lenguaje! (Los comentaristas: admirados, imitados, pero nunca objetos de investigación de la comunicación)”. Ponencia presentada en el XVI Encuentro de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación y publicada en http://www.idiomaydeporte.com
10. Título de un artículo publicado por José Antonio Gurrea C. en abril de 2003 en la revista mexicana digital Etcétera. http://www.etcetera.com.mx/pag40ne30.asp
11. Samper Pizano, Daniel: “A patadas con la lengua (Literatura y periodismo deportivos en español)”, Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de a Lengua Española, Valladolid, España.. En: http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/el_espanol_en_la_sociedad/1_la_prensa_en_espanol/samper_d.htm
12. Otero, Lisandro: “Jerga beisbolera”, En Prensa Latina, La Habana, 11 de marzo de 2006

 

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