A propósito del testimonio de Emilio Comas Paret

El límite de una novela nada apacible

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Desconfiemos de los amaneceres apacibles (Premio UNEAC de Testimonio 2011, Ediciones UNION, 2012) bajo el cuidado editorial de Vivian Lechuga y con el sugerente diseño de cubierta a cargo de Yorlán Cabezas, resulta un texto pagador; un esperado documento que salda unas deudas cuya magnitud desborda los propios demonios que su autor, Emilio Comas Paret, llevaba adentro por más de 30 años.

Imagen: La Jiribilla

A pesar de otros abordajes anteriores que Emilio ha realizado al tema de la guerra en Angola (De Cabinda a Cunene, de 1983) es en esta novela donde la intensa lucha de hombres comunes, jóvenes e ilusionados, alcanza vuelos artísticos, dramáticos y sociales, cuya factura no puede menos que considerarse admirable.

Deconstruyendo el mito del ambiente bélico rotundamente trágico, o, por el contrario, satisfactorio y férreo dadas las convicciones ideológicas que lo impulsan, Emilio permite adentrarnos en intersticios que pertenecen a la condición humana, a la profunda dicotomía existencial que es inherente a las situaciones límites.

A través de las peripecias de tres personajes fundamentales, la guerra (con sus antecedentes, sus desgarramientos imperdonables y sus secuelas de toda índole) adquiere categoría de estado natural. Salvo al inicio del testimonio, en el momento en que son reclutados  muchachos cubanos para participar en una contienda lejana (“a partir de ahí se desencadenó el infierno”, dice el protagonista) y solo unos pocos argumentan sus negativas, en el resto de la narración no existe lamento alguno. Ni siquiera muestras de arrepentimiento por el hecho de estar en una selva más que indómita, desconocida, riesgosa. Esto podría explicarse mediante el tan socorrido y nunca bien explicado instinto de conservación, pero habría que comprender bien el contexto histórico de aquellos años para arribar a la conclusión de que Angola (y África en general) se convirtió para los jóvenes de entonces en un destino ineludible; una meta cuyo cumplimiento implicaba un honor espiritual que ya no es posible encontrar en la actualidad. No significa que la juventud de hoy sea peor; más pragmática, o menos altruista: simplemente los tiempos son otros, y sus protagonistas cumplen las pautas que el momento impone.

Sin que se convierta en propósito de la novela, aparece el retrato de algunos militares con todo el rabioso carácter del despotismo que caracteriza a quienes no llegan a altos puestos y expresan su frustración  a través de actos sádicos. La figura del Teniente Gallo, aunque no la única, simboliza dicha distorsión de la cadena de mando: “Por su culpa hice guardias que no me tocaban, imaginarias alrededor del comedor que eran la burla de los demás, daba la voz de ¡avión! cuando estaba cruzando el charco más pestilente para que tuviera que ensuciarme, pecho a tierra y luego me hacía lavar el uniforme y ponérmelo de nuevo, todo mojado. Una vez me obligó a trotar a paso corto hasta que sufrí un desmayo. Al final logró convertirme en un ser desconfiado y con grandes deseos de venganza”. p.79

En contraste, el comandante jefe de toda la misión (“…impresionó su tranquilidad interior, la seguridad que de él emanaba, su modestia” p. 56) y los jefes digamos reales en su doble acepción, son realzados en la novela (“…al frente, iba toda la jefatura porque a decir verdad, en esta guerra los jefes eran los primeros en el combate; por eso murieron tantos oficiales; porque aquello era una premisa no escrita”. P. 93) con lo cual, en términos de verosimilitud, la novela resulta comprensiblemente entrañable.

La intensa tragedia de la soledad en medio de una jungla aterradora, y la certeza de una muerte tan inminente como casi inevitable, convierte a los hasta entonces disciplinados soldados en verdaderos monstruos sin piedad  que luchan por seguir existiendo, al margen de cualquier consigna: “Nos hemos convertido en bestias peligrosas, no luchamos conscientemente […] es una pelea contra la Muerte, estamos matando la Muerte […] si mi propio hermano viniera […] lo destrozaría con mis manos”. P. 132   

La descripción del cerco final al que es sometido el batallón, matizada con pericia cinematográfica en cuanto a las imágenes de explosión, muerte, hambre, sed; sucesión de días y noches en contundente abandono y siempre bajo la amenaza de constantes bombazos, concluye la mejor parte de la narración, y es, sin duda, el colofón perfecto de las estremecedoras anécdotas que lo anteceden. 

Por este mismo criterio, considero que los  cierres (son más de uno)  que Emilio Comas seleccionó para Desconfiemos de los amaneceres apacibles confunde un tanto el carácter del estilo literario por el cual fue premiado, ya que el Testimonio, en tanto “instrumento legalizado que da fe de un acto”, no admite más de un final. Posiblemente esta sea una valoración estrecha por parte mía, aunque no puedo decir que las posibilidades con las cuales el autor pretende cerrar el relato, mengüen la intensidad de aquellos sacrificios inmensos que no pueden encerrarse en la fría redondez de una medalla. En conjunto, Desconfiemos…es “La Novela” de la participación de Cuba en una guerra cuyo final contribuyó a cierta estabilización que el mundo necesitaba, y es también el saldo de una deuda que muchos de nosotros contrajimos para con nuestras familias y nuestras propias convicciones. Aunque falten todavía muchos desgarramientos por aflorar  y muchas glorias por salir a la luz del sol, y a pesar de la desconfianza a la que nos convoca Emilio Comas, abrir estas heridas mediante la literatura  facilita el camino por donde saldrán algún día, quién lo duda, los  dolores que aún lastiman luego de tres décadas de estar latiendo entre nosotros.

Comentarios

Me sorprende el uso de dos palabras en el articulo : "testimonio" y "novela", como si fueran sinonimos. Bien sé que Miguel Barnet acuño el concepto de "novela-testimonio" pero, si es lo mismo, para qué premios de novela por un lado y premios de testimonio, por el otro? Cordialmente, Antoine Ventura (Burdeos, Francia).

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