Los hijos de Guillermo Tell

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba
Foto: R. A. Hdez

Santiago Feliú, Gerardo Alfonso, Frank Delgado y Carlos Varela han venido unidos, en cuanto a visión popular desde hace 30 años; aunque en realidad cada uno ha ido perfilando su obra en solitario. Realmente nunca fueron un cuarteto, aunque alguien les llamó los “Beatles cubanos”, “la generación de los topos” o “los hijos de Guillermo Tell”, por la antológica canción de Varela, en la que —jugando con la leyenda— el hijo pide a su padre que le ceda la ballesta y se ponga él la manzana en la cabeza, lo cual simboliza la necesidad de ser protagonista, de accionar sobre su tiempo, de las generaciones que van surgiendo en la sociedad.

Imagen: La Jiribilla
Foto de Archivo

 

Estos cuatro trovadores, Santiago, Gerardo, Frank y Varela, emergen al panorama trovadoresco a inicios de los años 80, y empiezan a tener protagonismo en el ambiente de la Casa del Joven Creador de la Avenida del Puerto, con un punto de clímax en el concierto que hacen allí el 18 de enero de 1986, gracias a que queda grabado y luego se expande cuando fueron radiadas por algunos aquellas piezas primeras.

Se dice que ellos cuatro encabezan la segunda generación de la Nueva Trova, lo cual es una manera de enmarcar por esa resonancia algo que no es en realidad exacto. A mediados de los años 60 surge este movimiento con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Noel Nicola, y otros que no fueron tan acentuados que fueron apareciendo poco a poco como Augusto Blanca, Lázaro García, Amaury Pérez, Sara González. Se ha dicho siempre que son continuidad y ruptura con respecto a la llamada trova tradicional, aunque en realidad el ambiente que impera, y del cual van surgiendo, es el del filin, que a su vez es continuidad y ruptura con respecto a la llamada trova tradicional.

Así, entre Silvio, Pablo, Noel, Vicente, y los cuatro trovadores que nos atañen hay otros como Pedro Luis Ferrer, quien se considera como un eslabón perdido entre esos dos puntos acuñados de la trova —fundadores y de los 80— y que en realidad es parte de otros que van llegando como Juan Carlos Pérez, Ireno y Jorge García, por mencionar algunos. Tampoco son únicamente Gerardo, Santiago, Frank y Varela, quienes surgen en esos inicios de los 80, están Donato y Roberto Poveda, Alberto Tosca con Xiomara Laugart, Marta Campos, Pepe Ordás, en fin, se trata de un proceso continuo desde mediados del siglo XIX que, por diversas razones —casi siempre intenciones promocionales— quedan de alguna manera enmarcados.   

Cuando hice con Bladimir Zamora el libro Trovadores de la herejía, escogimos a Gerardo, Santiago, Frank y Varela, porque son los que iniciando juntos han traído una obra equiparable con puntos en común, aunque cada uno perfilando su camino.

Imagen: La Jiribilla

Los cuatro tienen una obra bien amplia y profunda y con ellos, sin duda alguna, se puede tejer la vida, la sociedad, la historia cubana de las últimas tres décadas.

Me remito a la introducción del libro Trovadores de la herejía donde doy nuestra visión (del Blado y mía) sobre estos cuatro grandes trovadores nuestros, y con ello celebro los 30 con Carlitos.

“Cada cual con su poética: Frank, jodedor, con ese humor desbordante, agudo, en ocasiones tierno y golpeado, con sabor criollo a son y guaracha, a veces cierto toque de blues, interactuando con el público hasta en los discos. Gerardo, inagotable, sereno, sacando lo mismo del son que de ritmos afrocubanos, o hasta bordando el blues o el rock, narrando historias, lírico o guerrero, siempre poético. Varela, teatral, se entrega en escena algo distante, como si nos cantara de reojo, para hacernos cómplices de alguna noble maldad; con historias alusivas, personajes desgarrados reales o mitológicos, y una sonoridad entre el rock y country. Santiago filosofando, con su intenso y peculiar guitarreo, entre flamenco y rock argentino, explotando en escena, como estratosférico, a veces algo existencialista, impaciente, como eléctrico. Las obras de ellos cuatro, muy seguidas por varias generaciones, resultan imprescindibles para calibrar los últimos 30 años cubanos, basta nombrar algunas canciones al azar y pensar en ellas para que se nos presente Cuba, del pueblo al individuo, en dimensiones diversas: “Sábanas Blancas”, “Vida”, “Guillermo Tell”, “Cuando se vaya la luz mi negra”, “Jalisco Park”, “Son los sueños todavía” “Veterano”,  “Trovatur”, “Odisea perpetua”, “Habáname”, “Monedas al aire” “Dicen que...”, “Con la adarga al brazo”.           

Imagen: La Jiribilla

Trovadores de la herejía, porque los cuatro han sido fieles a la tradición trovadoresca, han cantado lo que han visto, lo sufrido y lo soñado, han sido voces de la gente, de la nuestra y del ser humano universal. Mal mirados por algunos, también han tenido sus malcriadeces, que para ello son humanos; pero, sobre todas las cosas, han sido auténticos trovadores, consecuentes, que han dicho lo que piensan, que han reflejado nuestro tiempo, desde la poesía de sus guitarras, criticando, amando, desafiantes, sin pelos en la lengua... La honestidad es la mejor manera de estar comprometidos con su tierra, por ello son trovadores, herejes, y a la vez hijos que dan testimonio de esa gran herejía que es la Cuba que hacemos para el bien de todos”. 

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