Los muñequitos de Matanzas,
más de un siglo de rumba cubana

Cary Diez • La Habana, Cuba
Imagen: La Jiribilla

 

Los Muñequitos de Matanzas,  con 60 años de creación, son uno de los clásicos de la música tradicional de Cuba. Desde sus inicios, en el año 1952, gozan de una popularidad  singular dentro y fuera del país, manteniéndose hasta hoy como grandes exponentes de la rumba cubana.

En la década del 50 del pasado siglo, en medio de la efervescencia del primer tema rumbero famoso: “El vive bien”, de Lulú Yonkori, y de los sones y boleros que se oían en las victrolas de los bares y bodegas de la época, aparece el grupo “guaguancó matancero”, nombre que adoptó originalmente.

Sus fundadores fueron Florencio Calle, “Catalino”, director, compositor y chequeré; Esteban Lantrí “saldiguera”, voz prima; Hortensio Alfonso “Virulilla”, cantante, tercera voz; Juan Bosco, cantante inspirador, compositor, tocador de clave; en las percusiones: Pablo Mesa, tumbadora 6/8; Ángel Pellado, quinto y cajón,  Gregorio Díaz “Goyito”, tumbador; y más tarde se une Esteban Bacallao “chachá”, en el quinto.

Importantes aportes realizaron sus fundadores al quehacer musical del género: la rumba cantada a dúo a modo de la trova tradicional cubana, el tocar del salidor y la forma en que cada percusión va entrando en el tejido de la cuerda rítmica, el intercambio armonioso entre los cantantes, el coro y la base rítmica, el repique del cajón más agudo junto al quinto tumbador.

De sus manos salieron también muchos de los instrumentos de percusión que les dieron ese sonar característico que hasta hoy les provee de una marca especial dentro de la rumba cubana.

El primer binomio de obras que grabaron estos músicos con el sello cubano puchito, incluyó un guaguancó de la autoría de “Saldiguera” llamado “Los muñequitos”, que fue su primer hit discográfico. Según el investigador Manuel Villar, es la rumba que después de “El vive bien”, tuvo mayor éxito en Cuba por los años 50 y aún se mantiene en el repertorio activo del grupo. Al alcanzar la popularidad con ese primer éxito, son renombrados por su público como Los muñequitos de Matanzas.  La gracia y curiosidad de los temas que ellos interpretan —que siempre han sido de la autoría de los miembros del grupo—, así como el tono tímbrico de la clarina y la proyección escénica de sus músicos y bailarines, impregnan sus presentaciones de un sello muy propio de esa formación rumbera.

Aunque originalmente el grupo solo se concibió como una agrupación musical, ante la llegada a Matanzas de Diosdado Ramos Cruz —un joven rumbero que conocían desde niño cuando venían a La Habana a presentarse en el salón La Tropical y en otros espacios de gran demanda de los bailadores cubanos—, sus fundadores decidieron proponerle participar de esta fiesta rumbera, para convertirse en el primer bailarín que tuvo el grupo formalmente. Ese virtuoso bailarín dirige, hace ya cuatro décadas, tan insigne colectivo artístico.

Los muñequitos… está formado, desde sus orígenes, por pobladores de barrios humildes de Matanzas: ellos son de la Marina, Pueblo nuevo, Simpson y Jovellanos. Como grupo portador preservan, a través de sus cantos, bailes y rituales religiosos, la autenticidad de la tradición lucumí, arará, iyesá. Muchos de sus integrantes son miembros de las sociedades abakuá y también esas prácticas dejan huella en su quehacer artístico.

En la actualidad el repertorio de Los muñequitos de Matanzas, alcanza más de un centenar de rumbas y cantos tradicionales. La agrupación cuenta con un amplio catálogo discográfico y ha realizado presentaciones en muchos escenarios del mundo. Son premio de honor y multilaureados en el certamen más prestigioso de la industria musical de la Isla: Cubadisco,  y han alcanzado, entre el 2001 y el 2009, tres nominaciones y un premio en los Grammy Latinos.

Queridos y respetados por su pueblo, Los muñequitos de Matanzas mantienen su prestigio en todo el mundo y su arte se revitaliza con las nuevas generaciones de rumberos que comparten con sus mayores la gloria de una agrupación que a más de un siglo de fundada, continúa como un baluarte vivo de la cultura cubana. 

Comentarios

Orgullo de lo matancero que llevo en las venas hayo cuando a mis oídos llega la calidad del trabajo que los muñequitos hacen cada día por elevar a lo más alto el nombre de nuestra cultura cubana.
Un aplauso reciban ustedes de un joven que los admira.

Es necesario resaltar que el sonido vivo de la percusión de los ya ICONOS Muñequitos de Matanzas, para finales de los 60s del siglo pasado, influenciaron a toda una generación de músicos latinos en Nueva York, tanto que El Gran Combo de Puerto Rico grabó como homenaje a ellos varios de sus temas, en cuanto al dúo innovador de Ricardo Ray y Bobby Cruz admiten que en su álbum clásico Zafra evocan en su percusión caribeña el sonido llamativo y lleno de colores de Los Muñequitos, ni hablar de Ray Barretto —manos duras— quien en sus cantos negroides su voz profunda recorre los caminos oscuros de estos grandes percusionistas. Por otro lado hay que resaltar esa magistral y amigable invitación que hace Tito Puente en una de sus actuaciones en SOB de Nueva York e interpretando “Niña y Señora”, a otros grandes de la percusión cubana Los Papines de Cuba, con ellos fusiona en una sola cultura dos grandes islas que han agigantado la percusión afrocubana, o a su vez han perpetuado el más grande sonido ritual con cantos de guerra de una percusión viviente. La estela de esta singular escuela de los Muñequitos es dinámica y sirve como ejemplo para las nuevas bandas emergentes de la nueva música latina, en efecto, como una corriente que no debe perderse más bien enrriquecerla y fusionarle con las nuevas ideas de este siglo naciente... Honor eterno a Los Muñequitos de Matanzas. Israel Sánchez Coll Revista Herencia Latina San Juan-Puerto Rico

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