Los nombres de Raquel

Dainerys Machado Vento • La Habana, Cuba
Jueves, 22 de Noviembre y 2012 (3:03 pm)

Algunos aún la recuerdan como Laurencia, por el antológico personaje de la pieza teatral Fuenteovejuna, que ella misma dirigiera junto con su hermano Vicente. Otros no le conocen otro nombre que el de Lucía, por aquella película de Humberto Solás que en 1968 dibujó semblante de mujer al cine cubano. Como la María Félix cubana o la Ingrid Bergman tropical la nombraron alguna vez los más viejos. Rostro claro, manos largas y expresivas, para la mayoría de los cubanos Raquel Revuelta es muchas mujeres y muchas historias, sinónimo de Cuba, de arte.

La fundadora de la agrupación Teatro Estudio, la maestra de generaciones de actores, la hermana de Vicente Revuelta, la hija de Silvia Planas, el carácter contradictorio, como de rebatos musicales, la sonrisa amplia y melancólica, habría cumplido 87 años este 14 de noviembre.

Dos días de júbilo por su cumpleaños se celebraron en el Complejo Cultural Raquel Revuelta (CCRR) que, ubicado en la céntrica intersección capitalina de Línea y B, tiene el honor de llevar su nombre y que como permanente tributo pretende convertirse en un centro generador y promotor de las artes escénicas.

El director de cine Enrique Pineda Barnet; el dramaturgo Abelardo Estorino; las actrices Alina Rodríguez, Amada Morado, María Elena Sotela, Doris Gutiérrez y Lilian Navarrete; los multifacéticos Alberto Oliva, Mario Aguirre y Carlos Ruiz de la Tejera, fueron coro exquisito de recuerdos para homenajear a la Revuelta el mismo día de su onomástico.

Oliva lamentó que a la excepcional actriz no se le reconociera, cuando falleció en 2004, “su verdadera dimensión política y artística para la cultura y el teatro cubanos”. Y elogió su capacidad para no ser nunca “eslabón de ninguna cadena”, y siempre ser humano decidido y consecuente con sus ideas.

El movimiento escénico cubano se transformó y superó después de que los hermanos Revuelta fundaran el Teatro Estudio en 1958, aseguró el dramaturgo y director Abelardo Estorino. El creador de piezas imprescindibles para la escena cubana vio abiertas las puertas del conjunto dramático desde los años 70, para montar sus propias obras, rechazadas entonces en ciertos espacios de poder cultural.

Precisamente, por la justeza que siempre conocieron en ella las personas más cercanas, Mario Aguirre habló del carácter combativo de Raquel, y elogió su constante preocupación por el buen decir sobre la escena. Como la maestra exigente, pero respetuosa del trabajo de los otros; como la actriz talentosa y la directora consagrada la recordaron Alina Rodríguez, María Elena Sotela y Doris Gutiérrez. Mientras, Lilian Navarrete y Amada Morado contaron sobre la fascinación que siempre esparció sobre los otros, en especial sobre quienes tuvieron la suerte de verla actuar en vivo alguna vez.

Sus desvelos en la materialización y el trabajo arduo de Teatro Estudio, su valentía ante tristezas y contradicciones personales y profesionales que la vida le impuso, fueron otras de las facetas recordadas por sus colegas, compañeros y alumnos. Aspectos muy bien ilustrados por el documental Raquel que, dirigido por la realizadora Lizette Vila, inaugurara la jornada de homenaje.

Enrique Pineda Barnet reverenció la entrañable amistad y respeto que lo unió siempre a la Revuelta. Las grabaciones que dirigió del montaje de Fuenteovejuna, como parte de una serie que nunca se concluyó nombrada Teatros de La Habana, legó al paso del tiempo la imagen de la actriz en la interpretación de uno de sus más estelares y sólidos personajes.

Después de concluir el conversatorio, conducido por el actor y director teatral Julio César Ramírez fueron, precisamente, las imágenes en blanco y negro de Fuenteovejuna, y las voces de Raquel y de Vicente como narradores, las que colmaron 12 minutos de emociones y buen teatro.

Pasadas las seis de la tarde, el proyector volvería a encenderse sobre una pantalla improvisada en el antiguo cine Olympic. El director de televisión René Arencibia presentó a esa hora el teleteatro Las brujas de Salem, de la autoría de Arthur Miller y con adaptación y dirección de Roberto Garriga. El material fue rescatado de los archivos de la televisión cubana, restaurado y digitalizado con el arduo trabajo de Marlen Rodríguez y la inestimable complicidad de la Oficina del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Con Raquel Revuelta en el personaje protagónico, se pudo disfrutar no solo de su magistral trabajo interpretativo, también de una joya de la historia del audiovisual cubano.

Un concierto del cantautor Augusto Blanca junto con la actriz Corina Mestre cerró la jornada de homenajes al cumpleaños 87 de la actriz.

La Gardenia del cine cubano

Un día antes, el 13 de noviembre, habían comenzado las celebraciones. A las cuatro de la tarde, el crítico de cine Luciano Castillo propuso en la sala Revuelta un detallado recorrido por la participación de Raquel en diferentes producciones de la cinematografía cubana.

En su voz llegaron las anécdotas sobre cómo, en 1951, cuando ya era una actriz consagrada en el teatro y había experimentado con éxito en la televisión y la radio, el director Manolo Alonso le propuso su primera experiencia en el séptimo arte. Siete muertes a plazo fijo, la verdadera primera película cubana de zombis, encontró en la interpretación de la mujer una madre especialmente cruel. Razones de sobra para que la producción se convirtiera, según el especialista, “en homenaje involuntario al cine negro norteamericano”.

La participación de la Revuelta en las numerosas coproducciones cubano mexicanas de los años 50, fue también mencionada por Castillo. Quien comentó, además, cómo a pesar de las ocupaciones de la actriz como líder de Teatro Estudio, participó en varios proyectos de la naciente industria cinematográfica cubana a partir de la misma constitución de esta en 1959.

Para suerte de todos, no declinó tampoco la propuesta de Humberto Solás para interpretar a la primera Lucía de su largometraje. Y, precisamente, con la proyección de ese cuento continuó la jornada de acercamientos a algunas de las más memorables actuaciones de Raquel en el cine.

De estos encuentros salió fortalecido el archivo en construcción del Complejo. El actor Michaelis Cué aprovechó la oportunidad para donar a la institución el libro modelo del montaje de Santa Juana de Américas, que le había obsequiado Vicente al actor cuando se incorporó al elenco de Teatro Estudio. Notas al margen, ilustraciones, ideas sobre la puesta, a buen recaudo durante años bajo una dura carátula roja, engrosan ahora los principales valores del centro.

La Casa Editorial Tablas-Alarcos, que allí tiene su sede, y el CCRR convertirán estos homenajes en suceso cada mes de noviembre. Las memorias sobre Raquel serán evocadas desde diferentes perspectivas, apostando sobre todo a que las más jóvenes generaciones de creadores se acerquen a su inmensa obra.

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