Música

Lyceum Mozartiano: Mozart en La Habana Vieja

Abel Sánchez • La Habana, Cuba
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Sabía que iba a morir. Lo vio en los ojos del emisario del conde Walsegg cuando fue a encargarle una misa para los difuntos. A medida que se deterioraba su salud —demasiado frágil para un hombre de 35 años— fue convenciéndose de que aquel Réquiem en realidad sería para sí mismo. Estaba escribiendo su testamento musical, la más oscura, dramática y visceral de todas sus obras. Irónicamente, la pieza que debía acompañar su alma, aquella que probablemente le abriera las puertas del cielo, acabó con su vida antes de que pudiese terminarla. Al cadáver no se le hizo autopsia. Igual, no era necesario, todos conocían la causa de la muerte: la música.

Imagen: La Jiribilla

Medio siglo después, exactamente el 22 de abril de 1841, fue creada la Fundación que lleva su nombre, en la misma ciudad donde nació. Aún no se llamaba Fundación Mozartiana de Salzburgo ni tenía el impacto internacional de hoy; pero apenas unos años más tarde, uno de los hijos de Mozart, Franz Xaver, donó a sus archivos la biblioteca, el clavicordio y varios manuscritos del padre. Desde ese entonces, la Fundación conserva y promueve el patrimonio del genio. Fue así como él, quien a pesar de haber recorrido casi toda Europa jamás estuvo en América, una mañana de verano llegó a La Habana.

Mozart vino por primera vez a Cuba en el 2006, de la mano de Johannes Honsig-Erlenburg, el actual presidente del Mozarteum de Salzburgo. Desde que Honsig asumió la presidencia, la proyección de la Fundación más allá de las fronteras austriacas, aumentó considerablemente: mantienen convenios de colaboración en países asiáticos; apoyan Sociedades Mozartianas en Rusia, Polonia, EE.UU., y varios países de Latinoamérica, especialmente el Mozarteum argentino. Pero nunca habían tenido un proyecto como el que surgió en Cuba a raíz de aquella visita.

“Lo que más me gusta de los cubanos —confiesa Honsig— es su entusiasmo por la música, en primer lugar; también el deseo de obtener una educación elevada y de calidad; así como esa manera cálida de comunicarse y hacer amistades. Antes de mi primera visita a La Habana, sabía que aquí había una larga tradición en arquitectura, literatura y música. Pero al llegar descubrí la gran influencia que tiene la música clásica europea”.

Por eso, tras develar un busto de Mozart en una de las calles angostas de la Habana Vieja, acompañado por el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, surgió la idea de crear un Lyceum Mozartiano en Cuba.

Aunque, en realidad, eso vino un poco más tarde. En un principio solo se habló de crear una orquesta-escuela, donde los estudiantes de música del Instituto Superior de Arte (ISA) recibiesen una capacitación como músicos de atril sinfónico. O sea, la orquesta financiada por la Fundación, sería una asignatura más, por la que debería transitar cada músico en algún momento de su carrera. Frente a estos alumnos se colocó al reconocido pianista Ulises Hernández, quien es el jefe de la cátedra de piano en el ISA.

Hasta ahí todo iba bien. Pero toda orquesta necesita, por definición, un local donde hacerse oír. Fue entonces que Eusebio Leal les ofreció el Oratorio San Felipe Neri y el 27 de enero de 2009 —exactamente 253 años después del nacimiento de Mozart— se creó el Lyceum Mozartiano de La Habana. Un centro desde el que no solo se difundía la obra del genio austriaco, sino también la música de cámara cubana.

“Además de la obra de Mozart —explica el maestro Ulises Hernández—, nos hemos encargado de digitalizar y conservar todo aquello que pueda ser patrimonial de nuestra música clásica, así como el trabajo de los jóvenes. Queremos que el Lyceum se convierta en un lugar donde los jóvenes compositores cubanos puedan traer sus trabajos. En estos momentos, prácticamente no existen editoras de música en Cuba, por eso digitalizamos y fotocopiamos las obras para luego dársela a otros artistas y que ellos las interpreten en nuestra sala de conciertos”.

Por otra parte, del trabajo de conservación del patrimonio, surgió la idea de crear un centro de investigación con una mediateca. O sea, un sitio en el que los alumnos, o todo el que quiera, tengan la posibilidad de documentarse y consultar varias fuentes de información relacionadas, no solo con la obra de Mozart, sino también con la de importantes músicos cubanos. Por decisión de sus albaceas, en la mediateca descansan todos los fondos de Harold Gramatges y de Edgardo Martín, así como numerosas partituras del siglo XIX, las cuales serán digitalizadas para que sirvan de material de consulta.

Mientras, cada año tienen la visita de profesores de toda Europa que vienen a impartir conferencias y semanarios a los estudiantes de la orquesta. Para seleccionar a los profesores, la Fundación hace una especie de casting, basado, en primer lugar, en el nivel artístico; pero también en la empatía que estos músicos puedan tener por Cuba. Es decir, solo escogen a aquellos que de veras tengan un interés afectivo por conocer lo que se hace en el país y compartir sus experiencias con los estudiantes.

“Los profesores invitados vienen durante 15 días —comenta José Antonio Méndez Padrón, director musical de la orquesta y profesor del ISA—, imparten clases de música de cámara, dirección de orquesta e interpretación en general. Por lo general, son directores de orquesta, aunque también han venido estudiantes a interpretar determinadas piezas y conocer solamente la visión musical de ellos es ya una clase magistral. En su mayoría son profesores de la Fundación Mozartiana de Salzburgo, pero también han venido algunos de otras partes de Europa, como el maestro belga Ronan Solman, director de la Filarmónica de la Radio de Praga”.

Imagen: La Jiribilla

Además de los profesores, se espera que vengan especialistas en gestión cultural y orquestal. El año pasado se hizo un taller de lutería organizado por la Fundación. Al mismo se invitaron lutieres europeos que impartieron clases teóricas y demostraciones prácticas. Y, además, donaron instrumentos para la orquesta.

“Organizar una orquesta sinfónica es un proyecto caro —explica Ulises Hernández—, hay que comprar cuerdas, arcos, etc. Si queremos que nuestros estudiantes sean artistas de alto nivel en la música de concierto, lo primero es tener un instrumento a la altura del repertorio que se está tocando y a la altura de los profesores que vienen aquí. Gracias a la Fundación tenemos un set de percusión sinfónica y varios instrumentos de muy alto nivel.

“La idea es que la orquesta se recicle constantemente, gracias a los nuevos estudiantes que entran al ISA. Sin embargo, después de casi cinco años de trabajo, ya hemos logrado una calidad de sonido que no queremos perder. Así que dejamos aquí a los mejores graduados, a los que llamamos maestros ensayadores. No queremos que los buenos músicos se nos vayan tan rápido, sino que aquellos que entren puedan aprender de ellos”.

El profesor José Antonio Méndez considera que la asignatura Orquesta es un ejercicio vital para todo músico que se gradúe del ISA, pues, a fin de cuentas, la mayoría de ellos pasarán la mayor parte de su carrera tocando en una orquesta de cámara:

“Para ellos es muy favorable contar con esta orquesta como plataforma de experimentación y aprendizaje que les enseñe cómo es la vida del músico de atril, muy diferente a la del solista. Es un trabajo de tiempo, porque no basta con escucharse a sí mismo, sino que hay que escuchar lo que toca el resto de la orquesta y evaluar el resultado general. Esta es una experiencia es muy provechosa”.

Pero el Lyceum Mozartiano de La Habana es mucho más que una orquesta-escuela o un centro de investigación. Se trata, además, de un proyecto social que involucra a toda la comunidad, pues incluye visitas a las escuelas, conciertos didácticos con niños y talleres de apreciación musical. La idea es instruir al público que en el futuro asistirá a las salas de concierto, para que sea capaz de juzgar si una pieza ha sido bien interpretada o no. O sea, moldear a un auditorio culto, conocedor de lo que escucha.

“La comunidad se va a nutrir de todo esto que estamos haciendo aquí —asegura Hernández— e intentaremos ayudar a formar al público que consume música de concierto. Además, acabamos de ser aprobados para recibir un financiamiento que ofrece la Unión Europea para apoyar acciones en la cultura y la sociedad cubanas. Esto significa que durante tres años contaremos con los fondos necesarios para desarrollar las tres vertientes del proyecto: la mediateca, como centro de información de música cubana y europea; la orquesta-escuela, como asignatura; y el trabajo social con la comunidad. Aunque el apoyo durará tres años, queremos dar pasos muy sólidos para que tenga continuidad”.

Por su parte, Johannes Honsig considera que la Fundación tiene una responsabilidad con el Lyceum que se ha creado en Cuba, no solo en cuanto a la cuestión financiera, sino también en el asesoramiento y la gestión cultural. Por eso, después de los tres primeros años, aunque el Lyceum trabaje enteramente por su cuenta, Salzburgo continuará apoyándolo:

“La cultura y la música son buenas para unir a las personas. Según yo lo veo: la colaboración entre el ISA, la Oficina del Historiador y la Oficina de la Unión Europea en La Habana, solo es posible mediante el aspecto cultural. Lo mismo sucede cuando nuestra institución trabaja junto con otras instituciones austriacas y europeas. De esta manera, podemos lograr que las personas colaboren entre sí, aprendan los unos de los otros, sin la necesidad de que intervengan aspectos políticos”.

Basta escuchar una sonata escrita por Mozart para entenderlo, solo una música así puede lograr un proyecto como este. Honsig está convencido de que si el genio viviera, no solo le interesaría la música de concierto compuesta en Cuba, sino también el trabajo con músicos cubanos. Pues a pesar de su austriaca formación y su vida enteramente europea, la obra de Mozart tiene mucho que ver con esta Isla:

Mozart es una excelente vía para conectarse con la música o, al menos, para descubrir que esta es más que ritmo, sino también un tipo de emoción. Por eso, nos sentimos muy cercanos a la manera en que los cubanos y los latinoamericanos sienten y exteriorizan sus emociones. Mozart componía de un modo muy emocional, esa es una de las razones de por qué a las personas les fascina tanto su música. Y los latinoamericanos son más capaces que los europeos de vivir intensamente sus emociones. Me impresiona sobremanera la forma en que tocan estos jóvenes estudiantes, podemos aprender mucho de ellos”.

Se refiere, obviamente, a los miembros de la orquesta-escuela, en particular al concierto que estos ofrecieron, al compás de la batuta de José Antonio Méndez, como ceremonia inaugural. Aquella noche, en el Oratorio San Felipe Neri, pequeño de por sí, apenas se podía respirar. Lo cierto es que casi nadie lo hacía, observando, atentos, cómo se expandía el sonido de Mozart por toda la sala. En la entrada había un retrato suyo que muy poco tenía que ver con aquellos que le hicieron estando en vida. Irrelevante. A fin de cuentas, en todos Mozart parecía un hombre demasiado común, ningún pintor contemporáneo logró captar la esencia del genio.

Algunos piensan que Mozart era un músico demasiado alegre y colorido, creencia que surge de la comparación con la fuerza huraña y oscura de Beethoven. Falso, lo que sucede es que Mozart era un músico tan universal, dominaba tantos registros, que en una misma pieza puede sumirte varias veces en la depresión, para luego rescatarte con sus notas más alegres y terminar en un canto de esperanza. Ahí está la clave de su genio, en las partituras escritas de corrido y sin una sola corrección, en los altibajos dramáticos de casi todas sus obras, en la desesperación lúgubre que deja escapar el “Dies Irae” de su Réquiem. Ese que Dios, o el destino, jamás le permitieron terminar.

Comentarios

¡ Ah, Wolfgang Amadeus Mozart ES LA MÚSICA CULTA ELEVADA A LA CÚSPIDE DE SU GRANDEZA ! En nuestra Isla Wolfgang se siente como en su natal Salzburgo. Las Musas lo tienen en su gloria y los humildes mortales en su corazón. pjmelián

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