Mayakovski: anónimo viajero
en La Habana

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

“Por la mañana llegamos fritos, asados y hervidos…”

Lo cierto es que aquel calor tropical debió resultar “insufrible” —al decir de Vladimir Mayakovski (1893-1930)— para los 593 pasajeros del vapor francés Espagne, que atracó en el puerto de La Habana el sábado 4 de julio de 1925, en escala de 24 horas para continuar viaje el domingo hacia el puerto mexicano de  Veracruz.

Imagen: La Jiribilla

Pero, aún así, el poeta ruso —quien también describe las lanchas llenas de piñas, que se acercan al barco para ofertar su mercancía— no pierde la oportunidad concedida a los pasajeros de primera clase de visitar la ciudad caribeña, donde lo sorprende justo al bajar a tierra un descomunal aguacero, lo que le motiva esta ocurrente observación: “¿Qué cosa es la lluvia? Es el aire cargado con un poquito de agua. Pero la lluvia tropical es un chorro poderoso de agua con un poquito de aire”.

Le maravilla el “lindo cementerio con los innumerables señores López y Gómez en mármol blanco”, traza una colorida estampa: “Sobre un fondo de mar verde, un negro con pantalones blancos ofrece al transeúnte un pescado rojo, alzándolo por la cola por encima de la cabeza”, y se asombra ante el prodigio de dos frutos exquisitos de la Isla: el mango y el aguacate.

Es largo el camino que recorre el autor de “La nube en pantalones” durante su rápida estancia en la Capital, y, sin embargo, nadie repara en él a pesar de que es una de las figuras más importantes de la poesía rusa de principios del siglo XX. No es de extrañar.  En los avisos de los periódicos de la ciudad que registraron la llegada del vapor francés, —lo contó el poeta y ensayista Ángel Augier— solo reseñaron por sus nombres a dos de los 232 pasajeros que viajaron con destino a La Habana: un ingeniero cubano que dirigía una conocida revista de la época y un embajador panameño; de los otros 361 que seguían en tránsito, —entre ellos, Mayakovski— solo mencionaron a un biólogo francés que fue agasajado por sus colegas del patio.

Además, también en esa etapa inicial de la Revolución de Octubre había un gran desconocimiento en Latinoamérica —y Cuba no era la excepción— del desarrollo de la cultura soviética y de sus máximas figuras. “En esas circunstancias, —como dijo Augier— resultaba difícil que los periodistas cubanos pudieran dar algún significado al nombre de Vladimir Maiakovski, en el caso improbable de que hubieran tenido acceso a él”.

Tan extenso es el andar de aquel extranjero solitario que se le complica regresar al Espagne pues, curiosamente, recuerda la calle por el letrero “Tráfico”, y todas las esquinas de La Habana lo tenían para señalar la dirección del tránsito de los vehículos.

Ya en la quietud de su camarote, escribirá un poema, titulado “Black and White”, que es la marca de un whisky a la que hace referencia en sus andanzas habaneras, y es —como bien dijera el colega Leonardo Depestre— una alegoría de la imagen con que el poeta rojo parte del país: la de una sociedad dividida según la raza y la riqueza.

Imagen: La Jiribilla

Gracias a este poema y a su costumbre de escribir sus impresiones de viaje, —que en esta ocasión conforman luego su conferencia “Mi descubrimiento de América”—, se pudo tener evidencia de este breve y anónimo encuentro del gran poeta y dramaturgo revolucionario ruso con el trópico.

Lamentablemente, sobre Vladimir Mayakovski solo se conocerá en Cuba después de su muerte, cuando “un notable escritor y avezado periodista”, José Antonio Fernández de Castro, publica en la edición de mayo de 1930 de la Revista de La Habana unas notas sobre este importante intelectual ruso, donde destaca su estancia en el país cinco años atrás e incluye dos de sus poemas. El material se acompaña con un retrato de Mayakovski.

Por cierto, en sus escritos sobre La Habana, cuenta el anónimo viajero que le salió al paso, en los muelles, un desempleado que le hizo preguntas en varios idiomas. Para evitarlo, él respondió en inglés que era ruso. El hombre se entusiasmó y agarrándole de las manos le gritó a todo pulmón: “¿Usted es bolchevique? ¡Yo también soy bolchevique!”

 

Comentarios

SRA, JOSEFINA ORTEGA, SOY UNA LECTORA DE ''LA JIRIBILLA, SOY CUBANA Y VIVO EN NEW YORK. ME GUSTA MUCHO LEER SUS ESCRITOS DE ''MENORIAS'' GRACIAS PORQUE ME AYUDA A CONOCER COSAS DE CUBA QUE NO SABIA.ATENTAMENTE. C. A.

fue Mayakovsky aquel poeta encendido el que desperto en la antigua union sovietica el fervor de la poesía revolucionaria en aquellas personas con ganas de luchar ..........

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