La película de Ana

Metáfora sobre la ética y la supervivencia

Yinett Polanco • La Habana, Cuba

La película de Ana, estrenada en el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, obtuvo entre sus reconocimientos el Coral al mejor guion. Su guionista, Eduardo del Llano, es una suerte de partenaire habitual del director de la película, Daniel Díaz Torres. Escritor, guionista, actor y director, fundador y director del grupo de creación literaria y teatral NOS-Y-OTROS, del Llano es el autor de títulos como Criminales, La clessidra di Nicanor, Obstáculo y Los viajes de Nicanor, entre otros. Ha dirigido, además, los cortos de Nicanor y el filme estrenado el pasado año, Vinci. En entrevista con La Jiribilla, Eduardo narra la génesis de La película de Ana, en una historia que le contaron más de un lustro atrás.

Imagen: La Jiribilla

“Un día que fue a la casa, porque en esa época éramos casi vecinos, Tamara Morales me contó la historia de un extranjero que quería entrevistar a una jinetera cubana. La jinetera montó un personaje, fue, hizo la entrevista y le pagaron. Era una de las tantas estrategias de sobrevivencia del periodo especial. Allí terminaba su anécdota.

“Escribí un cuento sobre eso, inédito aún. Con frecuencia le pasaba a Daniel Díaz Torres mis últimos textos, siempre pensando en que se convirtieran en película, como ha ocurrido a veces y, probablemente, lo siga haciendo. Cuando le comenté esa historia en particular me dijo que le gustaría para hacer un guion. En ese momento estábamos trabajando en Lisanka; luego, empezamos a escribir este y en los últimos cinco años hemos estado buscando financiamiento para las dos películas que, por suerte, se filmaron en el orden en que fueron escritas.

“La historia refleja, precisamente, un pasaje de la vida real en el cual a nosotros nos pareció que había una metáfora sobre la ética, la supervivencia, y los entresijos de las relaciones entre esos conceptos en el periodo especial y los años un poco difusos que vinieron después. A partir de ahí, formamos el guion. Cuando ella cree que solucionó el problema, el dilema aumenta y comienza a entretejerse con decisiones morales y complicaciones que beben de lo dramático, pero siempre en la onda de la comedia.

“Muchas personas, incluidos algunos críticos, identifican a la comedia con su vertiente más liviana. La película de Ana es una comedia aunque no es banal, está relacionada con algo muy íntimo de cada cual: nuestras decisiones y hasta qué punto es ético hacer algo y cuándo te traicionas a ti mismo; hay quienes pueden vivir con eso,  otros no tanto”.

La dupla Eduardo del Llano-Daniel Díaz Torres ha sido una de las más estables y prolíficas del cine cubano. ¿Cómo es el diálogo entre ustedes?

He trabajo con tres directores importantes de Cuba, pero Daniel Díaz Torres es con quien más sistemáticamente lo he hecho. Tenemos cinco títulos: Alicia en el pueblo de las maravillas, Kleines Tropicana, Hacerse el sueco, Lisanka y La película de Ana. Él ha filmado nueve películas, así que más de la mitad de su obra ha sido conmigo; yo he terminado diez guiones de largometraje, así que la mitad de mi obra se ha desarrollado con él.

Daniel me introdujo en el cine con Alicia en el pueblo de maravillas. Él había terminado su segunda película, Otra mujer, y estaba buscando tema para la tercera, leyó el cuento de NOS-Y-OTROS —que era mío pero salía bajo la firma de NOS-Y-OTROS, como todo lo que hacíamos en aquella época—, y nos propuso escribir una película de tres cuentos; el de Alicia… serviría de base para uno de los tres, hasta que la historia empezó a absorber a las otras dos y terminó siendo la película.

A pesar de no haber sido nunca mi aspiración, gracias a Daniel entré al cine a los 23-24 años, sin saber más que el espectador promedio. De pronto, con la arrogancia propia de esa edad, comencé a decir: yo también puedo hacer esto, y a descubrir el universo que había detrás. Daniel tuvo mucha paciencia para aguantar mi aprendizaje porque, por supuesto, nuestros primeros guiones tenían mucho chiste casi de festival universitario, de esos textos iniciales de NOS-Y-OTROS que tal vez funcionaban bien con el público en el teatro pero que en cine son un tono superado, al menos por su vertiente más interesante y contemporánea. Nada más por eso, ya le estaría muy agradecido.

Daniel tiene ahora tres proyectos en mente, no todos conmigo; pero hay uno que está simplemente hablado, del otro ya hice una primera aproximación. Espero que al menos uno se concrete en los próximos años, porque me seduce mucho; es, probablemente, una historia en tres cuentos desarrollados en contextos pueblerinos, y la idea es que yo dirija uno y él los otros dos.

Nuestra relación ha sido siempre muy creativa, él me reta a que se me ocurran cosas. Como guionista he trabajado, además, con Fernando Pérez y Gerardo Chijona; con los tres debatía bastante mientras escribía, sin embargo, Chijona por ejemplo, prácticamente no escribía, yo le llevaba las escenas en base a lo que habíamos hablado y él me decía: “en esto puedes trabajar un poco más”, pero me devolvía el guion para que yo lo hiciera. Fernando y Daniel son directores que escriben también y que pueden no solo decirte “esto está mal”, sino traerte una versión mejor, diferente.

Daniel, además, es alguien muy sanguíneo, parece bravo todo el tiempo. Mi casa anterior era más grande que la actual y allí estaba nuestro sitio de trabajo habitual. Imagino que los vecinos pensarían que en algún momento nos agarraríamos por el cuello, porque nos apasionábamos muchísimo y podíamos tener una bronca por cómo reaccionaba o no un personaje. La mejor prueba de que la relación funciona es que hemos seguido trabajando juntos durante años. Aunque con el paso del tiempo uno analiza los filmes y piensa “esto hoy lo hubiera hecho de otra manera”, no reniego de ninguna de mis películas; algunas me gustan más, otras han tenido mejor resultado artístico y con la crítica o la recepción del público.

¿Ha cambiado tu modo de escribir guiones, luego de haber incursionado como director?

Sí, aunque ha sido un proceso, no ocurrió inmediatamente cuando empecé a dirigir. Yo iba algunos días a los rodajes de las películas de las cuales era guionista porque me encantaba el ambiente. A veces, me ponía bravo en alguno porque decía: “esto no es como lo escribí”, pero el director me contestaba: “así es como se va a hacer”. Luego, pensé que me gustaría intentar dirigir, hasta que finalmente lo hice. Colocarme del otro lado me ha ayudado a entender más al director, a saber que en ocasiones debes adaptar el guion o improvisar.  

El peso fuerte de La película de Ana está centrado en un personaje femenino, algo no habitual en el cine cubano, pero con antecedentes como la propia Alicia… en el cine que ustedes han hecho juntos.

De las cinco películas que he hecho con Daniel, tres tienen nombre de mujer y ellas son las protagonistas. Incluso, en Hacerse el sueco —quizá no sean los principales—, los personajes de Ketty de la Iglesia y de Coralita Veloz, también tienen mucho peso. En el cine de Daniel, mucho más que en el mío, los personajes femeninos son determinantes. En los trabajos que he hecho como director, las mujeres no son protagonistas, incluso, a veces están tratadas de modo un poco machista, o al menos superficial.

Daniel siempre ha tenido interés por los personajes femeninos y para mí, como guionista, es muy interesante hacerlo por la cantidad de dificultades y problemas extras que enfrenta la mujer cubana actual: la dificultad para mantenerse con la sensación de estar vivas, de mantener la sonrisa, de sentirse bellas, de mantener el amor, de mantener la aspiración de trabajar. Las mujeres son quienes, de alguna manera, sostienen mayoritariamente la vida cotidiana y, además, tratan de hacer otras labores. En ese sentido, son personas más polifacéticas que los hombres. Es más fácil dar una época y los conflictos que bullen en ella a través de la vida de una mujer, porque ella está casi siempre en contacto con la realidad circundante, lo que no siempre ocurre con los hombres que a veces se abstraen. Al mismo tiempo, es un reto para mí porque el misterio femenino es eterno y uno nunca sabe exactamente cómo piensan las mujeres. Uno más o menos intenta dar en el clavo, entrevista a muchas mujeres y luego, la historia pasa por el filtro de la actriz que suprime o añade parlamentos. Como guionista me parece genial porque me da la oportunidad de probarme a mí mismo.

Imagen: La Jiribilla

Después de diez guiones filmados y su experiencia previa con el evento, ¿le sorprendió el Coral por La película de Ana en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano?

Sí, me sorprendió muchísimo. Unos días antes de la premiación me habían entrevistado para Cubacine y dije que no esperaba nada del Festival, que yo había tenido muy mala suerte con los festivales en Cuba. Comencé a enviar materiales al Festival a finales de los 80, hace más de 20 años, y nunca había ganado nada. Incluso, películas que yo había escrito habían tenido múltiples premios, por ejemplo, La vida es silbar obtuvo como cinco o siete corales, pero no de guion; Kleines Tropicana fue Premio especial del jurado, Hacerse el sueco fue Premio del Público, casi todas habían obtenido algún premio en el Festival pero nunca de guion. De pronto, este año tuve la suerte de obtener dos premios de guion, uno por Vinci en un Festival en Gramados, Brasil, y este en La Habana por La película de Ana. No sé si será porque ya cumplí 50, que me están dando algún regalo. De todos modos, el guionista es un personaje invisible, no solo en Cuba, la gente solo se acuerda de él si la película es mala, porque culpan al guion.

Estoy muy satisfecho con el premio por La película de Ana pero para mí eso no cambia nada; no quiere decir siquiera que lo considere el mejor, solo fue al que le tocó. Uno no se puede detener porque eso te plantea nuevos retos. Luego de un premio la gente espera aún más.

Debe rodar una película este año…

Si todo sale bien, este año voy a hacer dos: una independiente que voy a filmar en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), un mediometraje llamado Casting. Cuenta la historia de seis actores que optan por un papel de una película y cómo se relacionan con el director, delante de la cámara. A través de ellos se reflejan todas las actitudes de quienes están luchando por un poder o un privilegio. La otra, será un largometraje titulado Omega 3, como la pastilla. Será una película de ciencia ficción que se desarrolla en un momento impreciso del futuro en un país indeterminado, no en Cuba. No es un filme a la americana, repleto de robots y naves espaciales, aunque la situación es futurista y tendrá algunos efectos especiales. Tendrá pocos personajes, aunque no tan pocos como Vinci, incluso hay un coprotagónico femenino importante. Es una comedia de humor negro, hay una visión satírica, incluso paródica sobre la realidad mundial. La mejor ciencia ficción intenta eso, no tanto deslumbrarte con un mundo futuro posible como lograr una alerta hiperbolizando ciertas tendencias o situaciones de la actualidad. Se pretende filmar en el segundo semestre de este año, el protagonista debe ser Carlos Gonzalvo y el director de fotografía Raúl Pérez Ureta, los otros nombres aunque algunos están decididos, todavía están por confirmar. Aunque hay algunos precedentes, sobre todo en animación, en general la ciencia ficción ha sido un género poco recurrente en el cine cubano. Por una parte, por el tema de las dificultades económicas y tecnológicas, por otra, porque la realidad cubana es lo bastante atractiva para contar historias como para que la gente vaya a buscarlas a otro lado; también, porqué la ciencia ficción ha sido un género subvalorado por mucho tiempo y, además, porque nuestro cine se ha sostenido durante mucho tiempo gracias a las coproducciones y ahí encontraban espacio los clichés de lo que los productores extranjeros esperaban ver en una cinta cubana. Quizá Omega 3 genere tanta polémica como Vinci, pero de esa es la idea.

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