Minerva, presente en la prensa cubana de los siglos XIX y XX

Cira Romero • La Habana, Cuba

Un recorrido por las publicaciones culturales cubanas de los siglos xix y xx nos pone en contacto con tres revistas de diferente factura. La primera en el tiempo es La Minerva (Santiago de Cuba, 1821-1823), aparecida en uno de los momentos de libertad de imprenta decretado por el gobierno español; le sigue Minerva (La Habana, 1888-1889) y su continuadora en el siglo xx, aparecida entre 1910 y 1915 y con un nuevo impulso en 1925.

La Minerva santiaguera fue un “Periódico político, científico y literario”, redactado por el dominicano Francisco Muñoz del Monte (1800-1868), quien desde muy niño pasó a residir en esa ciudad, donde fue condiscípulo de José María Heredia. Fue diputado a Cortes y se vio precisado a trasladarse a España por razones políticas, donde también fue encarcelado. Regresó a La Habana en 1840 y desarrolló labores en el campo de la abogacía, además de publicar sus poemas La mulata (1845) y Dios es lo bello absoluto (1858). Mantuvo estrechos vínculos con Domingo del Monte, que era su primo hermano. Murió en Madrid.

Al fundar La Minerva apenas tenía algo más de 20 años, pero cuando apareció el segundo número los ejemplares fueron secuestrados por el Jefe Superior Político de la ciudad y Muñoz del Monte detenido, mas fue absuelto por el tribunal de imprenta llamado Mesa Censoria, declarando que “no era subversivo ni abusivo de la libertad de imprenta”. Aunque a nuestros días no ha llegado ningún ejemplar de este periódico, el erudito Antonio Bachiller y Morales informa en sus Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba que “era uno de los mejores, por su contenido y sus formas elegantes”. Otro estudioso de la prensa cubana, José M. Labraña señala en su trabajo “La prensa en Cuba”, aparecido en Cuba en la mano, que “era uno de los mejores de la época, cuyos trabajos eran reproducidos por los demás de la isla”. Al cesar la libertad de imprenta en 1823, La Minerva desapareció.

Sesenta y siete años después apareció en La Habana la revista Minerva, de carácter quincenal y “dedicada a la mujer de color”. Fue dirigida por Miguel Gualba. Como se advierte en su subtítulo, estaba dedicada a reflejar los problemas e intereses de la mujer de la raza negra. Publicó poemas, trabajos sobre educación e instrucción y notas sobre moral. Colaboraron en sus páginas Úrsula Coimbra de Valdés, Lucrecia González, África C. de Céspedes y Joaquín Granados. Publicó un discurso de Martín Morúa Delgado, destacado defensor de los derechos de los negros. Esta revista desapareció en 1889, pero varios años después se publicó, ya en la etapa republicana, exactamente el día 15 de septiembre de 1910, otra de igual nombre y con el subtítulo de “Revista universal ilustrada. Ciencia, artes, literatura, sport”. Al poco tiempo de publicarse se declaró continuadora de la Minerva fundada en 1888. Estuvo bajo la dirección de Oscar G. Edreiras e Ildefonso Morúa Contreras. En el primer número presentó una relación de colaboradores donde figuraban el poeta postmodernista y renovador de la lírica cubana a comienzos del siglo xx, José Manuel Poveda, Juan Gualberto Gómez, que fue su director honorario, y además figura destacadísima de la vida política y cultural cubana, sustituto de José Martí en el periódico Patria al morir en los campos de Cuba, Nicolás Guillén (padre) y el periodista Lino Dou, sobre quien Nicolás Guillén, hijo, nuestro Poeta Nacional, escribió páginas memorables.

En esta segunda época la revista Minerva alcanzó una gran importancia, ya que sus páginas reflejaban los problemas que afrontaban los intelectuales negros, las luchas que sostenían por sus derechos y por su desarrollo cultural. En sus páginas aparecieron noticias acerca de las actividades de la Sociedad de Estudios Literarios, que se organizó en La Habana a principios de 1912 con el fin de ofrecer disertaciones literarias, las cuales se realizaban en los salones del Círculo Progresista, que dirigía Juan Gualberto Gómez. Precisamente la primera en brindarse, el día 12 de marzo del citado año, estuvo a cargo del poeta Poveda. La revista recogió fragmentos de algunas de las charlas ofrecidas.

Innumerables escritores prestaron su colaboración en esta revista, encabezados por Don Fernando Ortiz, a cuyo nombre se suman los del narrador, dramaturgo y ensayista José Antonio Ramos, el poeta Regino E. Boti, renovador, junto con Poveda de la poesía cubana de inicios del siglo xx, Jesús López Silvero, Ramón Vasconcelos, Pedro A López, Alfredo Zayas, que fue presidente de la república años más adelante, Lorenzo Despradel y Aurelia Castillo de González.

Esta última, destacada luchadora por los derechos de la mujer, y que había sido expulsada de Cuba a causa de una carta de pésame enviada a precisamente a Alfredo Zayas cuando un hijo de este murió en la manigua, durante la guerra del 95, fue una de las más constantes colaboradoras de esta revista, con artículos donde demandaba espacio para reivindicar los derechos de la mujer y también con poemas de su autoría. En sus páginas dio a conocer uno fechado en La Habana en 1901, que lleva por título “Expulsada”, escrito cuando ocurrió la muerte de su esposo. Leamos algunas estrofas:

 

Te fuiste para siempre. Quedé en el mundo sola.

Mis lágrimas corrieron un año y otro año...

Gritáronme de arriba “¡Anda!”, y anduve errante,

y al fin me vi de nuevo en nuestro hogar de antaño.

 

Tu espíritu amoroso flotaba en todas partes.

Cantaba con las aves, perfumaba en las flores.

Con el véspero triste me enviaba tu sudario

y envuelta en él soñaba nuestros dulces amores.

 

En el portal extenso contigo me veía

paseando alegremente cual buenos compañeros.

Ya el sol se recataba tras la cercana loma,

y aún tardarían mucho en brillar los luceros.

 

Bañábamos a un tiempo los cuerpos y las almas

la brisa, que era suave como un rozar de plumas,

la luz, que era soberbia cual luz de paraíso,

la dicha, que era clara como un cielo de brumas.

 

De abril de 1915 data el último número revisado y, al parecer, la publicación cesó ese año. Sin embargo, se han visto algunos ejemplares del año 1925, en los que la revista permanecía en su afán por apoyar las reivindicaciones demandadas por los negros.

A todo lo largo del siglo xx no se encuentra otra publicación como Minerva que tuviera fines similares. Esta revista se destaca por la colaboración de importantes figuras de nuestra cultura, cuyos nombres ya han sido mencionados, pero además, porque supo convocar a todos los intelectuales, fueran negros o blancos, en favor de la lucha en favor de la igualdad racial.

José Antonio Ramos, espíritu inquieto e intelectual de una postura política vertical, valoró esta publicación a través de un artículo aparecido en la revista habanera El Fígaro donde hacía mención a varias revistas importantes de la década de 1910. Allí escribió: “Minerva transita sola por las letras cubanas porque sus redactores así lo han querido. Sus asociados —y yo me siento parte de ellos— luchan por ideales justos que la republica cubana no ha sabido cumplir, pero ellos no cejarán, no cejaremos, en las demandas. El mundo es uno, Cuba es una. La desigualdad racial es una crápula que infecta nuestra biología social. Exterminémosla”.

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