Misa Cubana... de domingo

Abel Sánchez • La Habana, Cuba
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Es domingo, día de misa. Pero la misa a la que asistimos fue diferente. No hubo campanas bien temprano, porque comenzó al caer la noche. No tuvo lugar en una iglesia, sino en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Hubo música sacra, pero sincretizada con tambores africanos. Y no la ofició ningún cura, sino un músico, el compositor y pianista José María Vitier.

Imagen: La Jiribilla

La Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre —escrita por Vitier hace 16 años— llegó al centenar de presentaciones y este concierto número cien marcó el final de la gira ofrecida en cinco provincias cubanas para celebrar el 400 aniversario del momento en que, cuenta la historia, se apareció la imagen de la Virgen.

Su autor, a sala llena, tomó una vez más la batuta y dirigió al Coro Exaudi y la Orquesta de Cámara Solistas de La Habana, así como a las voces de Bárbara Llanes, Augusto Enríquez, María Felicia Pérez, Amaury Pérez y Liuba María Hevia.

Imagen: La Jiribilla

Aquel 8 de diciembre de 1996, día en que se estrenó la pieza en la Catedral de La Habana, nadie, ni siquiera el propio José María Vitier, podía imaginar la cantidad de escenarios en que llegaría a escucharse: Washington, Virginia, Montreal, Roma, Lisboa, Tel Aviv y ciudades de Francia, Dinamarca, Suiza, Ecuador, Brasil, Argentina, México, República Dominicana, España, hasta sumar 16 países.

Por eso, antes de iniciar esta Misa de domingo, el compositor dio las gracias al cardenal Jaime Ortega, a Armando Hart Dávalos, Abel Prieto, Eusebio Leal y Abel Acosta por el apoyo ofrecido a la obra.

Rememorando el camino a lo largo de todos estos años, Vitier confesó la agradable sorpresa que le provoca constatar el hecho de que una obra de tan marcado carácter religioso, haya encontrado eco en el corazón de tantas y tan diversas personas:

“Creyentes muchos en su único Dios, creyentes otros en numerosos dioses y diosas, creyentes también, o solamente, de sus pequeños y personales dioses o simplemente creyentes, que sin considerarse como tales, se abrazan a un puñado de convicciones que conducen al amor de mil variadas formas y por los más diversos e inesperados caminos”.

“En esta historia —agregó— no faltaron los que pensaban que las aguas eran demasiado inseguras y el botecito de la Virgen, demasiado frágil. Incluso los que ejerciendo también su legítima libertad de conciencia denegaron la invitación a sumarse o a apoyarnos. Afortunadamente, para ellos y para nosotros, los milagros sí existen y existen para todos, lo crean o no, lo sepan o no.

Imagen: La Jiribilla

A fin de cuentas de eso se trata, porque la pieza, además de una ofrenda a la Virgen de manos de Vitier y su esposa Silvia Rodríguez Rivero —quien escribió la mayoría de los textos— por la salud recobrada de su hijo José Adrián, es un intento por acercar a todos aquellos que, de una forma u otra, todavía creen en el amor y en el hombre:

“Agradecer, comprender, respetar, aprender, pero sobre todo contribuir a unir y expresar un voto de esperanza, s