Oscar Barney: “Un director se forma toda la vida”

Maydelis Gómez • La Habana, Cuba

Oscar Barney llegó al cine por uno de esos “berretines o ideas que uno tiene desde chico y que te impulsan”. Como muchos argentinos, el primer viaje a París marcó su destino. Allí estuvo tres años: estudiando los movimientos de la cámara, los directores, las obras, y luego regresó a su tierra con infinitos deseos de hacer. Pero en los años 60 —cuenta— no se encontraban los medios ni el apoyo financiero que ahora poseen quienes comienzan en este mundo. “No logré volcar enseguida esa experiencia que había adquirido en Europa, por eso me inicié en el teatro y también tuve experiencias en la televisión. Hacia fines de los 60, hice algunos cortometrajes; entre el 69 y el 70 filmé un mediometraje, pero no fue hasta 1974 que realicé mi primer largometraje”.

¿Cuánto le aportaron los otros medios a su trabajo como cineasta?

La televisión, el teatro y la ópera me han ayudado mucho en mi forma de hacer cine. La televisión me dio mucha inmediatez. La seducción mayor era la presión de salir al aire con tanta rapidez. Es muy intensa la vida en un set, construir decorados, planificar movimientos; aunque también aporté a la televisión desde el cine, pues comencé a realizar planos secuencias y a utilizar grúas. El teatro y la ópera me demostraron lo vital que es el trabajo con los actores o cantantes, pues cuando salen a escena ellos son sus directores, uno no puede decir “іcorten!”

Y aunque no he hecho cine desde hace unos años, es el medio con el cual me identifico. Me encanta por lo elaborado que puede llegar a ser un filme, por el cuidado que uno debe tener en todo lo que es poner en pie una historia. Es emocionante convivir con un equipo de trabajo largo tiempo y embarcarse en esa larga y apasionante travesía que es hacer una película.

Y si le gusta tanto este medio, ¿por qué no hace una película desde hace 15 años?

Dicho de esa manera pareciera que no he hecho nada en todo ese tiempo. Después de Momentos robados (1997) he tenido numerosas obligaciones en el Instituto de Cine, en el Festival de Mar del Plata, en el Fondo Nacional de las Artes. Además, he seguido dirigiendo proyectos en la televisión, el teatro y la ópera. No he estado sufriendo una espera eterna para volver a filmar, he vivido este periodo con intensidad y mi paso por diferentes medios artísticos me ha demostrado que estos no son una fábrica, pues requieren y necesitan pasión.

Ahora quiero volcar esta experiencia acumulada durante 15 años en un proyecto que estoy realizando en Chile, país en el que he vivido en los últimos tiempos.

¿De qué se trata esta historia?

El filme es una adaptación de Los amores de Neruda, novela de la periodista Inés María Cardone. Es, absolutamente, una ficción; no me gustan las películas biográficas, me aburren. Un momento de la vida de alguien contado en profundidad narra más que toda una historia biográfica. Esta cinta es una mirada a Pablo Neruda a través de muchas mujeres que tuvieron que ver con él y va a la búsqueda de lo que era su forma de ser.

Es una película pensada para que no sea muy costosa, y la Fundación que lleva el nombre del poeta me está apoyando, así que estoy muy optimista y por supuesto que la traeré al Festival de La Habana.

Hace unos meses me reuní con el equipo de rodaje y realizamos unas tomas en Isla Negra, la casa del premio Nobel de Literatura. Me sentí como si hubiese estado haciendo eso toda la vida. Después de tanto tiempo uno piensa que, a veces, por no filmar se va quedando a la retaguardia; pero no es así, porque se avanza en otros aspectos y, por otro lado, sigo viendo mucho cine y me percato de cómo evolucionan las historias, el lenguaje… pero lo imprescindible es seguir siendo leal a uno mismo.

No es la primera vez que se decide por adaptar una obra literaria…

Es cierto. He llevado a escena obras de grandes escritores. Adapté El proceso, de Kafka para la televisión; también hice una obra inspirada en Federico García Lorca. Adoro la literatura porque siempre se está renovando. Cuando llego a un país, lo primero que hago es buscar a sus autores. Quizá por eso me decidí por filmar una película de Neruda contada desde sus mujeres, porque desde que llegué a Chile leí mucho sobre él.

¿También está buscando libros en Cuba?

Sí. En Argentina me recomendaron que leyera a Leonardo Padura. Por eso en este primer viaje a La Habana quiero encontrar libros de él.

Sin embargo, ha leído bastante, aunque no precisamente libros, sino guiones

Ser parte del jurado en la categoría de Guiones Inéditos en este Festival es una gran responsabilidad. Tenemos que decidir entre 30 guiones, aproximadamente, cuál merece el Coral. Lo que estoy buscando en ellos son historias, que me cuenten algo concreto y si esto ocurre, a partir de ahí comienzo a ver la estructura, la definición de los personajes, los diálogos que tiene. Quien tenga todos esos elementos será el elegido. El guion es un punto clave en la película, aunque a veces pienso que no se le dedica tanto tiempo.

Ese podría ser un buen consejo para los directores noveles, ¿cuáles otros les daría Oscar Barney?

Hay que vivir con intensidad y sentir pasión por lo que se hace. Un director no egresa con títulos, se forma durante toda la vida. A mi edad considero que todavía me estoy formando, hay cuestiones que quiero experimentar y me siento siempre como si fuera un estudiante. En el cine no hay que afirmarse demasiado en lo que uno sabe, hay que inquietarse por lo que no se sabe.

¿Cómo valora a las nuevas generaciones de cineastas que se forman en Argentina?

Me siento muy orgulloso de haber contribuido a la formación de muchos de ellos. He visto películas de alumnos míos las cuales me atraen como espectador y confieso que varios me han sorprendido. Los noveles directores tienen ahora más oportunidades para filmar que en mi época de juventud, y eso es algo excelente. Es evidente el recambio generacional que hay en el cine argentino, pero no me asusta, porque siempre habrá espectadores que se interesen por el camino que uno ha trazado y al que ha sido fiel. Hay caminos para todos, para los que se inician y también para aquellos que siguen fieles a sus propuestas. Y aunque, actualmente, existen ciertas políticas que llevan a determinados caminos, no debe desaparecer la mirada, desde lo estatal, a la variedad de cineastas que aún tienen vigencia y mucho que expresar.

 

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