Otro modo de enfrentar la violencia

Cristina Hernández • La Habana, Cuba

No, no es la solución/ tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi/ ni apurar el arsénico de Madame Bovary/ ni aguardar en los páramos de Ávila la visita/ del ángel con venablo/antes de liarse el manto a la cabeza/ y comenzar a actuar. Así aclamaba la escritora mexicana Rosario Castellanos en su “Meditación en el Umbral”, una especie de recorrido a través de las soluciones violentas y trágicas que han debido enfrentar las mujeres transgresoras en la literatura universal.

La presencia femenina en la historia de las artes, ya sea como sujetos u objetos de la representación, ha sido, en efecto, un reflejo de la agresividad patriarcal. A través de la presencia explícita de la discriminación por motivos de género o al sostener los imaginarios simbólicos que generan la exclusión femenina, podemos avistar un tipo de representación hegemónica en la cual la violencia contra las mujeres aparece sin ser cuestionada.

Imagen: La Jiribilla
"La Industrial, Lavandería Habana". Cirenaica Moreira

 

Lucía Guerra, ensayista mexicana, desentraña la construcción simbólica del ser femenino en la cultura occidental para demostrar que “el patriarcado, lejos de ser un poder estático, se perfila como un cauce múltiple que inserta el signo mujer en el flujo de un devenir histórico siempre cambiante”1.

Por su parte, Virginia Wolf advierte en Una Habitación propia que “las mujeres han servido todos estos siglos de espejos que poseían el poder mágico y delicioso de reflejar la figura de un hombre al doble de su tamaño natural”. Esas violencias latentes en la subvaloración, la omisión y el ocultamiento subyacen en las representaciones sociales, en los imaginarios colectivos y en el canon cultural de manera invisible, como si se tratara de hechos naturales.

La cultura ha servido también para aportar contradiscursos a las tradicionales relaciones entre hombres y mujeres, en especial cuando se trata de obras de autoría femenina. Literatura, artes plásticas, teatro, cine y música van mostrando cada vez más una conciencia de artistas e intelectuales por visibilizar el papel activo de las mujeres en la sociedad, sus posibilidades de emancipación y autonomía para decidir sobre su destino.

No es fortuito que muchas de las campañas contra la violencia hacia las mujeres en el mundo recaben apoyo de la comunidad cultural para subvertir los prejuicios y estereotipos que sostienen esta clase de maltrato. Vincular a líderes de opinión y propiciar un cambio en la imagen femenina que reproducen los medios de comunicación y las industrias culturales se ha convertido también en un modo efectivo de enfrentar la violencia contra las mujeres y las niñas.

Imagen: La Jiribilla
"Didáctica", Aimée García

 

Con las nociones jerárquicas que instituye el poder patriarcal aparecen un grupo de desigualdades que, a la postre, generan actitudes agresivas. Aunque la violencia de género afecta tanto a hombres como a mujeres pues su origen radica en la inequidad cultural de género, ellas han sido las más afectadas, no solo en su integridad física, sino en el desarrollo sicológico pleno, la libertad y la autoestima. Cifras de la Organización de Naciones Unidas indican que seis de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia, muchas veces de manos de sus parejas o seres cercanos, por lo que la Organización Mundial de la Salud la considera una pandemia mundial con severas secuelas sociales y económicas.

El Plan de Acción de la Conferencia de Beijing de la ONU define la violencia contra las mujeres como “una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres que han conducido a la dominación masculina, a la discriminación de las mujeres por parte de los hombres, a impedir su pleno desarrollo. La violencia contra las mujeres a lo largo de su ciclo vital tiene su origen en pautas culturales, en particular, en los efectos perjudiciales de algunas prácticas tradicionales o consuetudinarias y de todos los actos de extremismo relacionados con la raza, el sexo, la lengua, la religión, que perpetúan la condición inferior que se asigna a las mujeres en la familia, en el lugar de trabajo, en la comunidad y la sociedad”.

Para nombrar esta problemática se utilizan términos como violencia doméstica, violencia intrafamiliar o violencia de pareja, mas estos contribuyen a soslayar la causa primera pues aluden al espacio en que ocurre el acto agresivo, pero no especifican su origen. Lo importante en este caso es señalar que la violencia de género es parte de un proceso social, cultural e histórico que instaura relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres.

Como el patriarcado, la violencia de género tiene múltiples formas de manifestarse y, aunque por lo general el daño físico resulta más perceptible, es en realidad la sicológica el tipo de violencia más extendida y a la vez menos visible. El acoso, el maltrato verbal, las amenazas, los insultos, ofensas, subvaloraciones, entre otros perjuicios a la integridad mental y la autoestima femenina, aparecen a la orden del día en nuestras sociedades. Además, se habla de violencia por motivos de género también en lo económico, estructural y simbólico.

En Cuba se dice que es la sicológica la violencia de género que prevalece, si bien esto no implica que no existan agresiones físicas contra las mujeres, sobre todo en el interior de la pareja. A esta manifestación de la agresividad machista se le dedica este año la Jornada de Acciones por la No Violencia contra la Mujer que desde 2007 celebran entre noviembre y diciembre organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR), junto con la Federación de Mujeres Cubanas, el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), entre otras instituciones estatales. Desde su celebración en 2007, las Jornadas en torno al 25 de noviembre, día Mundial de Lucha contra la violencia de género aúnan los esfuerzos de la academia con la red de activistas y líderes locales identificados con este fenómeno.

Vincular las artes a las actividades que pretenden visibilizar la violencia de género en la sociedad cubana, a la vez que sensibilizar sobre la necesidad de superarla, ha sido parte de la estrategia emprendida en la Isla. Exposiciones, conciertos, cine debates y publicaciones de libros sobre el tema han venido apareciendo de manera continua en los últimos años.

En 2008, el Coloquio Internacional que realiza anualmente el Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas dedicó sus sesiones al tema de la violencia contra las mujeres en la cultura latinoamericana y caribeña; en 2010 la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC) convocó junto con OAR al Coloquio “Tiene que haber otro modo. Representaciones de la Violencia y contraviolencia de género en las artes”; el Proyecto Todas Contracorriente que lidera la cantante Rochy Ameneiro comenzó a trabajar desde 2011 en favor de esta causa y ese mismo año se inició en la UNEAC un espacio de debate mensual sobre temas de género y cultura llamado Mirar desde la sospecha, en el cual se ha tratado desde diferentes perspectivas la violencia de género en las artes.

A esas se han venido sumando otras iniciativas, que parten de otorgar relevancia a la obra de creadoras y creadores de la Isla que han venido trabajando de manera espontánea con estos temas. En la plástica, nombres como Aimée García, Cirenaica Moreira, René Peña y Rocío García resultan expresión de cómo se ha potenciado la denuncia de los mecanismos simbólicos de la violencia patriarcal en el arte cubano. Lo mismo pudiera decirse de escritoras como Ena Lucía Portela, Laidi Fernández, Aida Bahr o Karla Suárez, o de realizadores de la nueva generación cinematográfica como Bárbaro Joel Ortiz y Ayleé Ibáñez.

Este año, la Jornada se ha multiplicado en cantidad de organizaciones, provincias implicadas y líderes de opinión sensibilizados con la causa. La cantante Ivet Cepeda ofreció un concierto dedicado a esta lucha en la sala Astral de la capital cubana en el mes de noviembre, iniciativa que ha seguido la joven M Alfonso con un recital en el café teatro Bertolt Bretch este 8 de diciembre.

Imagen: La Jiribilla
Concierto en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, Julieta y Rochy
 

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