David Blanco toca en un garaje para diez personas

Paparazzi por un rato

César Gómez Chacón • La Habana, Cuba
Fotos del Autor
Miércoles, 9 de Enero y 2013 (9:24 am)

Esto es Cuba, y aquí todo puede suceder. Llegar a tu casa en estos días lindos de fin y principio de año, y ver un trío de viejas como nuevas Harley-Davidson adornando tu cuadra, no es noticia, pero atrae. Sentir que en el edificio de enfrente hay música, rock del bueno, tampoco es de primera plana, pero el solo hecho de no ser reguetón, ya te parece un regalo divino. Darte cuenta, segundos después, de que no se trata de un vecino que puso para el pueblo su equipo de música, sino que aquellos acordes son en vivo y en directo, comienza a serte bastante sospechoso.

Imagen: La Jiribilla

Muerto por la curiosidad, y olvidándote del cansancio del día, decides no subir a tu casa sino cruzar al otro lado de la vía. Como atrapado por el flautista de Hamelín, caminas despacio, junto con las super Harleys, y tarareas a Serrat: Arriba en mi calle comenzó la fiesta. Solo que tu calle es apenas una más en el Vedado, en esta ciudad donde “habanecen” cada día más de dos millones de personas.

Ya del otro lado, bajando un poco hacia el garaje de ese mismo edificio de enfrente, la alegría te alumbra el alma: sentado sobre un mínimo banquito de madera, está ese mismo cantante famoso que hace apenas un par de semanas repletó el teatro más grande de La Habana y llenó de buenas reseñas las páginas culturales.

Imagen: La Jiribilla

David Blanco está ensimismado. Como un cowboy, en pulóver y blue jeans, dispara acordes con su guitarra hacia todos lados. A su alrededor, unos muchachos jovencísimos le acompañan con bajo, batería y otros mínimos instrumentos. No cantan, solo rockean. La buena música, para nada estridente, arrulla los oídos. Menos de una decena de muchachos y muchachas, sentados en el piso a la entrada del local, completan el paisaje.

Pasan los minutos, pasan los vecinos. La mayoría, los de más edad, ven solo a unos “pepillos” tocando música y siguen de largo; otros más jóvenes, los que se percatan, se van sumando al público, que nunca va a sobrepasar las 20 personas. Más allá, siguiendo el cuasi concierto, los dueños de las Harley y otros amigos conversan sobre motores, modelos, pistones, y velocidades.

Imagen: La Jiribilla

David, a quien conozco bien desde hace diez años, cuando era el flaquito narizón que tocaba la trompeta en el Grupo Moncada, lanza un guiño al notar mi presencia. Solo entonces vuelvo en sí. El resto es ir corriendo por la cámara y dejar constancia de lo obvio. Por unos minutos soy el paparazzi más improvisado del mundo.

Imagen: La Jiribilla

Un par de minutos después, el ídolo del momento pone el freno suavecito, se levanta del banquito y entrega la guitarra a uno de los muchachos. El rock sigue sonando y yo aprovecho para preguntar. El David responde con sus frases cortas de siempre. “El hijo de un amigo de nuestro club de Harley… Me pidió pasar y aquí estoy… Todavía no le han puesto nombre al grupo, pero mira cómo suenan… Pidieron prestado el garaje a otro amigo… Así comenzamos todos… Oye, ¿puedo subir un momentico a tu baño…?”

Eso fue todo. Si no lo cree, aquí están las fotos (menos las del baño) para demostrarlo. David y sus amigos se fueron luego en sus motos… Y abajo en mi calle continuó la fiesta.

 

Comentarios

esas cosas solo las hace David Blanco , por eso es el mejor de todos y ejemplo para artistas de nuestro país .... gracias por ser asi David .

wao FELICIDADEZ amigo tener a un musico como este en vivo es lo maximo jajajajajaaaaa ojala hubiera sido yo la de la camara jajajajajaaaaa

Amigo César, muy bueno tu papel de paparazzi, David es un músico exelente, fuiste muy afortunado de tenerlo tan cerca descargando con su guitarra...saludos

Muy bueno!!!

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