Debates sobre Género y Cultura

Para mirar siempre desde la sospecha

Dainerys Machado Vento • La Habana, Cuba
Viernes, 18 de Enero y 2013 (2:39 pm)

Una persona (¿hombre?, ¿mujer?, ¿transgénero?...) observa su entorno por encima de unos espejuelos que tienen, a su vez, mirada propia. Es una forma de expresar que para “ver” ciertas realidades no solo han de emplearse los ojos, a veces lo más importante es la perspicacia… y la crítica enfocada en lograr equidad de género. En la androginia de la figura, en su trazo sencillo —casi una línea continua, una parte sin intención de ser un todo— en su acción de observar siempre desde la sagacidad, resumió con mucho acierto el diseñador Ángel Alonso el espíritu y el activismo del espacio de debate Mirar desde la sospecha, que el jueves 11 de enero tuvo en la Sala Villena de la UNEAC el último encuentro de lo que sus coordinadoras han llamado su primera temporada.

En sus secciones se reconstruyó la Historia de Mujeres en Cuba, se dialogó sobre el papel de ellas en el uso de las nuevas tecnologías, sobre su presencia en los cánones de la literatura, del teatro y de las artes plásticas; se analizaron los rasgos, retos y sesgos de las realizaciones audiovisuales femeninas, se criticó la representación que predomina del género en la música cubana, y se abordó una y otra vez la necesidad del empoderamiento de mujeres conscientes de la igualdad de oportunidades promovidas por la ideología feminista en espacios públicos.

En la situación económica mundial, en la historia más reciente de Cuba, en la vida de cada una de las y los implicados en la organización de Mirar…, muchos sucesos se produjeron desde que en febrero de 2011 comenzara el espacio de debate. Nada mermó el interés ni la puntualidad de la cita del segundo jueves de cada mes. Nada modificó el interés de sus coordinadores por conectarse y modificar su realidad inmediata. Desde que la conferencia de la socióloga española María Ángeles Sallé Alonso y del investigador cubano Dr. Julio César González Pagés inaugurara el encuentro con la presentación de retos para “mujerizar” al mundo público, se abrió un camino de debates diversos, con la representación y presencia de las cubanas en las artes como hilo conductor.

Entre los tópicos tratados en las sesiones de 2011 estuvieron las representaciones de género en el videoclip cubano actual, tema sobre el que volvió el espacio casi al finalizar el ciclo de ese año para tratar la violencia de género en la música popular cubana. Se debatió, además, sobre épica y mujeres, sobre la diversidad sexual en la TV y hasta dónde se han producido, en realidad, los cambios en su representación. Un panel abordó el pocas veces discutido tema de la sexualidad y género en la programación infanto-juvenil de la Televisión cubana y fue expresada entonces la necesidad de sensibilizar a los asesores de esos espacios con las relaciones de igualdad y respeto que deben promoverse entre los seres humanos.

La política cultural con perspectiva de género se puso también en la picota pública. Con énfasis se habló de la importancia de crear una ley de medios donde la representación de la mujer no sea lastre, sino medida útil para visibilizarlas más allá de los estereotipos negativos que hasta hoy predominan en la sociedad. Feminismo y literatura en Cuba fue otro de los más interesantes temas abordados en el primer ciclo de este espacio.

El año 2012 trajo nuevamente a la sala Villena de la UNEAC el debate sobre la historia y la filosofía de mujeres en la genealogía del país. A paneles tan contemporáneos como “Feminismo y Nuevas Tecnologías”, “Género y raza en la literatura cubana” y “Dramaturgia femenina contemporánea”, se unieron otros no menos atrevidos como “El arte del transformismo en la cultura cubana”, y “Las representaciones de género en las artes visuales”. El escaso abordaje de muchos de estos temas en espacios públicos extendió los debates de casi todas las jornadas durante más de dos horas, como prueba también de la incomodidad generada por esos temas en ciertos sectores sociales de la Cuba actual y de la ingenuidad de otros al respecto.

La investigadora y ensayista Zaida Capote Cruz, la escritora Laidi Fernández de Juan, la periodista y bloguera Sandra Álvarez, el Dr. Julio César González Pagés, la realizadora Magda González Grau, la académica Teresa Díaz Canals, la escritora Mirta Yáñez, y el crítico y dramaturgo Norge Espinosa, fueron algunas de las figuras que prestigiaron más de un panel con su participación. Mientras desde el público probaban su activismo indiscutible, las realizadoras Marylín Solaya y Lourdes de los Santos, la historiadora Raquel Vinant, la actriz Eva González, y otras muchas personas de presencia asidua en el espacio, que contribuyeron con sus criterios y seriedad a enriquecer los debates promovidos.

Mariela Castro, presidenta del Centro Nacional de Educación Sexual; Miguel Barnet, presidente de la UNEAC; y Waldo Ramírez, vicepresidente del ICRT, fueron algunos de los representantes de instituciones invitados indistintamente a participar en los debates, para que los criterios allí emitidos trascendieran el espacio.

Sospecho, luego actúo

Durante los debates de Mirar desde la sospecha, la literatura, y especialmente la narrativa, se mostró como la manifestación artística más atrevida y con mayores ganancias en la visibilización de los temas de equidad de género. Durante la crisis económica de los años 90 del siglo XX en Cuba, la voz de las mujeres narradoras se posicionó como especie de discurso emergente y crítico que llega hasta nuestros días en la forma de sólido canon literario. Un canon del que sin embargo, las narradoras negras se sienten en gran parte excluidas.

Un movimiento similar, en cuanto a la identidad y surgimiento de un grupo, parece estarse gestando en la creación dramática en los últimos años. El nacimiento de una hornada de mujeres dramaturgas, en su mayoría muy jóvenes, ha conectado en muchos aspectos estéticos y temáticos a la narrativa de las dos últimas décadas con el teatro. A la par se suman retos en su trabajo, pues la representación escénica de sus obras en los grandes escenarios, aún no las ha favorecido.

Tanto en las artes plásticas como en la producción audiovisual, las creaciones de las mujeres se señalan como los discursos más atractivos de la contemporaneidad. Sus retos pasan aún, increíblemente, por ocupar espacios intelectuales tradicionalmente reservados para los hombres. Fenómenos diversos se dan en una y otra manifestación.

Muchos realizadores y realizadoras audiovisuales consideran que con solo presentar la historia o presencia de una persona homo o trans, su producto ya contribuye a visibilizar sus conflictos. Pero muchas producciones han probado la ineficacia y el efecto boomerang que puede tener en un público mayormente patriarcal y homofóbico la representación estereotipada de estas personalidades.

En la música cubana, y sus productos asociados como los videoclips, las mujeres parecen llevar aún la peor parte. Temas sexistas y misóginos fueron radiados y televisados con vehemencia hasta hace muy poco tiempo. Aunque la tendencia ha sido notablemente deprimida en los medios de comunicación masiva, gracias también a posturas generadas desde Mirar…, desafortunadamente sobrevive el sexismo en los espacios de difusión alternativos. Su consolidación se agrava ante la casi absoluta vulgarización del muy popular reguetón.

Es curioso que muchas de las mujeres que promueven mensajes de equidad, que reclaman espacios a través de sus obras, tanto literarias, como dramáticas, plásticas o audiovisuales, se nieguen a reconocerse como feministas. Sobre dicha filosofía o posición política pesan aún muchos estigmas, cuya erradicación trató de promover Mirar desde la sospecha.

Tanto los avances en la representación y presencia de las mujeres en las artes, como la subversión de muchos de los estereotipos que aún pesan sobre ellas en una sociedad patriarcal, parecen encontrar uno de sus primeros pasos en la implementación de una política cultural con perspectiva de género, una política coherente, inclusiva, que otorgue espacios a discursos diferentes, que respete la otredad sin imponerla, y que estimule sobre todo la calidad artística en todas sus manifestaciones.

Por ello, el último encuentro estuvo dedicado a homenajear a la figura de la académica Camila Henríquez Ureña y a establecer una red feminista que contribuya con acciones concretas a la visibilización de los conflictos de género que aún persisten a nivel social y cultural.

Con una perspectiva siempre optimista sobre las transformaciones de su realidad, el activismo de las coordinadoras de Mirar desde la sospecha trascendió el encuentro mensual. Los debates eran solo la punta de su iceberg, solo uno entre los proyectos promovidos por el Programa Género y Cultura que auspició en los últimos dos años el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR). De la mano de la académica Danae C. Diéguez, y de las periodistas Helen Hernández Hormilla y Lirians Gordillo no solo se produjeron los debates, también se llevaron a cabo diversas acciones educativas y formativas sobre equidad de género e igualdad de derechos.

Un Taller de Sensibilización con estudiantes universitarios de Comunicación Social, Diseño Gráfico y Medios Audiovisuales produjo las campañas por la No