Peter Quanz: Danzar el idilio

Cristina Hernández • La Habana, Cuba
Fotos: Nancy Reyes

Cuando un amor imposible y desenfrenado removió los cimientos vitales de Peter Quanz, el coreógrafo canadiense lo volvió danza. Así nació Luminous, creada en 2010 para el Hong Kong Ballet y que este 5 de noviembre subirá a la escena habanera con primeras figuras del Ballet Nacional de Cuba, como uno de los más esperados estrenos del 23 Festival Internacional de Ballet.

Imagen: La Jiribilla
Peter Quanz junto a Viengsay Valdés y Danny Hernández

 

No es la primera vez que el talentoso coreógrafo guía a bailarines de la Isla, pues en el pasado festival tuvo a su cargo el montaje de Le Papillon, una pieza clásica basada en las relaciones entre Maria Taglioni y su alumna Emma Livry, en la que el creador explota las posibilidades expresivas de la escuela cubana. La admiración por Alicia Alonso y la calidad de los bailarines cubanos fueron el motivo principal de su nueva visita, esta vez para mostrar dos piezas de estilo contemporáneo.  

“El problema de venir una segunda oportunidad es que las expectativas son superiores. En esta ocasión quise ofrecer un ballet que es más personal, donde se pueden apreciar los sentimientos a través del concepto de la danza”, indicó a La Jiribilla.

Aunque bailó un par de años para el Ballet de Stuttgart, Alemania, lo que realmente sedujo desde el primer momento al joven artista fue la posibilidad de idear sus propias composiciones danzarias. Ya como estudiante de la Escuela Real del Ballet de Winnipeg realizó las primeras incursiones, cuando solo contaba nueve años, y desde 2002 se convirtió en coreógrafo independiente. Ha colaborado con prestigiosas compañías como el American Ballet Theatre, Royal Ballet, Ballet Kirov del Teatro Mariinsky, Les Grands Ballets Canadiens de Montreal, Ballet de Pennsylvania, Ballet Nacional de Canadá, entre otros.

Para el Chemnitz, de Alemania, montó El crucero de Charlie, uno de sus más exitosos ballets, inspirado en un famoso escándalo acaecido en la década del veinte en Hollywood, en el cual estuvieron involucradas personalidades como Charles Chaplin.

Imagen: La Jiribilla
Viengsay Valdés en Double Bounce

 

Su compañía Q Dance fue creada en 2010 con el patrocinio del Consejo de Canadá para las Artes y en sus primeras presentaciones logró éxitos en el Festival de Danza de su país. Con ella estrenó Double bounce, una pieza que también estará en el Festival de La Habana interpretada por las primeras figuras Viengsay Valdés y Danny Hernández.

“Es un espectáculo perfecto para las galas, con un tutú que salta y semeja un trampolín, de manera que nos cuestionamos la utilización del vestuario clásico en el ballet”, declaró.

Imagen: La Jiribilla
Viengsay Valdés y Danny Hernández en Double Bounce

 

En cuanto Luminous, resulta un ballet de 23 minutos para cuatro parejas, en el que tanto la música como el vestuario y la escenografía buscan transmitir la irreverencia de las emociones humanas. “Affairs of the Heart (Cosas del corazón)”es el título de la partitura de Marjan Mozetich que guiará los movimientos del baile.

Si bien el argumento muestra un conflicto amoroso, Quanz prefiere no categorizar el ballet, sino sentirlo. Por eso pidió que al apreciar la pieza no se prefijen emociones.

Aunque bailó un par de años para el Ballet de Stuttgart, Alemania, lo que realmente sedujo desde el primer momento al joven artista fue la posibilidad de idear sus propias composiciones danzarias.

Son, eso sí, obras para ser ejecutadas por los mejores bailarines clásicos, pero también transmiten el espíritu de la danza moderna. “Luminous  recrea la técnica clásica y la lleva a la contemporaneidad a través de la utilización de la espalda, los movimientos pesados y la manera en que las personas se relacionan unas con otras”. 

En los ensayos, Quanz contó con el apoyo de Vanessa Lawson y Linnet González. Sin embargo, insistió en que para preparar este tipo de repertorio en Cuba la compañía debe invertir más tiempo con los coreógrafos. Para su obra, los protagonistas estudiaron los movimientos por un video, de manera que cuando llegó Quanz solo tocó depurar. Según el coreógrafo, se puede enseñar a un buen bailarín a hacer cualquier cosa, lo que se necesita es la voluntad y el tiempo.  “Los bailarines cubanos se encuentran emocionados de hacer algo nuevo —reveló a la prensa—. Casi toda la compañía estaba en el estudio cuando ensayábamos”.

Pudiera ser que regrese a trabajar con el BNC con otras coreografías contemporáneas, aunque no ha comentado aún con Alicia Alonso dicha posibilidad. No obstante, aclaró que para ello deben abrirse las miras de la compañía pues “no tiene sentido comenzar un viaje artístico si no se salta sobre el agua”.

La escuela cubana de ballet marca a su juicio un sello de calidad entre la danza mundial pues logra técnicas limpias y fuertes, con énfasis en saltos grandes, piruetas y técnicas virtuales. “Al trabajar con estos bailarines debemos poner atención en la calidad de su movimiento, al igual que en la fortaleza”.

Del Festival Internacional de Ballet de La Habana busca además la vigencia del estilo clásico. “No muestra las tendencias del ballet contemporáneo, pero para entender cómo el repertorio tradicional ha tomado vida resulta muy interesante, sobre todo porque se realiza en Cuba y reúne en un país tan pequeño figuras importantes de todo el mundo”.

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