El precipicio fiscal de EE.UU.

Frank Rodríguez Bueno • La Habana, Cuba
Martes, 20 de Noviembre y 2012 (2:49 pm)

Durante octubre y noviembre de 2012, la Directora General del FMI, Christine Lagarde, en varios eventos internacionales se refirió al término “precipicio fiscal” de EE.UU., entre ellas una reunión de los ministros de finanzas y de gobernadores de Bancos Centrales del G-20 celebrada en Ciudad México pocos días antes de celebrarse las elecciones presidenciales en EE.UU. donde se exhortaba al próximo presidente y a los dirigentes y miembros del Congreso que resultaran electos a que dejaran a un lado sus diferencias partidistas y sus ideologías e intereses personales y estaduales para acordar medidas conjuntas que evitaran que ese país cayera en un precipicio fiscal y detuvieran en lo posible el aumento desmedido y continuado de su deuda soberana, sugiriendo medidas de ajustes fiscales neoliberales al parecer similares a las recomendadas y aplicadas en la Unión Europea, en particular en países en crisis de la Eurozona como Grecia, España, Portugal, Irlanda, Chipre e Italia, todos ya en caída libre en sus respectivos precipicios fiscales y sociales.

La preocupación de la Directora General del FMI, estaría dada entre otras razones por la imposibilidad del FMI de actuar a favor de una grave crisis financiera próxima a desatarse en la hasta ahora mayor economía del mundo capitalista desarrollado, al disponer el FMI de solo unos 400 000 millones de USD para actuar como organismo financiero multilateral, de los cuales ya estaba destinado y comprometido un altísimo porciento para afrontar las crisis existentes y por venir en forma infinita en varios países capitalistas europeos.

En caso de aplicarse en EE.UU. programas de austeridad y ajustes similares a los aplicados desde el 2010 en varios países de la Eurozona para disminuir el déficit fiscal y pagar las deudas soberanas de los países a los bancos privados extranjeros, entre otras medidas a través de la reducción de los gastos y de las prestaciones públicas y sociales, del monto de los salarios de los trabajadores y de las jubilaciones con mayor tiempo laboral para tener derecho a las escasas prestaciones que vayan quedando, el aumento del desempleo y la precarización del empleo y la disminución de los ingresos de la población en general con lo cual se disminuye aún más la recaudación fiscal, la demanda, el consumo, los créditos y el financiamiento, la producción y los servicios, por lo que será imposible la recuperación económica y del empleo en la mayor economía del mundo, con el aumento en forma exponencial de la ingobernabilidad y la incipiente y hasta ahora débil lucha de clases por parte de Los Indignados estadounidenses entre una minoría rica cada vez más enriquecida y una gran mayoría de pobres cada vez más empobrecidos.

Ha tenido que ser la Directora General del FMI la que más haya alertado internacionalmente sobre la gravedad de los riesgos y las amenazas actuales procedentes del sistema financiero de EE.UU. para ese país y para el resto del mundo, algo que fue deliberadamente disminuido o desconocido en lo posible, en forma cuando menos irresponsable y oportunista, por los dos aspirantes a la presidencia de ese país durante los debates de la campaña eleccionaria del 2012.

Se hace necesario hacer aquí una síntesis condensada de los antecedentes que han conducido a la presente situación de extrema peligrosidad del sistema financiero en EE.UU. en cuanto a su elevada deuda soberana y los continuados grandes déficits fiscales o presupuestarios, así como sobre los efectos que pueden esperarse en los próximos meses y años.

Durante los gobiernos neoliberales del republicano Ronald Reagan, el tope de la deuda soberana en EE.UU. se incrementó en 18 veces y durante los de George W. Bush en siete ocasiones, periodo durante el cual la deuda creció en ocho años en unos 6.3 billones de US dólares, de 5.7 billones hasta cerca de 12 billones para un promedio algo menor de 0.8 billones por año. Según cifras del Departamento del Tesoro, la deuda pública o soberana de EE.UU. al 30 de junio del 2011 sumaba 14,343,088 millones de USD (sobrepasando en algo el límite del techo de la deuda de 14.3 billones de USD vigente hasta el 2 de agosto), agrupados en 9,742,223 millones en manos del público y 4,600,864 millones (un 32%) en “portafolios intergubernamentales”, de ellos 1,16 billones por China, 0,882 billones por Japón, 0,272 billones por Reino Unido, 0,212 por países exportadores de petróleo y 0,187 billones por Brasil.      

Después de una lucha titánica en el Congreso bajo las presiones del presidente Barack Obama, las amenazas de las principales agencias de calificación de riesgos de bajar a EE.UU. la inmerecida calificación de Triple A y las advertencias de la nueva Directora General del FMI, se aumentó el techo de la deuda pública o soberana por primera vez bajo la administración demócrata de Barack Obama en 2.4 billones de USD. El acuerdo alcanzado sobre el aumento del tope de la deuda se condicionó a disminuciones de los gastos sociales y a que no se incrementarían los impuestos a los más ricos y a las entidades y personas de mayores ingresos.

Durante el último año y medio de la administración de Barack Obama, hasta septiembre de 2012, el incremento de la deuda soberana total fue notable y se elevó a unos 1,4 billones de USD por año, por lo que a este ritmo un nuevo aumento del tope de la deuda en EE.UU. por otros 2.4 billones de USD, tal como se produjo por ley a mediados de 2011, serviría cuando más para 20 meses a partir de octubre de 2012 (hasta finales del primer cuatrimestre de 2014), mientras que los 19 billones de deuda acumulada llevaría su relación actual con el PIB desde 110 % a algo más del 130 %, rango de valores que junto con los altos déficits fiscales anuales han puesto en crisis total a varios países de la Eurozona ya que el Pacto de Estabilidad y Desarrollo en la Unión Europea sitúa como límites la relación deuda soberana/PIB al 60 % y el déficit fiscal anual al 3 % del PIB.

El déficit presupuestario en EE.UU. para el periodo 2008-2009 alcanzó 1,42 billones de USD que equivale a un 10 % de su PIB pero representó el 40 % de los gastos que fueron de 3,5 billones. El déficit presupuestario para el periodo 2009-2010 se planteaba subiría hasta la cifra récord de 1,56 billones de USD, ante lo cual la administración de Barack Obama realizó grandes esfuerzos por disminuirlos para los dos periodos posteriores, aprovechando situaciones coyunturales como el cobro del 50 % de los dos gigantescos paquetes de rescate otorgados en 2008 y 2009 a los grandes bancos y otras entidades financieras en quiebra, superiores cada uno de ellos a los 700 000 millones de USD, déficit que en los dos últimos periodos todavía resultaron superiores a 1.1 billón de USD. Sin embargo, a pesar de los grandes esfuerzos que realicen los poderes Ejecutivo y Legislativo que resultaron de las elecciones del 6 de noviembre de 2012, será muy difícil que para los próximos años pueda evitarse que los déficits fiscales vuelvan a acercarse al orden de los 1.4 billones de USD equivalentes al 10 % del PIB.

En las próximas negociaciones entre las elites políticas, militares, financieras, económicas y productivas sobre los déficits fiscales anuales de EE.UU. para tratar de evitar caer en el llamado precipicio fiscal, al cual pudieran precipitarse sin darse cuenta y quizá sin aviso previo, se impondrán las realidades establecidas por parte de las elites de poder muchas veces declaradas de mantener y fortalecer su hegemonía y dominio a nivel mundial, evitando la disminución de los presupuestos militares planificados y la aparición de gastos extras y extraordinarios que impondrá la realidad de la vida relacionados con la defensa, la seguridad, la subversión y el terrorismo de estado a nivel nacional y mundial. Igualmente, será muy difícil aumentar los impuestos a los sectores más ricos de la sociedad, disminuir los subsidios a sectores no competitivos que tenderán a crecer cada vez más y evitar la erogación adicional de unos 250 000 millones de USD anuales durante los próximos diez años (hasta el 2021) resultante de la reforma de salud recientemente aprobada con un total de gastos de 2,5 billones de USD.

A lo anterior seguramente se añadirán grandes erogaciones de recursos financieros para hacer frente a inevitables próximos rescates financieros masivos con fondos públicos resultantes de la explosión de nuevas burbujas financieras, tan especulativas como las anteriores en importantes sectores productivos y de servicios como de nuevo los sectores bancarios y financieros, así como los gastos correspondientes a situaciones de emergencia como nuevas guerras o conflictos violentos o los ocasionados por eventos meteorológicos extremos debido al creciente e incontenible cambio climático negativo a nivel continental y mundial, tal como ocurrió a fines de octubre de 2012 con el huracán Sandy al afectar grandemente las costas del noreste de ese país, factores que contribuirán a mantener los ya muy altos déficits fiscales en EE.UU.

Entre otros factores relacionados con los ingresos que contribuirán también a mantener altos déficits fiscales anuales en EE.UU. se encuentran los impuestos y aranceles sobre actividades de Comercio Exterior que tenderán a disminuir, ingresos netos por la operación de instalaciones públicas cada vez de menor significación dentro de una economía extremadamente privada o privatizada como la de EE.UU., por la venta o concesiones de los pocos activos públicos que quedan por privatizar, por la venta de nuevos Bonos del Tesoro a acreedores nacionales y extranjeros cada vez con mayor desconfianza en el sistema financiero estadounidense, por la venta de reservas de oro y de otras divisas por parte del Departamento del Tesoro, por la dificultad del cobro del servicio de la deuda (principal e intereses) a deudores nacionales, entre ellos lo que quede por pagar de más de 5 billones de US dólares de los paquetes de rescates otorgados desde el año 2007, por el cobro del servicio de la deuda (principal e intereses) a deudores extranjeros, en proceso de franco decrecimiento durante los últimos años, y por el cobro por prestaciones sociales cada vez más difíciles de recuperar como los préstamos a estudiantes universitarios.

Entre otros factores de gastos y egresos que contribuirán también a mantener altos déficits fiscales anuales en EE.UU. se encuentran los relacionados con la necesidad de realizar un mínimo de inversiones en actividades productivas y de infraestructura y servicios públicos, principalmente para el mantenimiento y la recuperación de las instalaciones existentes, inversiones públicas de interés nacional como las destinadas a las actividades de investigación-desarrollo, que no son reembolsables en su mayor parte y que en definitiva favorecen en un altísimo porcentaje a los sectores privados más relacionados, inversiones sociales por la vía de préstamos y créditos a entidades nacionales, eminentemente privadas, entre ellos próximos enormes rescates financieros de importantes sectores productivos y de servicios como los bancarios y financieros, y otorgamiento de créditos a entidades extranjeras privadas y públicas respondiendo a intereses imperiales, así como contribuciones a organismos multilaterales como el FMI y el BM, la mayoría de ellas de difícil reembolso, así como egresos por pago del servicio de la deuda (principal e intereses) a acreedores nacionales y extranjeros, en proceso de franco incremento durante los últimos años y por planes de ayuda a personas y familias desfavorecidas para disminuir sus deudas como ocurre con el pago o reestructuración de sus hipotecas actualmente sobrevaloradas y para obtener cupones para la compra de alimentos, tratando de esta forma de quitarle presión a una caldera que alimenta incesantemente las protestas de los indignados estadounidenses.

¿Dónde radican las principales partidas de gastos a las cuales recurren los clásicos del neoliberalismo para ajustar los déficits fiscales?, sencillamente en los gastos y prestaciones sociales, partidas que estarán sujetas a grandes debates y confrontaciones tanto ideológicas y políticas como económicas ya que afectan directamente a los sectores más desprotegidos de la sociedad estadounidense, sobre todo en lo referido a salud, educación, vivienda, alimentación, pensiones o jubilaciones y a las prestaciones a veteranos de guerra, que en todos los casos acentuarán la lucha de clases y las confrontaciones entre el 1 % de la sociedad concentrados en las elites de poder cada vez más ricas y concentradas, los ganadores, y el 99 %, los perdedores, que ven desaparecer sin remedio el sueño americano, en particular la clase media en proceso continuo de empobrecimiento y desaparición que se indignarán cada vez más y resistirán progresivamente en forma airada y violenta debido al aumento entre otros índices de desempleo, pobreza, hambre, insalubridad, desalojos de sus viviendas, represión oficial que atenta contra los derechos humanos y las libertades civiles e individuales, delincuencia, corrupción, ilegalidad, inseguridad laboral y social, violencia de todo tipo, desprotección, exclusión, racismo, xenofobia, prostitución y destrucción del medioambiente, entre otras desgracias que la supuesta oportunidad de realizar individualmente el sueño americano han tratado de desconocer.

En cuanto a los inevitables futuros gigantescos paquetes de rescate por parte del estado-gobierno para salvar una vez más al sistema bancario y financiero privado, mafioso, corrupto, corruptor, ineficaz y superneoliberal de EE.UU. durante la segunda administración de Barack Obama, son varias las razones que sustentan esta afirmación como el agotamiento de los recursos obtenidos de los grandes paquetes de rescate de 2008 y de 2009 muchos de los cuales se aplicaron en nuevas actividades especulativas generalizadas en toda la cadena de los sistemas bancarios y financieros hasta los mercados bursátiles (cadena de bursatilización de los derivados financieros hasta llegar a los fondos de inversión). En el caso del sector inmobiliario se hace imposible su plena recuperación debido a menores cobros del servicio a la deuda por créditos hipotecarios previamente realizados, por mayores inventarios de viviendas en su poder que no pueden venderse o si se venden se hacen con pérdidas netas, por la disminución de la construcción de nuevas viviendas y el alargamiento del tiempo de venta inicial y el de venta de viviendas incautadas, asociado al debilitamiento de las compañías aseguradoras monoline, en particular las que garantizan los pagos de los deudores de los bonos hipotecarios, así como nuevas pérdidas declaradas por limpiezas contables de instrumentos financieros chatarra imposibles de recuperar, respaldados en este caso por la falta de control por parte de los supervisores financieros en cuanto a la exagerada concentración de riesgos.

Adicionalmente, continúan los fraudes y las manipulaciones contables con ardides y falsedades que incrementan artificialmente los ingresos o utilidades obtenidas en el periodo analizado (por ventas cruzadas, mal manejo de los gastos operacionales, de las inversiones, de la venta de producciones a ser recompradas posteriormente o del traspaso de pérdidas a compañías registradas en paraísos fiscales, entre otras muchas), para así mantener al alza en forma virtual el precio o el valor de las acciones, así como para la venta de acciones y la realización de operaciones fraudulentas a favor de los principales ejecutivos y accionistas de las compañías ocultando las tendencias negativas en las ventas, en las ganancias o en el comportamiento de los mercados, o exagerando la calificación positiva de las acciones de compañías de nueva salida a bolsa para beneficiar a los accionistas originales. Lo anterior se asocia a la falta de regulación para obligar a las instituciones privadas a retener buena parte de las utilidades a distribuir de un año hacia próximos periodos contables como medida de protección operacional.

Igualmente, se mantienen altas las facilidades de manejo contable a favor de los bancos provocadas por la Financial Accounting Standard Board (FASB) que a principios de abril del 2009 modificó la norma contable conocida como “mark-to-mark”, en español como “valor razonable”, definida como el valor que sería recibido por vender un activo financiero en una transacción en la fecha en que se hace la valoración, mientras que las nuevas normas aprobadas por la FASB permiten a los bancos registrar sus activos financieros al precio que pudiera obtenerse mediante una venta ordenada de estos, de acuerdo a sus propias estimaciones y sin tener en cuenta los precios reales del mercado para activos similares, así como muy bajas relaciones de Capital propio/créditos con enormes apalancamientos (leverage), asociados o no a los derivados financieros para seguir violando las Normas de Basilea, en especial los asociados a los activos tóxicos del sector inmobiliario los cuales generalmente constituyen obligaciones contingentes que usualmente no se registran en las cuentas de los balances de las compañías y se controlan mediante las llamadas “cuentas memorando” fuera de los balances lo cual las hacen riesgosas y poco transparentes.

A pesar de las promesas y esfuerzos para evitarlo, realizados por Barack Obama en su primera administración, continúa el desplazamiento de recursos y fondos nacionales al extranjero en operaciones financieras como capitales golondrinas especulativos y para la realización de inversiones productivas y de servicios en países con mayores ventajas comparativas y competitivas y con mayores seguridades a mediano y a largo plazo, la retirada de depósitos extranjeros en los bancos estadounidenses, tanto de fuentes legales como ilegales, y su desvío a sistemas bancarios y financieros más confiables, seguros, protegidos, desregulados, ventajosos y de alta facilidad de movimiento como ocurre con los paraísos fiscales y algunos bancos europeos e israelíes, así como la disminución de la actividad crediticia en general a pesar de mantenerse bajas las tasas de intereses bancarios a nivel personal para inversiones y el consumo y a nivel empresarial, a medida que se deteriora más la economía a esos niveles, a lo cual contribuyen los inversores que cada vez más se refugian en forma especulativa en activos más seguros como oro, petróleo y alimentos, reduciéndose la capacidad de préstamos en activos de renta variable del sector productivo tanto para nuevas inversiones como para capital de trabajo, consideradas generalmente como operaciones de bajo riesgo pero de ganancias limitadas, al tiempo que los mercados disminuyen la compra de bonos corporativos que constituye una importante fuente de financiación de las empresas, siguiendo una ecuación muy sencilla, a menores préstamos o créditos y algunos de ellos considerados como incobrables o con pocas probabilidades de cobro, menor es el respaldo de los activos con los pasivos de los bancos y mayores serán las probabilidades de bancarrota.

Al mismo tiempo, los gobiernos de EE.UU., Francia, Reino Unido y algunas monarquías petroleras del Golfo Pérsico entre otros, países con el apoyo abierto de la Liga Árabe, avanzan alocadamente hacia un precipicio militar en Siria, el Líbano e Irán a expandirse por todo el Medio Oriente, que contribuirá a la profundización de sus crisis financieras con un proceso prolongado de recesión y depresión económica, agravado por la posible explosión de otras burbujas financieras como las tarjetas de crédito tan extendidas en el mercado estadounidense, el incremento incontrolable del desempleo y de la pobreza asociados a la disminución de los salarios, de ayudas públicas, de los gastos y prestaciones sociales, de nuevos créditos y por tanto del dinero circulante, del ahorro y del consumo, que en el caso de EE.UU. constituye la base fundamental de su economía, y de la realización de nuevas inversiones productivas y de servicios, con amenazas de variaciones indeseadas en los índices de inflación y de las tasas de interés, sumado a una mayor pérdida de confianza y de fe de sus ciudadanos en sus economías, en sus políticos y gobiernos, en los grandes medios de información privados y en el sistema capitalista neoliberal imperante. En el caso de los países del Sur subdesarrollados deberán estar alerta ante la segura próxima cancelación y el no pago de la deuda externa de ambas potencias económicas en franco periodo de autodestrucción (recordemos que el Sur subdesarrollado respecto al Norte desarrollado es por mucho el mayor acreedor de los dos), y que en cualquier momento podrían cancelar el pago de su deuda alegando como posibles argumentos fuerza mayor o seguridad nacional.

Sin dudas, en los próximos años a medida que algunos colosos del Norte desarrollado continúen en caída libre por sus precipicios fiscales acompañados por enormes deudas soberanas a favor de los grandes bancos y entidades financieras privadas, se generará un caos total en los sistemas bancarios, financieros y bursátiles internacionales con una gran influencia negativa en las economías y en el comercio internacional, con las mayores afectaciones para los países que tengan establecidos Tratados de Libre Comercio o sus equivalentes con EE.UU. y la Unión Europea, al igual que para otros países grandes exportadores a esos destinos como ocurre con Japón, China, Rusia, Canadá, México y Brasil entre otros, aunque en realidad la afectación será a nivel de todos los países del mundo, de aquí la necesidad de que sus gobiernos deban tomar medidas urgentes de protección estratégica y operativa y preparar nuevos modelos de verdadero crecimiento y nuevas estructuras económicas, financieras, productivas, comerciales y de cooperación a nivel nacional, regional e internacional a favor del crecimiento, de la capacidad de compra y por tanto de la demanda y del mercado interno de sus sociedades tanto a nivel nacional como regional con el consecuente aumento del desarrollo y del bienestar social, junto con una mayor diversificación de productos y servicios nacionales destinados a la satisfacción de las necesidades nacionales más perentorias asegurando el disfrute de derechos básicos como empleo, salud, educación y vivienda, y así sustituir en parte el probable o seguro declive de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, tendrá que producirse necesariamente una mayor apertura a nivel internacional y mundial de análisis, discusiones y debates políticos, económicos, ideológicos y filosóficos, tanto teóricos como con alcance práctico y operativo, encaminados al desarrollo de una mayor conciencia que priorice el desarrollo de nuevos paradigmas y modelos financieros, socio-económicos, medioambientales, ecológicos, energéticos, alimenticios, humanitarios, de cooperación, de paz y de seguridad, entre otros, diferentes a los actuales y basados en la priorización, entre otros factores, de la satisfacción plena de las necesidades básicas del ser humano contra el egoísmo y la acumulación de riquezas ilimitadas por parte de las élites de poder económico.

Algunos de estos planteamientos, al parecer, se produjeron durante el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) celebrado en Beijing en la primera quincena de noviembre 2012, donde se planteó duplicar el PIB y el ingreso promedio de la población china en el 2020 respecto al 2010, y se abogó además por la innovación, la modernización y la gran renovación de la nación a largo plazo, hasta el 2020, además de la necesidad de realizar ajustes estratégicos en la estructura económica del país, manteniéndose firmes en el rumbo del socialismo con características chinas sin copiar ningún sistema político occidental. Como contrapartida las entidades y personas que dirigen a EE.UU., a la Unión Europea y al FMI, cada vez más tratan de que China y otras economías emergentes ayuden a demorar y amortiguar las caídas por sus precipicios fiscales, tratando de que continúen financiando a sus elites de poder capitalista a costa de sacrificar a la mayoría de sus sociedades.  

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