Notas al fascismo corriente

Publicidad profunda

La Jiribilla • Cuba

El “empresario” Brandon Chicotsky, quien no tiene un pelo de tonto ni de ninguna otra cosa —porque es calvo—, ha renovado el negocio de la publicidad, ofreciendo a trescientos y tantos dólares por día su liso cuero cabelludo para llevar anuncios comerciales.

La cuestión parece funcionar: él y sus empleados ya recorren durante seis horas por jornada las calles de Austin, Texas, tatuados con logotipos temporales.

Lo que no sabe Brandon es que las empresas no están tan interesadas en su cabeza, como en las cabezas de todos los demás, y no para que lleven la imagen de sus logos comerciales por fuera, sino para implantárselos dentro, muy dentro y muy profundo.

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