¿Qué hacer después de Doha 2012?

Frank Rodríguez Bueno • La Habana, Cuba
Jueves, 13 de Diciembre y 2012 (1:32 pm)

Entre los días 26 de noviembre y 7 de diciembre de 2012 se celebró en Doha, Catar, la XVIII Conferencia de las Partes (COP-18) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático junto con la VIII Conferencia de las Partes del Protocolo de Kyoto (CMP-8), las cuales tuvieron como importantes eventos precedentes la aprobación en la ciudad japonesa de Kyoto el 11 de diciembre de 1997 del Protocolo que lleva su nombre, estableciendo compromisos de reducción de gases contaminantes jurídicamente vinculantes para los países industrializados con referencia a las emisiones de 1990, el cual se puso en vigor el 16 de febrero de 2005 para ser aplicado entre 2008 y 2012, destacándose EE.UU. en cuanto a su no ratificación, así como la fatídica Cumbre de Copenhague como parte de la XV Conferencia de las Partes (COP-15) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada entre el 7 y el 18 de diciembre de 2009, la decepcionante Conferencia de Cancún, México, celebrada en diciembre de 2010 y la XVII Conferencia de las Partes (COP-17) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático junto con la VII Conferencia de las Partes del Protocolo de Kyoto (CMP-7) celebradas del 28 de noviembre al 10 de diciembre de 2011 en Durban, Sudáfrica, donde los poderosos del mundo comenzaron a cavar la tumba del Protocolo de Kyoto.

Como parte del periodo post-Kyoto dentro de los países más industrializados, los gobiernos de la Unión Europea con un nivel de contribución a la contaminación de 12 porciento a nivel mundial fueron la vanguardia en cuanto a la preocupación sobre el negativo cambio climático al comprometerse a reducir el 20 porciento para el 2020 de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 1990, y que podrían aumentarlo a 25 porciento o a 30 porciento si otros países industrializados también lo acordaban y se aumentaba la eficiencia energética de las energías renovables a nivel global en un 20 porciento y que el 10 porciento (luego disminuido al 8 porciento) del combustible para el transporte en la Unión Europea fuera aportado por los biocombustibles (producidos fundamentalmente en países subdesarrollados), todo esto en el marco del propósito de limitar hasta solo 2 =C el aumento de la temperatura media global con respecto a la situación preindustrial, lo cual implicaría que grandes zonas muy sensibles del planeta aumentarían catastróficamente su temperatura hasta 6 =C, mientras que a finales de noviembre de 2009, el Reino Unido anunciaba que estaba dispuesto a considerar disminuciones en sus emisiones por 34 porciento pero en comparación con el 2005.

Por su parte, en la Conferencia de Bali, en 2007, el Grupo de los 77 exigió una reducción de las emisiones por parte de los países desarrollados entre 20 porciento y 40 porciento para el 2020 y de 60 porciento y 70 porciento para el 2050 respecto a 1990, cifras que hacen ridículo e insultante el 17 porciento, si acaso, respecto a 2005, (un 3 porciento respecto a 1990) que en su momento manejó el presidente Barack Obama como compromiso para EE.UU.

La Cumbre de Copenhague, celebrada a fines de 2009, fue precedida por grandes esperanzas y expectativas de que pudiera avanzarse dentro del periodo post-Kyoto en la búsqueda de compromisos de los países más contaminantes del planeta que pusieran un freno a los progresivos efectos negativos que el cambio climático estaba produciendo a escala mundial; sin embargo, representó un paso atrás respecto a serios, grandes y costosos esfuerzos desarrollados en procesos internacionales durante los años anteriores que consumieron una cantidad considerable de tiempo, dinero y movilización de recursos y de voluntades políticas, técnicas y sociales entre otras que dieron lugar al Protocolo de Kyoto con vigencia hasta el 2012.

En el orden económico, se ofertó por los poderosos del planeta en forma oportunista y sin voluntad política alguna la ridícula, egoísta e inmoral cifra de 10 000 millones de USD por año como ayuda hasta el 2012 a los países subdesarrollados y de hasta 100 000 millones de USD a partir del 2020, dejando un bache entre el 2013 y el 2019, los que debían ser aportados por todos los países del mundo, compromiso que quedó en el aire al no lograrse una declaración final de la fracasada Cumbre, mientras que en el orden político y geoestratégico con el presidente Barack Omaba a la cabeza desplegando su carácter conspirador, desestabilizador y subversivo promovió y participó en fraudulentas, humillantes y vergonzosas maniobras bilaterales o en grupos restringidos, tratando de lograr un “nuevo consenso” a su favor dentro de la Cumbre, al tiempo que se le propinaba un nuevo golpe mortal a la credibilidad del Sistema de Naciones Unidas al sabotear y tratar de liquidar a la Convención Marco sobre el Cambio Climático como mecanismo multilateral, en este caso a nivel universal, reafirmando la política del unilateralismo hegemónico más brutal por parte del imperio estadounidense y de sus aliados como una pretendida dictadura y tiranía a nivel mundial.

Sin embargo, no todo fue negativo y desesperanzador en Copenhague ya que se hizo evidente ante el mundo quiénes son y serán por y para siempre, mientras existan y dominen, sus verdaderos y mayores enemigos, en este caso potenciales y reales asesinos fascistas y genocidas a escala mundial debido a su falta de voluntad y decisión política, las élites de poder capitalistas a nivel internacional liderados por el cada vez más peligroso y agresivo imperio estadounidense con su nuevo emperador demócrata al frente, más inteligente, embaucador, fundamentalista, habilidoso y tramposo que los anteriores; lo cual ha servido de base para incrementar la conciencia, el debate y el compromiso de los pueblos y de sus verdaderos líderes de luchar sin tregua por sus aspiraciones de mantener un planeta habitable y un mundo mejor, en este caso de mayor justicia, equidad, armonía y equilibrio climático, medioambiental y ecológico.

Como parte del trayecto hacia la Conferencia de Cancún se organizaron eventos y acciones por parte de distintos dirigentes y líderes de países del Sur subdesarrollado como el caso de América Latina y el Caribe, como el presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, que reclamó el convocar a celebrar referendos populares a nivel mundial para decidir sobre el futuro del planeta por la vía de la concertación, así como una gran conferencia mundial de movimientos sociales con la participación de científicos, académicos, activistas y jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo subdesarrollado que se celebró en Cochabamba, Bolivia, del 20 al 22 de abril de 2010 (Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra) con la asistencia de unas 35 000 personas de 142 países que participaron en al menos 17 mesas de trabajo, seguramente tomando en cuenta y como referencia el Clima Fórum 2009 con unas 400 organizaciones de movimientos sociales y políticos celebrada en Copenhague en paralelo a la Cumbre oficial de las Naciones Unidas.

Como un elemento esperanzador resultante de las conclusiones de la Conferencia de Cochabamba se destacó la necesidad de la creación de un organismo multilateral que maneje temas como la administración de las cuestiones del medio ambiente; el reconocimiento internacional de los derechos de la Madre Tierra; la no privatización de las tierras, de las aguas y del conocimiento, los que deben garantizarse como bienes públicos al servicio de los mejores intereses de las sociedades; la protección de los emigrantes climáticos y el respeto pleno de las libertades y garantías de los grupos indígenas originarios, lo cual pudiera ser un embrión, en un futuro próximo, de una organización internacional que se ocupe de desarrollar lo que podría denominarse como un Nuevo Orden Internacional o Mundial del Cambio Climático, del Medio Ambiente y de la Ecología.

En la Conferencia se anunció la creación de una organización alternativa a la ONU, denominada Unidad de los Pueblos Originarios y Obreros (UNO) en caso de que no se escucharan en México, en diciembre de 2010, las demandas de los pueblos sobre el cuidado de la Madre Tierra, se respaldó la celebración de un referendo mundial sobre medioambiente y se reafirmó la necesidad de crear un Tribunal Internacional para el Cambio Climático que controle, juzgue, sancione, penalice y castigue a los países y dirigentes que incumplan los compromisos adquiridos con este tema.

Sin embargo, el precedente más directo de la Cumbre de Doha a finales de 2012 hay que buscarlo en los resultados de la Cumbre de Durban, Sudáfrica, celebrada del 28 de noviembre al 10 de diciembre de 2011 como parte de la XVII Conferencia de las Partes (COP-17) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático junto con la VII Conferencia de las Partes del Protocolo de Kyoto (CMP-7), durante las cuales, tal como muchos esperábamos, se produjeron nuevos resultados decepcionantes en medio del chantaje político y económico, la manipulación, el egoísmo y la falta de voluntad política de los poderosos del mundo, así como de renovadas confrontaciones entre la inmensa mayoría de los países subdesarrollados, encabezados por el G-77, el Grupo Africano y la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), y grandes países como EE.UU., Australia, Japón, Canadá y Rusia, en cuanto a la aprobación o no de un segundo periodo del Protocolo de Kyoto y a su posible participación después del año 2012, referido en particular a un compromiso multilateral vinculante en cuanto a la reducción de las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera, al tiempo que defendían el mercado de carbono y la celebración de acuerdos “bilaterales”, algunos de ellos evidentemente contaminantes y de alto riesgo ambiental, como la construcción de un oleoducto a partir del petróleo de las arenas bituminosas desde Canadá hasta refinerías en el Golfo de México al sur de EE.UU., autorizado y promovido en esos precisos momentos por el presidente Barack Obama y por Stephen Harper, primer ministro de Canadá

Otras materias en confrontación se derivaron del proyecto sobre mitigación presentado por el Comité de Cooperación a Largo Plazo de la Convención del CMP-7, por considerarse demasiado a favor de las naciones industrializadas sin metas cuantificadas y por incluir solo compromisos políticos con numerosas flexibilidades como continuar el disfrute del mercado de carbono, al tiempo que establecía mayores mecanismos de regulación y control a los países subdesarrollados. Respecto al tema del mercado de carbono la posición de los países subdesarrollados que se oponían al proyecto fue que el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL, por sus siglas en inglés) dejara de existir el 31 de diciembre de 2011 si no se aseguraba un segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto.

En cuanto a los recursos y fondos financieros ofrecidos por los países industrializados en la Cumbre de Copenhague, en Durban se denunció que no habían sido desembolsados, mientras que resultó imposible establecer un acuerdo con mecanismos que fueran aceptables por los países subdesarrollados, en particular lo referido a la recepción, entrega, control y condicionamientos a los fondos (siempre a favor de las empresas transnacionales privadas), ni definir las fuentes del financiamiento del nuevo Fondo Verde acordado oficialmente en la Conferencia de Cancún a fines del 2010, que supuestamente proveería a los países subdesarrollados recursos anuales por 100 000 millones de USD a partir de 2020, tal como se ofreció en la Cumbre de Copenhague.

Igual que ocurrió en la Cumbre de Copenhague, un grupo de trabajo ad hoc, también en representación de “un grupo de líderes representativos”, negoció un proyecto de acuerdo circulado dos días antes del cierre de la Conferencia, el cual recogía distintas propuestas acordadas dos meses antes en Panamá y que refrendaban la neutralización y destrucción del Protocolo de Kyoto, planteando un nuevo instrumento legal a partir de 2020. Las discusiones y negociaciones tuvieron que prorrogarse un día más para supuestamente lograr la extensión del Protocolo de Kyoto con la vigencia de un segundo periodo, pero lleno de promesas y no de compromisos de reducción de emisiones a partir del 1ro. de enero de 2013, en el cual no participarían oficialmente al menos EE.UU., Canadá, Japón, Rusia y Nueva Zelanda, al tiempo que del 2012 al 2015 se negociaría un “nuevo marco legal aplicable para todos los países”, el cual entraría en vigor al inicio de 2020. Sin duda, muy pocos resultados para una Conferencia con 10 000 participantes a un costo de unos 50 millones de USD.

Desde finales de noviembre al 7 de diciembre de 2012 se celebró en Doha, Catar, la XVIII Conferencia de las Partes (COP-18) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático junto con la VIII Conferencia de las Partes del Protocolo de Kyoto (CMP-8), que al igual que en Durban, después de enconadas discusiones y confrontaciones entre el Norte industrializado e intransigente y el reclamante Sur subdesarrollado tuvieron que prolongarse varias horas más después del cierre planificado del día 7 de diciembre para lograr la extensión del Protocolo de Kyoto hasta el 2020 manteniendo recortes vinculantes de emisiones de apenas 15 porciento respecto a 1990, con la desventaja de que a la resistencia tradicional de los gobiernos republicanos y demócratas de EE.UU. se unieron países grandes emisores de gases de efectos invernadero como Japón, Canadá, Rusia y Nueva Zelanda, países que, sin embargo, defendieron a capa y espada la continuación del mercado de carbono, manteniéndose grandes dudas sobre la negociación de un nuevo marco legal a partir de 2015 en París (llamado segundo acto de Kyoto) y sobre un convenio sobre la financiación del aprobado y absolutamente vacío Fondo Verde oficializado en la Conferencia de Cancún de 2010, y ninguna duda de que el negativo cambio climático ya tiene asegurado una aterradora progresión inevitable e irreversible.

Al abordar el tema de las perspectivas para establecer un nuevo orden climático después de las Cumbres de Copenhague, Cancún, Durban y Doha que supere al menos en parte las actuales retos y amenazas resultantes del progresivo calentamiento global del planeta, debemos tener muy en cuenta las enormes restricciones a que se enfrentará este proceso, destacándose las de tipo político e ideológico cada vez más fascistas y genocidas, adicionales a las de orden económico, financiero y tecnológico por parte de los actuales dirigentes de la Estrategia de Dominación Mundial (EDM) liderada por EE.UU. al menos en forma pública desde 1939, consistente, entre otros razonamientos, a la certeza de que el posible desarrollo del capitalismo internacional en la actualidad es inversamente proporcional al crecimiento demográfico a nivel nacional, regional y mundial, por lo cual tratan y tratarán por todos los medios de eliminar al mayor número de personas que no son ni serán nunca consumidoras de productos exportados desde los países industrializados, en este caso por la vía de los efectos negativos del cambio climático, además del empleo de guerras locales y regionales de baja intensidad y en caso necesario y conveniente de naturaleza nuclear, de terrorismo de estado, de la explotación y el despojo imperial y neocolonial, de la pobreza extrema generalizada y de las muertes resultantes por hambre, enfermedades y desplazamientos humanos.

Muchos de los lectores se preguntarán si será posible crear y establecer un favorable Nuevo Orden Internacional o Mundial del Cambio Climático, del Medioambiente y de la Ecología que cumpla con los requerimientos reclamados por la verdadera comunidad internacional que hoy día se presentan como grandes y definitivas imposibilidades como limitar al menos a 1,5 oC el incremento de la temperatura promedio del planeta dentro del siglo XXI o disminuir la emisión de gases contaminantes por lo menos hasta 40 porciento en el 2020 y de 80 porciento o 90 porciento para el 2050 respecto a las emisiones de 1990, ante las enormes fortalezas de los enemigos de la supervivencia y el desarrollo de la especie humana en general, y si será posible desarrollar, organizar y desplegar en forma lo suficientemente exitosa a las fuerzas propias de las cada vez mayores víctimas a nivel mundial y aprovechar las oportunidades existentes y por crear para establecer ese nuevo, favorable y salvador nuevo orden climático.

Aquí cabe otra pregunta haciendo referencia a las leyes de la Termodinámica ¿será posible alcanzar o restaurar el equilibrio climático, medioambiental, ecológico y la armonía que existió dentro de las primeras colectividades humanas con la Madre Tierra, en un planeta que ha perdido en gran medida su capacidad de autorregulación y de autorestauración después de verse sometido a procesos de grandes, descontrolados y excesivos despilfarros y de consumismo ilimitado en busca de enormes ganancias por parte del gran capital privado, solo por inyectarles al sistema planetario algunos elementos de pobre estabilidad temporal en pocas de sus innumerables variables, en forma insuficiente, descontrolada y que no son armónicas, ni sostenibles, ni sustentables en un sistema de alta complejidad que tiene numerosos grados de libertad, y al mismo tiempo mantener o profundizar las causas que dieron lugar a los graves desequilibrios alcanzados en forma caótica pero predecibles, sin considerar o prever nuevos desajustes y procesos de alta entropía con peores rupturas del delicado y/o falso nuevo equilibrio que pudiera alcanzarse?

No obstante lo decepcionante que pudieran parecer o ser las posibles respuestas a las preguntas anteriores, a nivel internacional deberá continuarse la lucha dentro de las estructuras organizativas actuales como la Convención Marco para el Cambio Climático de la ONU, y en las futuras negociaciones dentro de la Convención mantener, al menos, las posiciones de principio alcanzadas en la Conferencia de Bali de 2007 en cuanto a una necesaria equidad, equilibrio, armonía, cohesión y justicia que responda a la deuda histórica de los países desarrollados en el orden no solo climático, sino en otros numerosos factores económicos y sociales, al derecho a un desarrollo sostenible y sustentable de los países subdesarrollados, a una visión compartida para acciones de cooperación y colaboración a largo plazo sobre la base de la equidad con responsabilidades comunes pero diferenciadas, a la no aceptación de compromisos injustos de reducción de emisiones para los países subdesarrollados y emergentes y al necesario aumento de una real transferencia integral de tecnologías limpias apropiadas (desde las primeras fases del ciclo productivo y adaptadas a cada país) por parte de los países desarrollados sin barreras ni condicionantes, con enfoques sectoriales apropiados y en condiciones preferenciales, en especial para el ahorro de energía y el fomento de fuentes limpias y renovables.

Igualmente, deberá reclamarse por compensaciones, indemnizaciones y nuevas ayudas económicas y financieras apropiadas y suficientes sin someterse a los mecanismos del mercado del carbono a favor de los países más industrializados y de estímulos adicionales por la reducción de emisiones resultantes de acciones que afectan su desarrollo económico, en lo que algunos dirigentes como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, han categorizado como Emisiones Netas Evitables (ENE), como serían la no producción de madera y de otras producciones asociadas a la tala de bosques debido a su conservación y ampliación mediante la reforestación para emplearlos como sumideros naturales de CO2, o a la no extracción de petróleo en zonas naturales protegidas como la compensación de al menos 3 600 millones de USD que pretende el gobierno de Ecuador, la cual representa 50 porciento de los recursos que se percibirían por la extracción de 846 millones de barriles de petróleo del Parque Natural Yasuní en la Amazonía (20 porciento de las reservas de Ecuador) como parte del programa Yasuní-ITT, cuyo fideicomiso fue creado por Ecuador junto con el PNUD de las Naciones Unidas a principios de agosto de 2010, por solo citar dos ejemplos.

En el caso de la organización que se haga responsable de promover y establecer el nuevo orden climático, deberá estructurar en alguna forma el equivalente a un Consejo de Seguridad en cuanto al cambio climático, aunque no se establezca un Tribunal Internacional sobre el tema, y cubrir aspectos de prevención, mitigación, adaptación, regulación, transformación, sustitución, desarticulación, desactivación, prohibición, derechos, deberes, concesiones, cuotas, planificación, organización, implementación, asignación y transferencia de recursos y de tecnologías apropiadas, transparencia pública y mecanismos de diálogo, consulta, cooperación, verificación, control y generación de confianza, buena voluntad, tolerancia y respeto mutuo y colectivo; que sin duda serán el resultado de duras, largas y fatigosas negociaciones que requerirán de paciencia, constancia, perseverancia, voluntad política y defensa intransigente de los principios que favorezcan a toda la humanidad en su conjunto y no a minorías privilegiadas y egoístas. 

Un nuevo orden que deberá tener, entre otros posibles objetivos adicionales a la reducción en forma drástica del proceso de calentamiento global, la transformación ecológica de la economía mundial a pesar de los costos iniciales de las transformaciones tecnológicas y productivas correspondientes, el desarrollo de valores éticos positivos respecto a la naturaleza y al clima, el esforzarse de forma intransigente en la defensa, la protección, la salvaguarda, la preservación, el cuidado, la renovación, la explotación soberana y racional, la sostenibilidad, la supervivencia y el equilibrio de los recursos naturales de cada país que constituyen bienes públicos comunes y patrimonio de la Humanidad y de la Madre Tierra, cuyos derechos deben ser respetadas e incorporados a las Constituciones de cada país.

En todos los casos, las iniciativas del Sur subdesarrollado deberán ser de naturaleza contraofensiva y ofensiva con apropiados programas y planes de acción a nivel nacional, regional e internacional, en forma continua y continuada y lo más integral y consensuada posible, así como concretarse con propuestas y documentaciones escritas, gráficas y audiovisuales correspondientes, al menos consensuadas si no acordadas, en lo posible como poderosos bloques regionales e internacionales del Sur subdesarrollado, los cuales deberán ser presentadas a las próximas negociaciones internacionales o mundiales sobre el cambio climático y que deberán dar lugar a “propuestas de acuerdo” en su representación, propuestas que deberán ser previa y ampliamente divulgadas, en versiones al menos sintetizadas, por todo el mundo, con el propósito de denunciar públicamente por su nombre y apellido a los principales responsables internacionales del actual y futuro genocidio climático, así como de reforzar las posiciones negociadoras propias con los reclamos correspondientes, las cuales, a su vez, podrían ser algunas de las bases de lo que inevitablemente deberá constituir en un futuro próximo un Nuevo Orden Climático, Medioambiental y Ecologico del Sur subdesarrollado.

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