Regla Literaria, Periódico Quincenal

Cira Romero • La Habana, Cuba

El ultramarino Regla, recostado a la vera de la bahía habanera, tiene historia, mucha historia: patriótica, literaria y artística, de luchas obreras en busca de reivindicaciones. Así, en 1852 las autoridades españolas se alarmaron ante la aparición de un periódico editado clandestinamente: La Voz del Pueblo Cubano, órgano de la independencia. Breve espacio de tiempo duró la audaz publicación: un delator encaminó a la policía hacia la casa donde era impreso. Allí fue detenido el joven tipógrafo Eduardo Facciolo, quien daba vida a la publicación con los materiales que le proporcionaba Juan Bellido de Luna. Facciolo fue condenado a muerte y ejecutado ese mismo año, mientras que los que escribían y ayudaban a imprimir y a repartir las hojas pudieron esquivar la persecución del gobierno. Resulta curioso el dato de que, para evitar ser descubiertos por las autoridades españolas, las personas vinculadas al periódico cambiaban constantemente de lugar la prensa donde se imprimía, un modo de despistarlos que no pudo impedir, finalmente, y de manera dolorosa, el fin de la publicación.

El 10 de octubre de 1878, con fines más políticos que artísticos, se fundó el Liceo Artístico y Literario de Regla, y al mes de inaugurado se vio envuelto en las luchas patrióticas, y sus organizadores involucrados en el movimiento emancipador. El 29 de enero de 1879 José Martí, durante una breve estancia en Cuba —había llegado el 31 de agosto de 1878— fue nombrado socio de su Sección de Instrucción, y poco después, el 8 de febrero de 1879, habló en la inauguración oficial de la institución. Por sus audaces discursos en el cercano Liceo de Guanabacoa, de cuya Sección de Literatura fue nombrado secretario, de nuevo sufrió deportación, dispuesta en breve tiempo, el 25 de abril, y salió rumbo a España. Había llegado a Cuba con su esposa Carmen Zayas Bazán, quien al marcharse llevaba en brazos a su hijo José Francisco, nacido en La Habana el 22 de noviembre de 1878. Regla fue también, ya en la República, el primer lugar de Cuba donde se erigió un busto en homenaje a Lenin.

Regla Literaria, de periodicidad quincenal, comenzó a salir en agosto de 1882 bajo la dirección de Manuel González Marrero y lo redactaron Carlos Rafael [Tipcomb] y Juan Balloveras [Martínez]. En el número inicial afirmaron:

Los que suscriben, guiados tan solo por el deseo de reunir a todos los que en este pueblo se dedican al cultivo de las letras y con el objetivo de desvanecer la opinión infundada de que esta población es refractaria a toda idea elevada y civilizadora, tratan de fundar un periódico quincenal, exclusivamente consagrado a las letras y las artes, con el título de Regla Literaria.

Publicó poesías, artículos literarios y de interés general y brindaba noticias culturales de Regla y de La Habana. Sus colaboradores son hoy personas desconocidas, pero se destaca la presencia de Diego Vicente Tejera, poeta y revolucionario, fundador del primer Partido Socialista Cubano, y quien forma parte del grupo de escritores, junto con José Joaquín Palma, que se inscriben en la órbita de renovación modernista inaugurada por José Martí y proseguida, en Cuba, por Julián del Casal. Enrique José Varona consideró a Tejera entre los poetas representativos de la "nueva era" lírica, guiado por el alcance que tuvo en la poesía de la América Hispana la introducción que él hiciera de la balada y el lied, que el autor asumió de los románticos alemanes.

Sus colaboraciones en este periódico son, sin dudas, las de mayor fuste literario y muchas de ellas ya las había dado a conocer en libros como Un ramo de violetas (1877), pero todavía no se inscriben en la órbita plena del modernismo. En Regla Literaria sus composiciones son de inspiración directa y nativista: pinta el paisaje y la vida que conoció desde la cuna y todavía no gravitan sobre él influencias exóticas que no son puramente librescas, sino que están estrechamente ligadas a sus viajes y a su contacto con otras culturas, favorecido por su conocimiento de los principales idiomas de la Europa moderna, que aprendió en la adolescencia.

En este periódico dio a conocer su romance "El despertar de Cuba", donde enumera y resume los aspectos más atrayentes de nuestro paisaje:

¡Mirad! En el horizonte,

sobre el tálamo de gasas

que las sueltas nubecillas

le entretejen, rodeada

de temblorosos luceros,

a su término cercana,

la luna, inmóvil un punto,

con nueva luz se abrillante.

Ved cuán límpido fulguras

su inmenso globo de nácar!

Su resplandor apacible

por los cielos se dilata,

en mar de pálida lumbre

sobre el mundo se derrama,

presta misterioso hechizo

a las distantes montañas,

del lago hiere las ondas,

tiembla en las rápidas aguas

del río, besa y enciende

la espuma de las cascadas

y en los últimos penachos

se refleja de las palmas.

También publicó en Regla Literaria, al amparo del período de tregua que siguió a la Paz del Zanjón, su poema "Esperando", para reclamar que no se echara al olvido el abnegado empeño de los que dieron la vida en la década heroica:

Yacen allí bajo la tierra hermosa

que ciñe un mar azul, siempre sereno,

y ostenta su verdor inmarcesible

a la luz del más claro de los cielos.

......................................................

Yacen allí bajo la tierra amada

que redimir y enaltecer quisieron,

tierra ¡baldón mortal! que todavía

del antiguo opresor sustenta el peso.

.......................................................

Yacen allí sin reposar y esperan...

¡Ay! solo esparce adormecido el viento

rumores de campiñas apacibles,

música de ciudades... ¡Pobres muertos!

 

Sin dudas Regla Literaria se prestigió con las colaboraciones de Diego Vicente Tejera, la voz más relevante que circuló por sus páginas y autor de un poema, "La hamaca", que ha devenido en un texto clásico de la literatura cubana.

El esfuerzo económico del director de Regla Literaria fue insuficiente para mantener a flote este periódico, a pesar de que recibió el apoyo financiero de algunos dueños de comercios que se anunciaron en sus páginas. Apenas cuatro números vieron la luz, pero suficientes para probar que a la vera de la bahía habanera había un pequeño enclave habitado por hombres y mujeres que amaron la literatura y pusieron en las páginas de este periódico la voluntad de divulgarla.

 

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