Temía que me temiera

Enrique Pineda Barnet • La Habana, Cuba

Raquel Revuelta fue mi mamá cuando yo era un actorcito de siete años en las novelas de radio que se trasmitían por RHC Cadena azul. La diferencia de edad no era muy grande, pero le tenía mucho miedo porque era austera, severa. Ella y Paco Alfonso eran los dos látigos de aquel niño que jugaba dentro del estudio, y se ponía malcriado.

Raquel tenía muchas cualidades morales; pero era, sobre todo, muy leal. Se dice muchas veces lo contrario, hay mucha especulación con su figura. Y cada vez que suceden esas contradicciones recuerdo una anécdota sobre la actriz mexicana María Félix, con la que siempre la compararon mucho.

Cuando María Félix cumplió 79 años de edad, un dirigente sindical de actores mexicanos empezó a elogiarla como la Doña, “tan buena persona”, “tan buena compañera”, “tan humana”. Y, de repente, la actriz lo detuvo y le dijo: “Bueno, basta, que me estás destruyendo en un instante la ‘malvadota’ que vengo construyendo hace 50 años”. A veces, Raquel cultivaba también esos personajes, porque actuaba muchísimo en la vida.

La fui descubriendo a través de una larga trayectoria como amigo. Ella y Vicente Revuelta fueron mis maestros en Neptuno y Perseverancia. En Teatro Estudio me vinculé con gente tan linda, que desde entonces no me he desprendido de su cariño. Las cosas lindas que se destruían y se construían allí me enseñaron, realmente, a pensar de una forma integral, revolucionaria en el sentido más amplio de la palabra.

Resulta que, después, la vida hizo que Raquel fuera mi actriz en el cine. Dirigirla fue algo extraordinario. Entonces veía cómo ella me respetaba, aunque nunca sentí que me temiera. Más bien yo temía que me temiera. El resultado fue que estuvimos unidos una vida entera, yo admirándola. Y entre las paradojas de aquella cercanía está la triste historia de que Raquel se fue el mismo año y casi en la misma fecha en que lo hizo mi madre.

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