Tersura de fábrica

Fernando Pérez • La Habana, Cuba

Muchos coinciden en que La película de Ana es la mejor obra de Daniel Díaz Torres. Yo también. Y también pienso que es el resultado de una filmografía que —sin ser perfecta, ¿qué obra creativa lo es?— resulta una de las más destacadas y constantes de nuestro cine. Me remonto a la evidencia de sus primeros Noticieros críticos (con clásicos como el “noticiero de las ventanas” y el noticiero de “las galletitas de caballito”) y a dos brillantes documentales como Los dueños del río y Madera —este último una obra adelantada a su época por su montaje audaz, su ausencia de entrevistas, sus asociaciones sonoras. 

Desde Jíbaro (su primera película de ficción) hasta Lisanka (su penúltima), se diseña un mapa de las zonas más diversas y complejas de nuestra realidad  con una mirada que pasa por el humor —a veces corrosivo, a veces desbordado, pero siempre reflexivo y provocador.

Y esa mirada se ha sustentado invariablemente en una puesta en escena donde prevalece el montaje transparente de las imágenes y  el dominio de las actuaciones. Características que en La película de Ana alcanzan su cota más alta en la fotografía (una vez más) de Raúl Pérez Ureta y las deslumbrantes interpretaciones de Laura de la Uz, Yuliet Cruz y el resto del elenco —austriacos incluidos.

Imagen: La Jiribilla

Disfrutemos, en este comienzo de año, de la tersura de fábrica de La película de Ana y su vibrante comunicación con el público, y esperemos, con grandes expectativas, las nuevas “películas de Daniel”.

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