Cyril Atanassoff...

“Tiburón” vuelve a nadar en Cuba

Marianela González • La Habana, Cuba

Tanto le fascinó aquella visión del hombre flaco y desgarbado, erosionado por el sol y los grandes peces, que cuando supo que le conocería se preparó para impresionarle. Quizá, para dejarle a El Viejo la misma profunda impresión que del Mar de Cuba había absorbido de Hemingway. Apenas unas horas tuvo para volver sobre el texto en busca de detalles, atmósferas, nombres, fechas… ¡Ese señor existe!, le había asegurado Alicia. Y Cyril Attanasoff, pasional como Albrecht y terco como Quijote, pensó el encuentro, claro, como se piensa una función de ballet. Aun hoy, casi medio siglo después, recuerda que había esa noche luna llena y que la claridad dejaba entrever el fondo en la costa, que le reconoció desde lejos y que Fernando y Alicia le dejaron ir delante, con todo el impulso de la fascinación: ¡Buenas noches, Tiburón!, le saludó, y solo con las risas de los cubanos, al terminar el encuentro, supo que su “español” le había jugado una mala pasada. Para Cyril, no obstante, ese día es uno de sus “tesoros”, como muchos de los pequeñísimos objetos dentro de su estuche de maquillajes.

Imagen: La Jiribilla
 

Cuando se le pregunta por Cuba, el bailarín francés responde con referencias de todo un universo de creación donde la literatura es el centro, como los espacios de La Habana. Si la entrevista gira hacia Alicia, su Giselle, no admite que hablemos de clasificaciones: “no existen las medidas para hablar de ella”, sella el tema. Pero lo piensa un poco más y explica: “Todas las Giselle tienen un color diferente, no se pueden clasificar ni, por tanto, comparar. Todas han tenido su personalidad. No obstante, diría sin rodeos que con Alicia Alonso me vi frente a la responsabilidad de salir de mi personaje y del suyo, para participar juntos de la puesta en escena: la música, las interacciones, el vestuario, las luces… Los personajes, con Alicia, se nos hacían múltiples y humanos. Más allá de la frivolidad y de la técnica, ella le otorgaba centralidad a la pantomima justamente porque debíamos contar una historia”.

Cyril Atanassoff, junto con Vasiliev y Plisetski, fue uno de los tres grandes partenaires de Alicia en Giselle. Juntos bailaban cada vez que la cubana se paraba en puntas sobre el tablado de la Ópera de París y Cuba, para Cyril, también se volvió un escenario familiar desde 1971. No obstante, venir este año al Festival ha sido para él un reencuentro especial que mucho tiene que ver con afinidades más trascendentales que aquellas que se generan en la escena. Cyril, con 71 años, es un hombre que lee la cotidianidad con melancolía.      

“Alicia ha recordado, más de 40 años después, que fui su pareja de baile y me ha invitado a acompañarla en esta edición tan especial para ella. Quien escuche lo que digo puede pensar que es algo trivial o que lo digo por agradecer, simplemente; pero para mí tiene una significación muy concreta: en los grandes centros de la danza mundial, como la propia Ópera de París, aun cuando se muestre cierto respeto, se olvida muy pronto a los bailarines desde que dejan de ser primeras figuras. La fidelidad no es regla en el mundo. Por eso me siento profundamente orgulloso de formar parte de este universo artístico y ético que es el Festival, donde la memoria se cultiva desde la reverencia sincera y no desde la sola cortesía. Así es Alicia; así siempre ha sido”.

- ¿La vio bailar? ─le pregunto sobre el regreso de Alicia a las tablas en la noche del pasado lunes, 29 de octubre.   

Su respuesta no tiene traducción al español. O al menos, no una traducción que me evite un equívoco como el de Cyril frente a Santiago. En preciso francés y con el rostro bien serio, completa:

- Bien sûr.

Y debo insistirle para que trascienda la solemnidad de la frase. Para mi interlocutor, hablamos de un momento religioso. Quizá porque lo vivió desde el lado del público: “Las personas se asombraron y se preguntaron cómo era posible aquello que estaban viendo; pero yo, que la he tenido entre mis brazos sobre el escenario, no pude más que reconocer el mismo espíritu y la misma gracia que le han caracterizado siempre. Aun cuando sus capacidades físicas han disminuido, el espíritu de la danza está vivo en ella. Alicia escucha la escena, sus ritmos, sus pasos… nada le es ajeno y nunca lo será. Su esposo es sus ojos, pero su corazón comprende mejor que nadie la danza”.

Este año ha sido para Cyril una novela de intensos episodios: en abril, compartió en Vasiliev el rol de jurado en un concurso de ballet en Kioto, y en la ciudad de Tokio volvió a bailar Don Quijote. La fortaleza física de este hombre y el placer con que describe cada escena dan cuenta de una coincidencia: como Alicia, pertenece a la estirpe de los que no descansan. Y su paso ahora por el Festival de La Habana cierra para él todo un viaje de asombros donde la puesta en escena del Malandain ha sido un feliz rencuentro: “es lo que más he disfrutado de esta edición. Y no lo digo por chovinismos, de verdad; sucede que me ha complacido mucho volver a verlo con la puesta en escena original”.

Otra vez, el gran intérprete vuelve a ser aquel joven que en una costa de Cuba le robó a la luna llena la luz, para iluminar con sus propios ojos a un personaje literario que bien “valdría un ballet”.     

“Soy una persona muy apegada a los recuerdos, a las pequeñas cosas que nos hacen volver a lo que hemos sido un día”. Se detiene unos segundos y, al rato, comenta: “Una bailarina me dio la bienvenida un día con un caramelo. Aquella fue una función formidable. No lo comí de inmediato; lo conservé sin darme cuenta y, cuando volví a verlo en mi estuche de maquillaje, días después, reviví la felicidad de aquella noche. Desde entonces, ese regalo no ha salido de este pequeño bolso que me acompaña a Japón, Canadá, EE.UU., Australia, Cuba…  Así, tengo muchas pequeñas cositas que me han caído en las manos desde la escena, por casualidad, y que encarnan mis memorias. De Alicia guardo uno muy especial: un pequeño trébol de cuatro hojas que tiene grabado: ‘de Alicia a Cyril, abril de 1971’.  ¿Ves?: Alicia es una suerte… ¡Pero eso ustedes ya lo sabían…!”

Comentarios

Si yo hubiera podido estar frente a ese personaje y con alicia al lado se me hubiera olvidado hablar, asi que bien por el francés no?

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