Tinajones para las yagrumas

Isis María Allen • La Habana, Cuba

Las esbeltas yagrumas del Centro cultural Pablo de la Torriente Brau vieron enriquecido su ambiente con las canciones de Saulo Antonio, Máximo Rolando, Reynaldo y Ebenezer, quienes desde Camagüey, la tierra de los tinajones, llegaron a este añorado sitio para reafirmar su apuesta por la trova de hoy con sus matices,  la de ayer en las raíces, y sonreír diciendo: la de siempre.

Imagen: La Jiribilla

La tarde no pudo tener mejor compostura después de los fuertes estragos causados por el huracán Sandy en el oriente cubano y las lluvias que afectaron a todo el territorio nacional, pues hasta el tiempo fue cómplice del término de una larga espera de veteranos y noveles camagüeyanos cultores del canto en poesía para decir verdades sobre lo bello y lo que no lo es, las fortalezas y debilidades del ser humano, la cubanía, la patria, la infancia y el futuro que nos gustaría tener.

Saulo Antonio Fernández, fundador del Movimiento de la Nueva Trova en Camagüey, fue el primero en hacernos ver el profundo arraigo de ese género en su terruño, donde fundó la primera de las cátedras dedicada a él para que no se olvide todo lo que por años se ha venido haciendo y los jóvenes aprendan, se desarrollen y mantengan la continuidad de lo que no se debe perder.

Rememoró al trío Canto libre y la primera de sus actuaciones en 1975 en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Camagüey, donde presentaron “¡Oh marañón!”, que también aquí escuchamos como nota pintoresca y expresión de nostalgia por un tiempo devenido vivencia para contar, pero al que no se puede regresar. Le siguieron “Credenciales”, por él compuesta hace 40 años, “Vientos del sur”, fruto de su creación hace poco más de tres años, con música de  noveles instrumentistas que le acompañaron, con lo que, sin decirlo, todos reafirmaron lo que el Comandante Juan Almeida dijera en una de sus canciones: “… con juventud y experiencia todo muy bien estaría”. Idea que también se puso de manifiesto en sus propuestas “El cuerpo” o “La fuente viva”, con arreglo de Reynaldo Rodríguez.

En el contenido de sus canciones Saulo Antonio remarcó lo que Yoan Manuel Pico apuntara en el catálogo del concierto: “En los textos… encontramos el lirismo y la fuerza de nuestra más excelsa tradición trovadoresca”.

No menos evocadora fue la presentación del guitarrista y cantautor Máximo Rolando Montes de Oca, también fundador del Movimiento de la Nueva Trova en Camagüey, y del trío Canto libre. Con él disfrutamos, entre otras, de sus reflexivos “Réquiem por los ignorados” y de “Son del tiempo”, que como dice en su canción “es cercano como presente, lejano como añoranza, juez de la decadencia y del esplendor”. Entre sus propuestas quedó como nota de singular simpatía la crónica de sus primeros 15 años, cuando le acompañaba en el día a día el canto de un gallo tenor. De tal modo nos aproximó a la cotidianidad de su infancia y de la vida, así como a su preferencia por el son.

Con estilo propio y muy singular también llegó con su guitarra Ebenezer Semé, de la nueva horneada de trovadores camagüeyanos, portador de un canto renovador de ilusiones, esperanzas y amor,  y que estuvo seguido por el de Reynaldo Rodríguez, quien, centrado en su intimidad, nos quiso dejar canciones amargas y dulces para luego cerrar con “Algarabía”.

Concluía así el buen momento y la gran oportunidad para que el Centro Pablo, a través del disco que se hará, conserve parte de la obra que pasará a la historia de la trova en Camagüey, y de la nación, así como dé a conocer a jóvenes figuras que han hecho de este género una manera de expresarse en el mundo de la canción.

Imagen: La Jiribilla

No se olvidaron los camagüeyanos de traer a uno de sus representantes de las artes plásticas, José Miguel Creach, como tampoco estuvieron ausentes jóvenes instrumentistas como Dannier Jesús Artiles en el cajón y Ricardo Novoa en el tres, ambos con muy oportunas y bien ejecutadas intervenciones.

Perdido ya andaba el sol, y el trasiego de la Habana Vieja comenzaba a variar su ritmo, cuando salía del Centro Pablo pensando en lo vivido y recordando las palabras de Víctor Casaus, director de esa institución, cuando reafirmaba la vocación de estimular y promover el hacer de la trova de todo el país. También llegaba a mi memoria el cantautor  Vicente Feliú, cuando afirmaba: “esto ha sido como reencontrarme conmigo mismo, con mis amigos camagüeyanos de años y con los que van dando sus primeros pasos”. De todo esto me quedó entonces el placer de haber sido testigo del día en que los tinajones llegaron a La Habana en el alma trovadoresca de Camagüey para enriquecer el encanto de las yagrumas en el mágico patio de Muralla.

 

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