Entrevista con Paloma Herrera

Tocar el cielo con las manos

R. D. Rojas • La Habana, Cuba

No quisiera, ni pudiera, hacer otra cosa. Solo sabe que a los siete años, cuando es muy difícil que un niño sepa lo que quiere hacer con su vida, le pidió a su madre que la pusiera en una escuela de danza. Al ver que se trataba de una especie de centro de improvisación, le dijo: “No, pero yo quiero con zapatillas”. Y a partir de ese día, Paloma Herrera —confiesa— no ha dejado de sentir una inmensa pasión por lo que hace.

Imagen: La Jiribilla

 

Jamás faltó a clases, ni se perdió un ensayo. Incluso pensó que, con el tiempo, luego de interpretar muchas veces los mismos papeles, se sentiría menos motivada. Pero eso no ha sucedido aún. Cuando a los 17 años obtuvo su visa norteamericana, se convirtió en la primera argentina a la que otorgaban esos documentos por ser una “extranjera de extraordinario talento”. Podría pensarse que lo suyo es llegar primero y mejor, pues justo dos años después, en 1995, sería la artista más joven en ser promovida a primera bailarina en el American Ballet Theatre, compañía donde se desempeña desde los quince años.

“Adoro Buenos Aires, pero Nueva York siempre fue el centro para lo que quería lograr y sabía que no podía desperdiciar ninguna oportunidad. El American Ballet fue siempre un sueño para mí. Y cuando por fin entré, fue como tocar el cielo con las manos”.

Por aquellas fechas, luego de ser aceptada en el curso más avanzado de la School of American Ballet (una de las tres academias de danza más prestigiosas del mundo), le ofrecieron, por su “extraordinario talento”, compartir en una clase con los bailarines de la compañía que hoy representa, sin saber que ese mismo día sería contratada. Sin tiempo para pedir autorización a los padres (ni siquiera pensarlo), aceptó la oferta. Y, “aunque en la distancia aquella decisión me pueda parecer muy inconsciente, sigo creyendo que ha sido la mejor de mi vida.

“Allí he tenido la oportunidad de bailar todos los clásicos: Coppelia, Don Quijote, Romeo y Julieta, La Bayadera, El Lago de los Cisnes, El Corsario, La Cenicienta, La Bella Durmiente, Giselle, La Doncella de las Nieves, El Cascanueces… todos. Además de trabajar con muchísimos coreógrafos increíbles”.

Entre los que no puede dejar de citar están Jiří Kylián, director artístico del Nederlands Dans Theatre; Nacho Duato, quien se convirtió en una figura relevante en el mundo del ballet en esa misma compañía con su primer trabajo coreográfico, Jardí tancat (Jardín cerrado) (1983); y George Balanchine, ya fallecido y uno de los fundadores del estilo neoclásico, por ejemplo. Los dos primeros, como si no alcanzaran los privilegios, han creado ballets especialmente para ella.

Adoro Buenos Aires, pero Nueva York siempre fue el centro para lo que quería lograr y sabía que no podía desperdiciar ninguna oportunidad. El American Ballet fue siempre un sueño para mí. Y cuando por fin entré, fue como tocar el cielo con las manos”.

Según cuenta, “la escuela argentina tiene mucho de la rusa, y también de la cubana. Pero también, como me fui a los quince años sola a Nueva York, aunque conservé esa base, hubo muchas diferencias a partir de ese momento. No solo por las diferencias en la enseñanza, sino porque cambió mi vida por completo: me fui de Argentina, me alejé de mi familia, dejé de ser estudiante para convertirme en profesional”.

Paloma Herrera no prefiere ningún ballet; su delirio no pondera ninguna de sus interpretaciones. Tiene 36 años, de ellos, 21 junto a la mundialmente aclamada compañía.

Tampoco le acompaña la modestia, no la necesita quien es, desde pequeña, grande. Sabe lo que quiere, y, por ahora, no pretende cimas más altas. El American Ballet y su director artístico, Kevin McKenzie, le han dado mucha libertad profesional. Ha podido seguir siendo bailarina principal, y al mismo tiempo presentarse con otras importantes compañías en el mundo, “porque saben que eso es muy importante para mi vida y para mi carrera, sobre todo cuando se trata de bailar en Argentina.

“Nunca he tenido que hacer sacrificios, en realidad he tenido mucha suerte. Entiendo que esta carrera sea un sacrificio para quienes han estudiado danza y no pueden entrar a una buena compañía, o no tienen el talento y les cuesta, y hacen audiciones y no les aceptan. Yo no puedo decir eso. Porque entré al American súper joven y allí me han dado un montón de oportunidades”.

Imagen: La Jiribilla
Paloma Herrera y José Manuel Carreño en Sinatra Suite

 

Paloma, que participa en el Festival de Ballet de La Habana desde 1996, se honra de haber compartido el escenario en reiteradas ocasiones con bailarines cubanos, tanto dentro como fuera de Cuba. Ciertamente, quienes hayan podido asistir a la Sinatra Suite, interpretada junto a José Carreño en la presente edición del Festival, comprenderán sus motivos. “Es siempre un placer”, concluye.

Para quien se ha presentado como estrella invitada en compañías como el Ballet Nacional de Cuba, el New York City Ballet, el Kirov Ballet, el Tokio Ballet, el Teatro Colón, el Ballet Nacional de México, y el New Amsterdam Ballet; ha sido votada entre los diez bailarines del siglo por la Dance Magazine; fue elegida Líder del Milenio por la revista Time; y ha ganado el Premio Konex de Platino a la Mejor Bailarina de la última década en 1999, el Premio María Ruanova (2000) y el Premio The Immigrant Achievement, en Nueva York (2001), probablemente esté todo dicho.

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