Artes Escénicas cubanas en 2012

Un entreciclos sobre las tablas

Marianela González • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

Cuando unos poquísimos días nos separaban del instante que algunos recibirían sobre esta o aquella azotea, donde el albor o la capota del fin del mundo fuese más perceptible, tres sabedores mayas estuvieron en Cuba. Hablaron de luz y de nawales del orden, de la dualidad de los ciclos del tiempo sobre la Tierra y de este en que ahora escribo y usted lee: el tercero, el segundo de claridad después de la sombra. No habíamos despedido aún a Fito ni a la Benning, ni Se Vende nos había hecho preguntarnos por la responsabilidad, el riesgo y hasta la lógica del arte y su consumo. Son estas páginas, ya sé, para hablar de 2012 sobre las tablas, y aunque —como aquí se alertaba hace apenas unos días— a la Cuba teatral le cueste seguirle el paso a la Cuba cotidiana, se impone hablar desde la luz.

A sus primeros 15 —edad prometedora, si cabe referirse a los grandes desde la “promesa”— llegaron este año dos: El Ciervo Encantado y Argos Teatro, ese “pequeño país” de Pancho García que le vio alzar, en la piel del padre Romaguera, el Premio Nacional de Teatro 2012. Desde sus pequeñas sedes —una más conectada que otra, pero igual de mínima—, los colectivos teatrales que conducen Nelda Castillo y Carlos Celdrán han definido, con los años y el talento, una imagen de nación urgente y provocadora, donde grandes nombres de las letras nacionales y foráneas emergen y dicen. Ya desde el texto dramático, ya desde la poesía. 

Imagen: La Jiribilla
Aire Frio

Quizá haya sido esa la voluntad, justamente, de la muestra cubana a la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, que cada dos años propone la Casa de las Américas. Enriquecida esta vez con la reciente apertura de dos sedes teatrales en la ciudad, el Complejo Cultural Raquel Revuelta y el Teatro Miramar, las puestas que nos representaron en la cita estuvieron concentradas en lo que dio en llamarse Ciclo Piñera: la primera acción masiva en homenaje al gran dramaturgo cubano en el año de su centenario. Así, al propio Argos Teatro, quien ya había estremecido la cartelera habanera con su Aire frío, se unieron Teatro de la Luna (La boda y Los siervos) y Teatro El Público (El trac y Un jesuita de la literatura). Lo decíamos entonces: como sellos de distinción, el riesgo de actores y actrices sobre la escena; la exposición física y el ejercicio del intelecto —trances que les acercaron, sin duda, a las puestas de Cubalandia, donde otra vez brilló Mariela Brito, dirigida por Nelda Castillo—. Durante el Mayo Teatral 2012, desbordó la escena la función número cien de Noche de Reyes —otra vez, una fiesta de El Público y su público frente al Trianón. Estuvieron también en la muestra Vital Teatro, Macubá y Morón Teatro.


Imagen: La Jiribilla
Cubalandia
 

De esta muestra, tres espectáculos cubanos merecerían luego el Premio Villanueva de la Crítica 2012, lauro que la crítica especializada confiere a las mejores puestas del año en la Isla: Aire frío, de Virgilio Piñera, bajo la dirección de Celdrán, y los unipersonales El trac, de Virgilio Piñera, a cargo de Alexis Díaz de Villegas, y Un jesuita de la literatura, interpretado por Osvaldo Doimeadiós —quien, a propósito, mereció el Premio Nacional del Humor 2012— con dirección de Carlos Díaz, a partir del cuento homónimo de Virgilio y con dramaturgia de Norge Espinosa y del propio actor. De ellas, las puestas de Teatro El Público regresaron a la escena cubana a solicitud expresa de Mayo Teatral.

Imagen: La Jiribilla
Osvaldo Doimeadiós, Premio Nacional del Humor 2012

 

Serían también merecedores del Premio Villanueva los espectáculos Narices, de Teatro Tuyo, y Show-Room, de DanzAbierta. Los críticos teatrales cubanos decidieron también otorgar un reconocimiento, por sus logros parciales, a El Portazo, de la Asociación Hermanos Saíz de Matanzas, por sus montajes de Antígona y Por gusto; y a los artistas plásticos Los Carpinteros, por el performance la Conga Irreversible, coreografía de Isaías Rojas, de la Compañía Banrrará, presentada este año en la Oncena Bienal de La Habana. La puesta Por gusto, a partir de un texto de Abel González Melo,  integró la muestra de teatro joven en la decimocuarta edición del Festival Nacional de Teatro de Camagüey: una apuesta por poner en escena los conflictos de una generación casi inexistente en la escena cubana de hoy.

Imagen: La Jiribilla
Show-Room, de DanzAbierta

 

La cita en Camagüey volvería a lanzar provocaciones y, también, a conciliar. Así se narraba, desde estas páginas: “La decisión de que la cita más importante del teatro nacional no sea competitiva no solo ha transformado la dinámica interna del encuentro, sino que ha instalado un diálogo más saludable entre escena, espectador y entre los propios teatristas. Lo que podría parecer para muchos un dato circunstancial, es, sin embargo, un gesto que ha cambiado la cualidad de esas interrelaciones”. Se percibió, también, desde la visión de los más jóvenes —el 80 porciento de los 29 espectáculos que se presentaron en el más importante evento teatral del país, estuvieron protagonizados por egresados del sistema de enseñanza artística en los últimos años—. Valga, por qué no, el dato. “La presencia de jóvenes artistas en el 14 Festival Nacional de Teatro es determinante, porque ellos logran una radiografía de la Cuba que somos, a partir de cómo repiensan la realidad que los circunda”, explicaba Freddy Núñez Estenós, director artístico del evento y, él mismo, un joven creador que ha conquistado un espacio en el panorama escénico de su ciudad.


Imagen: La Jiribilla
 

De la danza, un Premio Nacional para Isabel Bustos, coreógrafa, profesora y directora general de la Compañía de Danza Teatro Retazos. Por la cuerda de los grandes eventos —al menos, en lo que a afluencia de público y propuestas respecta—, vino a cerrar este año una nueva edición del Festival Internacional de Ballet de La Habana. Días después, la Prima ballerina assoluta Alicia Alonso recibió el Honoris Causa en Relaciones Internacionales que entrega el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

Imagen: La Jiribilla

 

Ya en diciembre, los teatristas cubanos se unieron nuevamente; esta vez, en un performance que incluyó un recorrido desde el teatro Trianón hasta el complejo cultural Bertolt Brecht, saludando el Día Mundial de los Derechos Humanos, bajo la premisa “El Teatro por los derechos de Cuba”.

Pero otros momentos, quizá menos favorecidos por la promoción, antes, durante y después de sus celebraciones, también vinieron a aportar al panorama teatral de este año un aliento mucho más singular, tal vez, que los propios grandes eventos. Suele pasar. Hablamos de dos nacimientos: el primer Festival del Monólogo Latinoamericano, organizado por el Teatro Tomás Terry, en Cienfuegos, y la primera Bacanal del Teatro de Títeres para Adultos.  La intensidad de la palabra y el gesto cuando nace del actor en soledad, como cuando se nos escapa un pensamiento frente al espejo, y la promesa de una vuelta más sistemática del teatro de figuras en diálogo con el público adulto, serían dos ganancias no ya de estas ediciones, en tanto primeras, pero sí, de lo que viene. Valga recordar que la Bacanal nos permitió, aun sin saberlo, despedir a Carucha como mejor se podría. 


Imagen: La Jiribilla
 

Este 2012, el adiós iría también para Armando Suárez del Villar, Premio Nacional de Teatro. Se despidió pensando en lo que había hecho y en lo que le quedaba por hacer. Sin duda, una inquietud que no termina con su desaparición física, porque el director escénico y profesor tiene mucho, muchísimo por hacer —como el propio Ramiro Guerra, quien ha celebrado este año sus 90. La memoria del teatro cubano transita por el desafío de huir de su fetichización, hacerse referencia diciente, incomodar, provocar y construir.

Cuando agoniza este 2012, que podemos recordar como el año en que Virgilio no fue memoria seca y habló desde espectáculos que le hicieron honra, se me ocurre que quizá le habrían gustado estos últimos días de diciembre: raros, expectantes. Se nos ha anunciado que mañana, a las siete y seis minutos de la tarde, nos convertiremos en una isla. Días teatrales, también. Un entreciclos que ha de estar sobre las tablas.

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato