Zenén Calero: La fastuosa humildad
del material pobre*

Norge Céspedes • La Habana, Cuba

Algunos me acusan de ser un diseñador que solo utiliza materiales sofisticados. Quienes lo dicen no conocen a fondo mi obra artística. Formé parte del Teatro Papalote, junto con René Fernández, luego me uní a Rubén Darío Salazar para fundar Teatro de Las Estaciones. Durante este tiempo he experimentado con diversos materiales en la escena, sin ninguna discriminación. He acudido a los más sofisticados, como dicen, pero en mí lo habitual es trabajar con los más comunes. El papel craft, algo tan sencillo, me fascina. He manejado las fibras más diversas, el yute, el henequén, la cañabrava, semillas, trozos de madera encontrados a la orilla del mar… e innumerables elementos que se pueden hallar en cualquier espacio de la vida cotidiana. Cuando yo salgo del país, en una gira, y siempre que me es posible, traigo algunos materiales, los que pueda; pero la gran mayoría se consiguen aquí.

Imagen: La Jiribilla

Recuerdo ahora El gran festín, de René. Fue la primera obra que hice con características folclóricas. A los muñecos les concebí unas trenzas de yute, y dentro de estas incorporé hilos de caprón, que resolví en la empresa Rayonera. Los trajes tenían bordados con semillas insertadas: de melón, de guanábana, y otras que conseguimos comprando collares artesanales. En el espectáculo La caja de los juguetes, ya con Teatro de Las Estaciones, confeccioné el pelo de los títeres con cordones de varios colores, de esos que hay ahora mismo en las tiendas de Matanzas.

Yo parto de una cuestión indudable: el arte no está en el material, sino en el artista. Si tiene carencias de recursos, el artista se crecerá. Con un rollo de lienzo se hacen infinidades de cosas. Puedes bordarlo, deshilarlo, mancharlo, pintarle o hacerle otros procesos que permitan incorporar nuevas texturas, nuevos valores. ¿Cuántos dibujos de Durero son a lápiz o con tinta y una simple cartulina? En muchos países donde existe un desarrollo económico enorme, y abundan los materiales para el diseño, he visto producciones lamentables. Tienen el material pero no al artista.

Imagen: La Jiribilla

Por supuesto, no podemos ser ingenuos. Si está el artista, y también estos recursos, se pueden hacer cosas interesantes. En Granada, España, hay un grupo que se llama Etcétera y uno se queda extasiado. Lo dirige y diseña Enrique Lanz, nieto de Hermenegildo Lanz, quien construía y diseñaba los muñecos de Lorca y Falla. Enrique utiliza los materiales sofisticados de manera creativa.

Sin embargo, uno de los detalles que más me llamó la atención en sus producciones, fue la combinación de esos materiales con los más pobres. En el espectáculo La serva padrona, una obra de Pergolessi, aparecían unos soberbios muñecos tallados en madera. Los actores se los colocaban en los hombros. Los vestuarios eran de un encaje exquisito combinado con el humilde yute. Logró un resultado sorprendentemente hermoso.

Imagen: La Jiribilla

Quizá mi obra despierta cierta sensación de fastuosidad. Pero eso no tiene que ver necesariamente con una dependencia mía de los materiales “sofisticados”. Pienso que se relaciona con mis conceptos de diseño y cómo los llevo a la práctica. Empleo elementos mayormente comunes, pero los trabajo y los dispongo de modo que provocan cierto deslumbramiento.

Imagen: La Jiribilla

Lo hago así porque parto de la premisa de que lo que está en la escena no puede estar en el público. Bajo ningún concepto concibo, por ejemplo, que una tela utilizada en un espectáculo sea igual a la de la ropa de algún espectador. Si diera la casualidad que coincidieran, la utilizada en mi diseño para la puesta en escena siempre se diferenciará porque yo la modifico, la “teatralizo”, la enriquezco con otros matices, y acaba siendo distinta aunque en el fondo sea la misma. Así ocurre con todo. Partiendo de elementos comunes de nuestro mundo hago un mundo nuevo. Como si fuera una especie de Dios. Otro Dios que crea su mundo. Distinto al nuestro, coherente en sí mismo, en su imagen, sus colores, sus formas y disposiciones generales. Lograr esa coherencia es una de las principales preocupaciones al hacer uso de los materiales. No importa si son sofisticados o pobres. Lo que se necesita es que funcionen, que no desentonen en ese mundo nuevo, imaginario, ficticio, al que tienen que sostener y hacer creíble, verosímil.


* Entrevista con Zenén Calero, reconocido diseñador de teatro de títeres, fundador de Teatro de Las Estaciones y director general del Centro Cultural Pelusín del Monte.

 

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