Hay que darlo todo

Ayer conversé largamente con Miguel de Escoto, Presidente pro témpore de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Antes lo había escuchado cuando habló en la reunión del ALBA en Cumaná, el 17 de abril.

Me admiró su importante pronunciamiento. Lo conocía desde que triunfó la Revolución en Nicaragua y Daniel Ortega lo designó Ministro de Relaciones Exteriores, cargo en que se mantuvo hasta que la guerra sucia de Reagan, los miles de jóvenes sandinistas que en ella murieron y el daño económico ocasionado, condujeron a la victoria de la contrarrevolución en Nicaragua.

El retroceso que ésta ocasionó a lo largo de 17 años y el desastre económico y social que la "democracia" de Estados Unidos impuso al noble pueblo de Nicaragua, llevaron de nuevo a los sandinistas al gobierno del país; esta vez con limitaciones constitucionales y gran dependencia de Estados Unidos. Daniel lo denunció el 17 de abril en la Cumbre de las Américas, en Puerto España, donde con tanta dignidad condenó el bloqueo a Cuba. Miguel de Escoto por